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La zona humida dels Muntanyans, a Torredembarra.

La naturaleza como solución para reducir la escasez de agua y el cambio climático

La zona humida dels Muntanyans, a Torredembarra.

PT Costa Daurada - Joan Capdevila

La naturaleza como solución para reducir la escasez de agua y el cambio climático

El Día Mundial del Agua, que se celebra hoy, pone el foco en las opciones que ofrece la naturaleza para garantizar los recursos hídricos

Actualizada 22/03/2018 a las 11:47

Sequías largas, lluvias intensas, o inundaciones. Son diversos los fenómenos meteorológicos adversos y extremos relacionados con el agua que a menudo aparecen a los medios de comunicación. A veces, son noticias de lugares remotos y otros, sin embargo, nos tocan muy de cerca. Y es que el cambio climático y la actividad humana está pasando factura al ciclo del agua. Con el objetivo de generar conciencia sobre este hecho y de presentar soluciones que pueden garantizar un acceso más equitativo al agua, la Organización de las Naciones Unidas ha decidido dedicar el Día Mundial del Agua 2018, que se celebra hoy por todo el mundo, a aquellas soluciones que nos aporta la naturaleza y que pueden ayudar a disponer de más agua y a no malgastar la que tenemos.

Bajo el lema Nature for Water, el Día Mundial del Agua quiere consciènciar sobre los recursos sostenibles que ofrece la naturaleza que pueden ayudar a solucionar los retos en materia de agua que la humanidad afronta en un futuro próximo. Y es que en un mundo cada vez más superpoblado —se estima que en el 2050 la población mundial habrá crecido en dos billones de personas—, el estrés hídrico será todavía más acusado.

Las cifras
UN Water, la delegación de la ONU que se encarga de las cuestiones relacionadas con el agua y que organiza el Día Mundial, alerta que la demanda global de agua habrá aumentado un 30% respecto del actual, a causa del aumento de la población. Ahora bien, el mal uso de este bien tan preciado y tan escaso junto con el cambio climático está haciendo que las reservas de agua de las cuales dispone la Tierra sean cada vez más reducidas y que, si no se prèn la iniciativa ahora, la situación de aquí 20 o 30 años sea totalmente insostenible.

Hay que tener en cuenta que actualmente 1,9 billones de personas viven en zonas severamente afectadas por la escasez de agua y esta cifra podría aumentar hasta los 3 billones de personas en el 2050. Además, se tiene que sumar el hecho de que 1,8 billones de personas tienen acceso a un agua para beber que no ha sido tratada y que se ha contaminado con agua residual. De hecho, el 80% del agua que devuelve al medio ambiente lo hace sin haber sido tratada previamente.

En todo eso, se le tiene que sumar los efectos que tiene la actividad humana en la naturaleza y que causan un perjuicio enorme en las reservas de agua. UN Water estima que entre el 64 y el 71% de las áreas húmedas se han perdido desde 1900 a causa de la huella que dejamos los humanos en nuestro día a día. Asimismo, la erosión que se produce en los campos de cultivo se lleva entre 25 y 40 millones de toneladas de la capa más superficial de la tierra, cosa que reduce la productividad de las cosechas y la capacidad que tiene el suelo para regular el agua, el carbono y los nutrientes. Aparte, los abonos y vertidos contienen grandes cantidades de nitrógeno y de fèsfor, que contribuyen a la contaminación del agua que resta en el subsuelo.

El resultado de este panorama es una afectación cada vez mayor por parte de fenómenos adversos como sequías o inundaciones. De hecho, se calcula que, de cara al 2050, el número de personas que tienen riesgo de vivir una inundación habrá subido de los 1,2 billones actuales a los 1,6 billones, cosa que supondrá el 20% de la población mundial. La otra cara de la moneda la encontramos en las sequías. Actualmente, 1,8 billones de personas están afectadas por la desertificación y la degradación de la tierra y el 65% de los bosques del planeta sufren los efectos de esta degradación.

