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Cataluña lidera un proyecto europeo para combatir y prevenir grandes incendios forestales

Experts han visitado este jueves dos zonas quemadas en los últimos años: Òdena y Santa Coloma de Queralt

Actualizada 20/01/2022 a las 13:14

El Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Cataluña (CTFC) coordina un estudio financiando por la Unión Europea que tiene como objetivo encontrar herramientas para prevenir y extinguir grandes incendios forestales, conocidos como fuegos de sexta generación. El proyecto FIRE-RES cuenta con un presupuesto de 20 MEUR y participan 35 instituciones europeas y otras partes del mundo. El director del CTFC, Antoni Trasobares, ha relatado que el proyecto quiere marcar una nueva línea de gestión y prevención de este tipo de incendios, que están fuera de la capacidad de extinción en un contexto de cambio climático. Diferentes expertos han visitado este jueves dos zonas quemadas en los últimos años: Òdena y Santa Coloma de Queralt.

Una docena de países están implicados en el macroproyecto FIRE-RES, que coordina el Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Cataluña (CTFC), con sede en Solsona. Según ha detallado a ACN el director del centro, Antoni Trasobares, se trata «del mayor proyecto que hasta ahora ha financiado la Comisión Europea» y ha apuntado que el gran reto es buscar soluciones eficaces «a un tema que ya tenemos sobre la mesa como son los incendios forestales de sexta generación, que están fuera del alcance de los medios de extinción».

Trasobares indica que el gran reto es conseguir un «encaje territorial, ambiental, social y económico para tener unos paisajes mosaico y minimizar la probabilidad de que se generen estos grandes incendios». En este sentido, ha apuntado que, de acuerdo con los objetivos europeos, «es importante generar una economía relacionada con el territorio y que no deje a nadie atrás. Necesitamos equilibrar el país y, por eso, tenemos que trabajar con este objetivo de hacer paisajes resistentes y resilientes, no sólo ante los incendios, sino ante el cambio climático en general».

Sobre la aplicación del proyecto FIRE-RES, el director del CTFC ha explicado que la iniciativa se desarrollará en los próximos cuatro o cinco años, pero que el objetivo es «implementar cambios relevantes en el horizonte del 2030». En este sentido, ha detallado que el proyecto tiene que definir acciones de innovación, ya sean mejoras tecnológicas sobre la información en tiempo real de los incendios, innovaciones en el diseño de los paisajes, así como también la elaboración de estudios sobre el desarrollo de los bosques.

Por su parte, Edgar Nebot, subinspector del cuerpo de Bombers, ha puesto de manifiesto que, desde hace unos años, los equipos de emergencias de todo el mundo han constatado que hay un nuevo tipo de incendio –el de sexta generación- «muy marcado por la nueva situación de cambio climático». Estos fuegos, relata, «queman con mucha más intensidad y velocidad» y «emiten una energía que genera interacciones con las capas altas de la atmósfera». Eso provoca lo que se denominan «tormentas de fuego o desplome de columnas de humo que afectan a la seguridad de los Bombers y, por lo tanto, tenemos que reaprender y volver a plantear nuevas formas de trabajar», asegura Nebot.

Por eso, la participación de los Bombers en el proyecto FIRE-RES es clave para «buscar soluciones e intentar evitar colapsar en este tipo de escenarios a nivel europeo». Según Nebot, es muy importante que los cuerpos de emergencias de toda Europa y del mundo compartan experiencias y conocimientos para «poder dar respuesta a los nuevos escenarios». «No es una cuestión de tener más helicópteros y camiones para apagar las llamas, sino que es un tema de entender el cambio de paradigma y que la gestión de un incendio implica muchas cosas», ha apuntado el subinspector de los Bombers.

En más, desde el cuerpo de Bombers indican que estos grandes incendios no hace falta que afecten grandes extensiones de terreno, ya que se ha constatado que el proceso de interacción entre la atmósfera y la generación de los pirocumulonimbus –chimeneas de humo que precipitan los incendios- «pueden aparecer también en fuegos pequeños y no sólo en grandes incendios como los de Canadá o Chile». Por eso, dice, «tenemos que ser conscientes de que ya tenemos este escenario sobre la mesa». De hecho, el incendio de la Conca de Barberà y Anoia del verano pasado ya se considera de sexta generación.

En el marco del arranque del proyecto FIRE-RES, varios expertos de las 35 instituciones que participan en la iniciativa están haciendo estancia en Solsona para compartir experiencias. En concreto, este jueves los participantes han visitado dos zonas quemadas en los últimos tiempos en Cataluña: el incendio de Òdena, que en el 2015 arrasó más de 1.000 hectáreas; y el de la Conca de Barberà y Anoia, que el verano del 2021 quemó más de 1.500 hectáreas.

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