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Imatge de dos interns jugant al ping-pong al pati del Complex Assistencial en Salut Mental Benito Menni de Sant Boi de Llobregat

Los profesionales de la salud mental reclaman más recursos para tratar jóvenes y adolescentes

Imagen de dos internos jugando al ping-pong al patio del Complejo Asistencial en Salud Mental Benito Menni de Sant Boi de Llobregat

Los profesionales de la salud mental reclaman más recursos para tratar jóvenes y adolescentes

Cataluña cuenta con un único centro público para subagudos que está desbordado por la demanda

Actualizada 17/10/2021 a las 18:49

El Complejo Asistencial en Salud Mental Benito Menni de Sant Boi de Llobregat cuenta con la única unidad de crisis de adolescentes y subagudos pública de Cataluña. Dispone de 50 plazas -25 de agudos y 25 subagudos- para tratar las situaciones más graves en salud mental en jóvenes de entre 12 y 18 años. Maria José Muñoz, psicóloga clínica en el centro, explica que, aparte de la estabilización clínica de los pacientes, su objetivo es «estimularlos en un proyecto de vida» para facilitarles la reinserción a la sociedad. Y está aquí, lamenta, dónde encuentran las máximas dificultades por la falta de recursos. «Los problemas empiezan cuando los damos de alta porque el trabajo que hacemos, en muchos casos, no tiene continuidad a la comunidad», añade.
 
En declaraciones a la ACN, María Martín, psiquiatra y coordinadora de la unidad de adolescentes del complejo Benito Menni, explica que el centro empezó a tratar jóvenes en 1994 con el objetivo de ofrecerles «tratamientos específicos» cuándo los administrados en hospitales generalistas habían fracasado. Fue en el 2003 cuando se crearon las dos unidades actuales, la de agudos, donde los jóvenes se pueden quedar un mes, y la de subagudos, donde los pacientes con patologías más graves se pueden estar un máximo de 75 días.


Casi 10 años después, la unidad de subagudos del complejo Benito Menni es la única pública que hay tanto en Cataluña como el estado español. Eso hace que trabajen con lista de espera y que no puedan dar respuesta correctamente a toda la demanda. «Muchos jóvenes se tienen que esperar en un box de urgencias hasta que pueden ingresar, lo que hace que se perpetúen muchos síntomas y que la recuperación sea más difícil,» lamenta Maria José Muñoz.

Muñoz señala que el objetivo del centro es, en primer lugar, estabilizar clínicamente a los pacientes y, a partir de aquí, hacer con ellos un trabajo terapéutico para estimular sus capacidades para «reconducir a la comunidad. Un trabajo multidisciplinar que implica los profesionales médicos, los educativos y los servicios sociales, entre otros. Un trabajo en cadena, añade, que cuando alguna de sus piezas falla «lo complica todo mucho».

Tanto Muñoz como Martín, aunque ven necesario abrir nuevos centros de subagudos, creen que la clave para mejorar la atención a los adolescentes pasa más por dotar de recursos el sistema comunitario. Aquí, lamentan que muchas veces ven cómo el trabajo hecho en el centro no tiene continuidad en el exterior porque los jóvenes, en caso de no tener recursos sus familias, ven parado su progreso y muchas veces vuelven a reproducir la enfermedad. «Los recursos son necesarios para detectar antes los trastornos y para tratarlos de forma eficaz antes de que empeoren y se cronifiquen», apunta a Martín.

Martín explica que en el centro atienden principalmente pacientes psicóticos graves, con esquizofrenias y trastornos bipolares, por ejemplo, y con trastornos afectivos como depresiones o crisis de ansiedad. Además, la gran mayoría presentan muchos factores asociados como consumo de drogas y alcohol o episodios de maltrato o abandono. En este sentido, la responsable del centro recuerda que un paciente con una familia estructurada y un entorno social positivo responderá mucho mejor al mismo tratamiento que un joven con un escenario vital totalmente diferente, como la mayoría que atienden, que los puede llevar a una depresión severa e incluso a conductas suicidas.

Apuntan también que la falta de recursos para atender a los adolescentes se está haciendo más evidente cerca la crisis económica del 2008 y la pandemia del coronavrus. En este sentido, Martín asegura que la falta de recursos ha «desestabilizado» e incrementado la ansiedad en muchas familias, lo que repercute directamente en la salud mental de los adolescentes. «Las patologías son las mismas, pero estamos viendo cómo cambia su representación con muchas autolesiones e intentos de suicidio», señala.

También han detectado muchas patologías asociadas a los avances tecnológicos, que derivan en adicciones en videojuegos, móviles o redes sociales.
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