La respuesta, en la naturaleza
Para evitar que estas estimaciones que ofrecen varios estudios sean una realidad en un futuro próximo, hace falta tomar la iniciativa y comprometerse a hacer alguna cosa a favor del medio ambiente y del planeta. De hecho, este es el objetivo de jornadas como la de hoy: mover conciencias y promover un cambio en nuestro día a día, que por pequeño que sea, puede tener un impacto positivo ya en el presente y sobre todo en el futuro. Nuestra contribución a salvar la Tierra y sus recursos puede ser de lo más amplia y repercutir en diferentes sectores. Desde el reciclaje hasta la movilidad, todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida cotidiana puede hacer un cambio hacia un modelo más sostenible. Conocedores de eso, cada año la ONU escoge un tema sobre el cual gira el Día Mundial del Agua. Este año, se centra en las soluciones basadas en la naturaleza. ¿Ahora bien, qué son exactamente?

Reforestar bosques y prados, recuperar las zonas húmedas o crear zonas de vegetación próximas a los cursos del agua porque funcionan como amortiguadores entre los ecosistemas acuáticos y terrestres. Estos son sólo algunos ejemplos de medidas basadas en la naturaleza que se pueden aplicar para mejorar la disponibilidad y la calidad del agua.

Desde UN Water alertan de que estas propuestas «no son una panacea a la hora de afrontar a los críticos retos relacionados con el agua a medida que la población global crece». Pero añaden que «pueden proporcionar opciones innovadoras y económicamente eficientes para sustituir infraestructuras hídricas insuficientes u obsoletas».

¿Cómo ayuda a la naturaleza el agua?
Cada una de estas soluciones basadas en la naturaleza tiene efectos positivos diversos en un aspecto relacionado con el agua. Con respecto a la accesibilidad y disponibilidad de los recursos hídricos, el hecho de proteger y fomentar las zonas húmedas y las cuencas subterráneas de agua permite almacenar agua de manera más efectiva y económica que construyendo pantanos y presas.

Con respecto a la calidad del agua, esta puede mejorar y estar menos contaminada si se sigue una agricultura basada en la conservación, que protege el suelo de la erosión y de los abonos que se filtran y contaminan el agua del subsuelo. Asimismo, reforestar las orillas próximas a los cursos del agua tiene un efecto beneficioso sobre su calidad, ya que la filtra de posibles impurezas y agentes contaminantes.

Otro de los efectos que tienen estas soluciones está relacionado con la gestión de los riesgos. Y es que el cambio climático y la acción humana son causantes de las inundaciones y desbordamientos de ríos en episodios de lluvias fuertes y aguaceros. Para evitarlos, la reforestación tiene mucho a hacer, ya que impide que el agua se mueva por la tierra arrasando con todo lo que encuentra, de manera que las masas de hierba y de vegetación se convierten en uno dique de contención natural y ayudan a filtrar el agua hacia el subsuelo.

Infraestructuras en convivencia
Estas soluciones se conocen como infraestructuras verdes, al ser sistemas naturales o seminaturales. Si bien en algunos casos pueden ser sustitutorias de las llamadas infraestructuras grises —aquellas construidas por los humanos—, el cierto es que juntas pueden convivir y hacer un ciclo del agua más eficiente. Así pues, al inicio del ciclo, unos bosques saludables y una agricultura sostenible asegura una buena calidad del suelo. Las presas y los pantanos garantizan el abastecimiento de agua y la creación de energía limpia a la vez que regulan primordial de los ríos. Las zonas húmedas, como las riberas, purifican el agua, aseguran su calidad y palían los efectos de las crecidas. Esta purificación se complementa con la que se hace en las plantas de tratamiento para acabar de hacerla apta para el consumo humano o para devolverla a la naturaleza en unas condiciones óptimas.
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