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Membres de l'agrupació, ballant una sardana en una trobada que va tenir lloc a Dinamarca.

Una sardana con cerca de 600 bailadores rodeará la Catedral el 23-J

Miembros de la Agrupación Sardanista Tarragona Dansa, bailando una sardana en un encuentro que tuvo lugar en Dinamarca.

ASTD

El mundo sardanista ve «complicado» volver a bailar antes de agosto

Las coblas apuestan por actuar en espacios cerrados

Actualizada 25/05/2020 a las 08:49

La actividad sardanista ha quedado totalmente interrumpida por la crisis de la covid-19, y su regreso no se prevé rápido ni homogéneo. Por el camino quedan más de 900 actos suspendidos y el campeonato nacional de grupos, descartado hasta el año 2021, como detalla al ACN el presidente en funciones de la Confederación Sardanista de Cataluña, Xavier Tresserras. Y serán más, porque su calendario dice que ni en la fase 1 ni –probablemente- en la 2 se permitirá mucho más que audiciones de cobla, con público sentado y sin bailar. Varios grupos volverán a partir de la segunda quincena de agosto: «Posiblemente sea el inicio», aventura. Mientras tanto, preocupa la situación de los músicos, profesionales que hasta 30 de junio habrán dejado de facturar 880.000 euros.
 
Torneos locales anulados, el campeonato nacional de grupos suspendido hasta el próximo año, encuentros y bailes aplazados, y conciertos de cobla suspendidos. En qué momento concreto se podrán volver a reunir los grupos (una cincuentena en Cataluña) y el público aficionado en torno a un corro para bailar una sardana es una incertidumbre, pero sí parece claro que no será ni en junio, ni en julio. Xavier Tresserras apunta a la segunda quincena de agosto como un principio de «inicio» de la actividad, porque es el momento a partir del cual varios encuentros sardanistas (encuentro popular de una jornada) han empezado a reprogramar las ediciones suspendidas durante el estado de alarma.

«Intentaremos que sea antes», dice Tresserras, pero ve «complicado» que se pueda volver a plaza antes del final de la desescalada e incluso más allá (julio), por el componente de contacto físico que implica la sardana. En todo caso, como entidad están atentos y a la espera de las indicaciones de las autoridades sanitarias y, en Cataluña, de lo que disponga el Procicat.

El presidente de la Confederación Sardanista de Cataluña confía, en cambio, que a falta del baile (encuentros, concursos, y otras expresiones) sí que puedan estar «al menos» las 'audiciones' –conciertos de cobla-, «para que la gente no pierda la costumbre, cuando menos, de escuchar sardanas». En este sentido, apunta que su plan de desconfinamiento, enviado esta semana al Procicat, ya preveía alguna actividad a la fase 1. En concreto, estas audiciones no bailadas, al exterior, con sillas separadas a dos metros y con un público acotado. En cuanto a la fase 2, el único cambio que avista es que este aforo se incremente, pero no encuentros ni, todavía menos, concursos: «Si se deja que los bailadores se toquen, que puedan ensayar, en la fase 2, cuando menos estarán a punto para el mes de septiembre», aprovecha para reclamar.

La cobla va a otro ritmo
Como la sardana, el sonido de la cobla no se escucha en Cataluña desde el 13 de marzo, y a pesar del deseo de Tresserras, los conjuntos no creen probable que se vuelva a oír antes de finales de junio. La Federación de Coblas de Cataluña voz difícil que a la fase 1 y 2 se reprogramen actividades al aire libre que ya han sido aplazadas para después del verano. «Sobre la actuación a plaza, no es que seamos pesimistas, pero hasta una fase 3, o más, será complicado», manifiesta a su presidente, Jordi Curós, en el ACN. «Lo que estaba programado –para el verano- está en un 99% reprogramado para después», constata en este sentido.

Para reanudar la actividad, mientras tanto, lo que muchas coblas se están planteando son actuaciones en espacios cerrados. Sería la vía, dice Cuidadoso, para garantizar control de aforo y medidas de distanciamiento físico que ahora se piden. «Será más fácil», afirma. Ya están recibiendo propuestas de algunas de las 50 coblas que representan, para mirar que estos conciertos en centros cívicos, teatros o salas polivalentes sean no sólo factibles sino también «atractivos» para un público no exclusivamente sardanista. Se trata de aprovechar la ocasión para ofrecer «una nueva visión» del conjunto de cobla, con repertorio que habitualmente no se toca, sugiere al músico de la Cobla del Baix Llobregat. Los conjuntos también plantearán poder aprovechar la poca actividad pública para hacer grabaciones discográficas que habitualmente no tienen tiempo de hacer.

Afectación económica
Con todo, queda claro que se reanudará antes la actividad musical de los conjuntos de cobla que la de su compañero de viaje habitual, la sardana. Desde el punto de vista económico, también lo necesitan más. Y es que a diferencia de los grupos sardanistas, los músicos de las coblas son profesionales que viven –parcial o totalmente- de esta actividad.

De hecho, los cálculos de Curós indican que desde el inicio de la pandemia y hasta el 30 de junio, las coblas habrán dejado de facturar unos 880.000 euros (a razón de 800 actuaciones suspendidas pagadas, por término medio, a 1.100 euros). Al menos, puntualiza Cuidadoso, sólo un 10% de los músicos de este conjuntos viven esencialmente de los «bolos» de su cobla. La mayoría compatibiliza esta actividad con la docencia, con otros conjuntos musicales o con actividades de otro tipo.

«Su situación es delicada», dice respecto de este porcentaje más afectado por el paro. Sobre todo porque la suya es una actividad poco regulada que hace difícil justificar con contratos los conciertos cancelados, y porque las coblas son entidades sin ánimo de lucro, cosa que también dificulta «rescatar algún tipo de ayuda». «Compañeros que van al SEPE (el servicio público de empleo estatal) ven que las condiciones que se piden no las cumplimos», describe.

La cara positiva, a pesar de todo, es que esta situación excepcional pueda servir para concienciar sobre la precariedad profesional de las coblas, «y aprovecharlo para cambiar cosas», pide Cuidadoso. Por ejemplo, hace tiempo que los conjuntos insisten que se reconozca un formato estándar de sus actuaciones, dicho en argot musical, un rider técnico. Ahora, debido a las medidas de distanciamiento, esta formalidad (que incluye la disposición de los músicos en el escenario, el espacio necesario entre los 11/12 componentes, la distancia respecto del público, etc.) ya no sólo es deseable desde el punto de vista profesional, si no que además coincide con las prevenciones sanitarias que impone el momento. Cuidadoso confía en que esta formalidad haya llegado para quedarse.
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