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Las consecuencias del 1-O
La primera imatge dels presos independentistes a Lledoners, distribuïda per Òmnium Cultural.

Tres años del 1-O: Ni aplicación del referéndum, ni solución para los políticos presos ni mesa|tabla de diálogo en marcha

La primera imagen de los presos independentistas en Lledoners, distribuida por Òmnium Cultural.

Òmnium Cultural

Tres años del 1-O: Ni aplicación del referéndum, ni solución para los políticos presos ni mesa de diálogo en marcha

El aniversario coincide con la inhabilitación de Torra y con nuevas elecciones a la vista

Actualizada 30/09/2020 a las 18:06

Tres años después del 1-O, Cataluña ha pasado por la aplicación del 155, una legislatura marcada por turbulencias internas y la sentencia que condena a los líderes independentistas a prisión. Y el aniversario justo llega después de la inhabilitación en firme del presidente Quim Torra por la polémica pancarta del Palau de la Generalitat en favor de los «presos polítics i exiliats». Desde hace tres años han cambiado a los protagonistas en el Palau de la Generalitat y a la Moncloa, pero el diálogo entre instituciones continúa atascado a pesar del intento de poner en marcha una mesa de diálogo que, de momento, sólo se ha reunido una vez. Todo en medio de una pandemia por el coronavirus.
 
Después de las elecciones del 21 de diciembre del 2017, la legislatura empezó con muchas dificultades teniendo en cuenta que se partía de la aplicación del 155 y la suspensión de la autonomía. Después de varios intentos fallidos, el Parlamento invistió a Quim Torra, que no formó gobierno hasta al cabo de unos meses. El 2 de junio del 2018 tomaban posesión los consellers del ejecutivo Torra-Aragonès después de intentar sin éxito nombrar como consejeros a los políticos en prisión y en el extranjero.

Una legislatura que ha tenido muchas turbulencias internas, el mismo Torra dijo el enero pasado que estaba agotada después de considerar que el presidente del Parlament, Roger Torrent, le había retirado el acta de diputado, en cumplimiento de la orden de la Junta Electoral Central (JEC). Todo por la polémica pancarta de la fachada de la Generalitat en favor de los «presos políticos y exiliados» que ha acabado inhabilitando Torra. Pero la llegada de la pandemia de la covid-19 ha hecho alcanzar la legislatura que se prolongará un año más desde que Torra la dio por agotada. Tampoco hubo una reacción conjunta y clara ante la sentencia del 1-O, que condenó por el delito de sedición a los líderes independentistas que impulsaron el referéndum.

Una sentencia que sí que provocó tres semanas consecutivas de protestas en la calle y disturbios principalmente en el centro de Barcelona. Unas protestas que arrancaron con la ocupación del aeropuerto del Prat, impulsado por Tsunami Democràtic, el mismo día que se hizo pública la sentencia del 1-O, el 14 de octubre de 2019.

Ahora se abre una etapa de interinaje de unos cuatro meses hasta la convocatoria automática de las elecciones, que tanto JxCat como ERC sitúan para el 7 de febrero. Justo esta semana los dos socios de Govern han acordado un pacto para convivir durante esta etapa que a ERC le hubiera gustado que fuera más corta. De hecho, los republicanos han reclamado durante meses a Torra la convocatoria de elecciones antes que el Tribunal Supremo (TS) hiciera firme la inhabilitación.

JxCat y ERC encaran las elecciones con estrategias divergentes. El partido de Carles Puigdemont presenta los próximos comicios como un plebiscito del 1-O. Así lo ha definido dl mismo Torra en el último discurso pronunciado desde el Palau de la Generalitat. Y desde JxCat avisan de que si el independentismo supera el 50%, el resultado será vinculante y habrá «consecuencias políticas».

Desde ERC también se marcan como objetivo superar este 50%, tal como prevén varias encuestas publicadas, pero desde las filas republicanas también alertan de que la independencia no se podrá hacer al día siguiente aunque, por primera vez en la historia, se sobrepase el hito del 50% de los votos. Oriol Junqueras y Marta Rovira han escrito a cuatro manos lo que ERC presenta como el manual a seguir en los próximos años. No descartan la vía unilateral pero se apuesta por «ser más y mejor preparados» aprendiz de las lecciones del 1-O. Los republicanos insisten en al vía del diálogo aunque la mesa que pactaron con el PSOE para investir al presidente Pedro Sánchez sigue sin coger impulso.

Tampoco ha habido de momento una solución del gobierno español para resolver la situación de prisión de los políticos independentistas condenados por sedición. Hasta hace pocos días no se ha anunciado la tramitación de una petición de indulto presentada por un abogado y el ejecutivo de Sánchez ha manifestado que quiere impulsar una reforma del código penal para modificar el delito de sedición y permitir así que los políticos independentistas puedan salir de prisión. Pero desde los partidos independentistas insisten en que la vía de una ley de amnistía es la única que solucionaría el conflicto ya que, según dicen, hay casi 3.000 represaliados.

A pesar de las divergencias estratégicas entre JxCat y ERC, los dos apuestan por rehacer confianzas dando por hecho que después de los comicios, si se repite una mayoría independentista en el Parlament, volverán a formar juntos un gobierno de coalición. Habrá que ver pero si se mantiene o cambia la actual correlación de fuerzas.

Con respecto a la CUP, se ha desmarcado del acuerdo entre JxCat y ERC para hacer frente a la inhabilitación de Torra y habrá que ver qué papel jugará después de las próximas elecciones. Hasta ahora no ha querido entrar en el Govern y los cuapires insisten en que para formar parte del ejecutivo, se tendrían que tener muy claros unos objetivos, que ahora no ven que estén. La CUP apuesta por la vía unilateral, la desobediencia y una movilización sostenida en la calle. Defienden «la amnistía, el ejercicio de la autodeterminación y las políticas valientes en defensa de la gente» como la única salida al conflicto. Y presentan las próximas elecciones como «una oportunidad para remontar».

Las consecuencias del 1-O también han llevado a una división del espacio de JxCat. Puigdemont ha liderado la nueva formación y no ha habido acuerdo para integrar el PDeCat. Destacados dirigentes del PDeCAT, entre ellos los políticos presos, han abandonado el partido para sumarse al proyecto del expresidente, menos Artur Mas, que ha decidido mantenerse en el Partit Demócrata. La estrategia a seguir para conseguir la independencia y la gestión del 1-O también ha hecho que el exdirigente del PDeCAT Marta Pascal funde un nuevo espacio por su cuenta, el Partit Nacionalista de Catalunya (PNC).
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