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Juicio 1-O
Gent amb les mans en alt davant dels antiavalots de la Guàrdia Civil a la Ràpita, l'1 d'octubre de 2017.

referéndum, Sant Carles de la Ràpita, 1-O

Gent amb les mans en alt davant dels antiavalots de la Guàrdia Civil a la Ràpita, l'1 d'octubre de 2017.

Dos guardias civiles aseguran que estuvieron cinco meses de baja por una fractura en un dedo el 1-O

Un cabo asegura que los concentrados lanzaron «piedras» a vehículos de la Benemérita en Sant Carles de la Ràpita

Actualizada 09/04/2019 a las 12:37

Dos guardias civiles han asegurado que estuvieron cinco meses de baja por lesiones en el dedo de una mano durante sus actuaciones del 1-O, uno en Vilabella (Alt Camp) y el otro en Mont-roig del Camp (Baix Camp). El juicio del 1-O se ha reanudado este martes con más declaraciones de testigos de miembros de la Benemérita que participaron en los dispositivos de la jornada del 1-O en diferentes municipales catalanes. Un cabo que participó en la actuación en el pabellón de Sant Carles de la Ràpita ha relatado que un grupo de concentrados lanzaron «piedras» a vehículos de la Guardia Civil cuando la comitiva ya se marchaba de la zona, y que sufrió una «pequeña herida» por el lanzamiento de una moneda que le dio «cerca del ojo derecho».

Un agente (TIP J03473D) ha explicado que un concentrado le fracturó un dedo en una actuación en Vilabella (Alt Camp), motivo por el cual estuvo «cinco meses de baja». El guardia civil ha dicho que se encontraron fuera del colegio entre 150 y 200 personas, que «ocupaban totalmente el ancho de la calle que daba acceso al centro», con los brazos «fuertemente entrelazados». El agente ha explicado que un concentrado le cogió un dedo y que sintió una «contorsión». «Sentí una fuerte molestia que derivó en dolor según pasaba la jornada», ha asegurado.

El agente ha explicado que hacia las ocho de la noche fue a una clínia de Tarragona, donde le diagnosticaron una fractura en el dedo de la mano, motivo por el cual estuvo «cinco meses de baja». Según él, el concentrado tenía intención de hacerle daño, aunque el presidente del tribunal, Manuel Marchena, ha pedido al fiscal que no hiciera preguntas sobre la intención que tenía el manifestante.

El guardia civil ha relatado una «resistencia pertinaz» de los concentrados en Vilabella, con «patadas, escupitajos, empujones», aunque ha explicado que posteriormente no hubo «ningún incidente» en la salida de la comitiva. Además, ha defendido que la Guardia Civil actuó «con proporcionalidad» y haciendo uso de la «mínima fuerza imprescindible».

Esprays en Mont-roig del Camp
Otro agente de la Guardia Civil (TIP I57753N) también ha explicado una lesión en un dedo de la mano derecha por una patada de un votante mientras aguantaba la valla del Institut Ballester para que sus compañeros lo abrieran. «Tuve que ser intervenido quirúrgicamente», ha dicho, y ha relatado que «perdió la movilidad del dedo» lo cual lo hizo estar 152 días de baja, es decir, unos 5 meses.

El miembro del instituto armado ha explicado que los concentrados en Mont-roig del Camp intentaron impedir con «patadas» que los agentes de la Guardia Civil abrieran la valla para acceder al punto de votación. El agente ha explicado que respondieron con golpes de porra «a la parte baja del cuerpo» de los votantes y sin embargo «seguían dando patadas». También ha admitido que utilizaron un «espray de defensa personal de la Guardia Civil» contra los votantes, que hizo posible dispersar los concentrados y abrir la puerta con una cizalla.

La actitud de los votantes concentrados en la primera fila, justo detrás de la valla, contrasta con el resto que «estaban con las manos levantadas» y decían «somos gente de paz' y 'votaremos'. Más atrás, también recuerda «gente de más edad» de más de cincuenta años que «estaban cantando». Sin embargo, el agente ha dicho que los increparon «desde que llegamos hasta que nos marchamos».

Otro guardia civil (TIP L57753N) que participó en un dispositivo en Mont-roig del Camp que los agentes que actuaron allí tiraron un espray a los concentrados en un colegio de este municipio. Según el guardia civil, el objetivo del lanzamiento del espray es «evitar males mayores» y tiene una motivación «más disuasiva que otra cosa». «Los efectos son sobre todo picor en los ojos, tos y, en algunos casos muy severos, puede provocar vómitos, que no es lo habitual», ha dicho, «lo más normal es picor en los ojos». Además, ha defendido que este espray es una dotación «unipersonal» que tiene cada agente y cada uno decide qué «uso reglamentario» hace.

El miembro de la Benemérita ha explicado que los concentrados tenían una actitud «hostil y provocativa», con «insultos» y consignas como 'Fuera de aquí, No pasarán' y 'Fascistas', «impedían» el acceso al colegio. «Daban patadas y movían la valla», ha asegurado. Aunque ha dicho que en el momento de la entrada en el colegio hubo un «pequeño tumulto» con «golpes a discreción», ha añadido que los que estaban dentro tuvieron una «pasiva».

