Diari Més
Gentzane Carbajo Areitiobiritxinaga

Doctora en Psicología y miembro Junta de la Delegación de Tarragona del COPC

Salud

«Hay que pasar a la acción: si no sales por miedo al contagio, te confinas tú y el miedo»

Profesionales de la psicología alertan de la aparición del Síndrome de la cabaña, asociada al miedo a salir del desconfinamiento

Gentzane Carbajo  és psicòloga del Centre MQ.

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-¿Qué es el Síndrome de la cabaña?

—Es el término que se ha utilizado para hablar de la temor que pueden sentir algunas personas a salir del desconfinamiento que ha provocado la pandemia de la COVID-19, pero que también se ha podido observar en algunas personas después de una hospitalización prolongada o las que han vivido confinadas por diferentes motivos.

—¿Qué sensaciones experimentan las personas que sufren este trastorno?

—Primero de todo, es fácil pensar que es un trastorno, no podemos negar que la gente que tiene estos síntomas sufre emocionalmente y la desazón no los deja disfrutar. Pero no es ni trastorno ni una enfermedad: un síndrome se refiere a un conjunto de síntomas que pueden ser emocionales (en este caso la emoción es el miedo), cognitivos (tener el pensamiento catastrofista, anticipante que pasarán situaciones peligrosas, de riesgo, de posibles contagios o dificultades diversas) y síntomas conductuales, que los llevarían a tener comportamientos evitatius (evitar salir de casa, evitar encontrarse con conocidos o, directamente, de huida).

—¿Qué personas son más susceptibles de sufrir este problema?

—De momento, este tipo de síntomas están afectando más en la población de personas mayores, pero nos llegan también reacciones parecidas en niños y niñas, con miedos al contagio y a salir de casa. En los adolescentes menores de 14 años también hemos observado que algunos no quieren salir, pero en este caso no es por miedo, sino porque no pueden encontrarse con amigos y tienen que ir acompañados de un adulto, hecho que, obviamente, no los hace muy contentos.

—¿Hay una parte racional, en el miedo a salir de casa?

—En general, los miedos no son muy racionales. Cuando una persona siente miedo, le es difícil racionalizar esta emoción, que es muy primaria. Ahora bien, en esta situación concreta, podemos entender el miedo a salir de casa, entendemos el padecimiento y tenemos que ayudar a estas personas para que puedan desconfinarse sin miedo. En el virus se le tiene que respetar, pero no es saludable tenerle tanto miedo como para sacrificar una parte de la libertad que aporta el desconfinamiento. El esfuerzo de racionalidad podría ser pensar: si no salgo nunca, estaré sano y salvo, y me aseguro de que no me pasará nada. Pero eso no es así, nos pueden pasar muchas cosas cerrados en casa. Es el círculo vicioso del miedo: para evitar sentir miedo, evito la situación que creo que me la provoca, con lo cual cada vez me siento más miedoso e incompetente para salir y desconfinarme.

—¿Qué pautas recomienda para las personas que sufren este síndrome?

—Aceptar que es normal sentir esta angustia, malestar o miedo, pero con la actitud de ir poniendo a prueba pequeños cambios importantes. La situación puede preocupar y hacernos sentir miedo, pero tenemos que intentar evitar que eso nos desequilibre. El equilibrio emocional se encuentra por diferentes caminos. Uno, es la acción: si te quedas cerrado en casa, te confinas tú y el miedo. El miedo enfrentado es más fácil de controlar. De hecho, sentir miedo y hacer, es de valientes. Otro paso sería escoger un rato de tiempo corto para salir de casa y dar un pequeño paseo en un horario de poca afluencia de gente, y siempre recordando las medidas de protección. Se pueden ir haciendo pequeñas salidas diarias, de poco tiempo y recorrido, hasta llegar a un trayecto más largo y durante más tiempo. Una buena idea sería hacerlo acompañados de una persona que nos genere tranquilidad y seguridad.

—¿Cómo lo pueden gestionar las personas que, a pesar de todo, tienen que salir de casa por obligación, porque ya les hacen ir a trabajar?

—Las personas que han seguido trabajando de manera presencial tienen más asumido el nuevo comportamiento que exige el riesgo de contagio. Por su parte, las que han estado haciendo trabajo telemático o han sufrido un ERTE, cuando retornen a su entorno de trabajo lo encontrarán adaptado a la nueva situación. Es necesario aceptar que adaptarnos requiere un tiempo, y los cambios y los EPI se tienen que percibir como una ayuda, no como un impedimento. Desde la delegación de Tarragona del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña (COPC) hemos ofrecido unas pautas psicológicas para el entorno laboral que enfatizan mucho en la Psicohigiene: relativizar conflictos, respetar el tiempo de descanso, sentido del humor, etc.

—¿Las personas que ahora han sufrido esta sensación puede ser que la vuelvan a experimentar más veces a lo largo de su vida, a pesar de no estar confinadas?

—Si lo han experimentado pero lo han podido controlar, es probable que en la siguiente vivencia sea más suave, porque percibirán su capacidad para gestionarlo. Este es un gran aprendizaje. Si les ha costado más, probablemente será más fácil que aparezcan el miedo y el cansancio para volver al mismo punto, pero con el asesoramiento de los profesionales de la Psicología, se pueden establecer pautas para llegar a una mejora del estado de ánimo.

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