También ha explicado que sufrió una lesión en la muñeca en el momento que uno de los concentrados intentaron «sacarle» la porra. «Me quedó la mano atrapada en la valla y la muñeca hizo palanca entre el barrote y mi defensa», ha dicho. El agente «recuperó» la porra, pero ha explicado que fue a una gasolinera a comprar hielo|gel y que un médico le diagnosticó un esguince en la muñeca que lo hizo estar «entre 2 y 3 meses de baja».

El agente ha explicado que los concentrados tenían «comportamiento enfurecido» en el momento que ya se marchaban del lugar, aunque ha admitido que entonces no hubo veces, sino «increpaciones verbales», haciéndoles «acoso a una distancia mínima de medio metro». Sin embargo, ha respondido al ministerio fiscal que en aquel momento no tuvo la sensación que los concentrados los echaran. «No tuve esta sensación, yo personalmente me sentía bastante orgulloso de haber cumplido con mis compañeros las órdenes que nos habían dado», ha dicho.

Otro guardia civil que también actuó en Mont-roig del Camp también ha admitido el uso de «el espray de defensa personal», que también ha remarcado que es una «dotación» que tiene la Guardia Civil, y que sirvió para poder «acceder» al centro.

El agente ha relatado que había entre 250 y 300 personas, que les gritaban «insultos», y que les dieron «patadas» cuando quisieron acceder al centro. En este momento, ha explicado que se hizo uso de las porras dando «puntadas en movimiento horizontal a la altura de las caderas y la parte baja del cuerpo».

«Lanzamiento de piedras» en Sant Carles de la Ràpita
Un cabo de la Guardia Civil (TIP B98467N) que actuó el 1-O en el pabellón de Sant Carles de la Ràpita (Montsià) ha explicado que vio «lanzamiento de piedras» en vehículos de la Guardia Civil cuándo ya se marchaban del lugar con las urnas requisadas. Ha explicado que en el pabellón había entre 300 y 400 persona fuera del local y el mismo número dentro, y que los«insultaron» cuando va n llegar impidiéndoles la entrada en el local.

El guardia civil, que ha explicado que su tarea era la de custodiar los vehículos policiales, ha relatado que la «masa» fue hacia los vehículos cuando la comitiva judicial ya salía «con las urnas», y que en aquel momento recibió el impacto «de una moneda en el ojo». «Me hizo una pequeña herida y se me hinchó», ha dicho, motivo por el cual fue asistido médicamente. También ha asegurado que en aquel momento vio cómo los concentrados «tiraban botellas de plástico».

En el momento de la salida con una veintena de vehículos, el cabo ha explicado que la comitiva de vehículos «se cortó en dos partes» y que, los que iban a la cola, recibieron «lanzamiento de bastantes piedras». «Estábamos parados y veía cómo les llovía piedras a los compañeros», ha asegurado, por parte de entre 30 y 40 personas que «vinieron corriendo». El guardia civil ha asegurado que consiguieron las piedras de una rotonda y que algunas de ellas «no cabían en una mano». Según su relato, rompieron «dos cristales de un todoterreno de la parte de atrás» de la comitiva.

A preguntas del abogado defensor Andreu van den Eynde, ha dicho que no ha visto ninguna grabación sobre el lanzamiento de piedras, aunque ha remarcado que lo vio «en directo». El guardia civil ha dicho en respuestas a Marina Roig que vio como los agentes hacían uso de las porras en Sant Carles de la Ràpita, de donde se llevaron urnas. En cambio, ha añadido que no «vio» si también fue así a Roquetes y Móra d'Ebre, donde también actuó.

Otros agentes que han testificado como testigos han explicado actuaciones en Garrigàs (Alt Empordà), Esponellà (Pla de l'Estany) o Vila-seca (Tarragonès). Uno de los agentes que participó en Garrigàs (HARTÓN K12407I) ha explicado que cuando llegó se encontró una situación «bastante descontrolada» y que en el momento de establecer un cordón hubo «empujones» y «insultos» de los que estaban en «primera línea». A preguntas de Vox, ha admitido haber sentido como los concentrados que estaban más atrás decían a los que estaban en primera línea que no pegaran a los agentes. El guardia civil ha explicado que sufrió un golpe en la tibia, que fue asistido médicamente que no era una lesión «muy grave».

Otro agente que también participó en el dispositivo de Garrigàs ha asegurado que sufrió por su «integridad física» y que tenía un sentimiento de «miedo». Además, ha añadido que cuando llegaron había una patrulla de los Mossos, pero que no los dieron ninguna información y, respuestas a la defensa de Forn, ha dicho que no pidieron apoyo a los agentes de la policía catalana porque no les correspondía a ellos hacerlo.

Con respecto a Esponellà, un agente ha declarado que la actitud de los concentrados «no era dialogante» y ha explicado que en un «tumulto» a un agente le«volaron» las ojeas graduadas. También ha dicho que no recibieron ningún «apoyo directo» de dos mossos d'esquadra que estaban en la zona.
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