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El Nàstic coge aire de rebote (1-0)

Un gol de Jaume Jardí da los necesarios tres puntos para salvar a Cristóbal Parralo en un partido sufrido a la segunda mitad

Jaume Jardí celebrant el gol.

Jaume Jardí celebrant el gol.Nàstic

Arnau Montreal Quesada
Tarragona

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El Nàstic coge aire. Los de Cristóbal Parralo conseguir una victoria necesaria, primero por el banquillo y después para cortar una sangría que llevaba a la desesperanza. Los grana ganaron con un rebote de Jaume Jardí, pero se tenía que ganar como sea. En la segunda parte el Nàstic desapareció y el Ibiza aprovechó para elaborar un asedio que heló el Nou Estadi en más de una ocasión, pero no fue la noche de la desolación, fue la noche de una victoria balsámica.

Después de cuatro derrotas, Cristóbal Parralo le dio una vuelta a la alineación con Gelardo y el fichaje Hugo Pérez titulares y Jardí por la derecha.

El Nàstic salió concentrado al partido. Presión alta y entrega para dominar en un Ibiza que basó su juego a esperar el error grana para salir al contraataque. Los grana, sin embargo, lo controlaron bastante bien con un Hugo Pérez destacando en la toma de decisiones y la contundencia en los duelos. Sobre todo, con seguridad.

Les ocasiones grana llegaban poco a poco. Un chute lejano de Gelardo, un intento de chilena de Álex Jiménez, pero todo poco concreto. Los grana necesitaban dar un paso adelante y se echaba de menos el 10 grana. De hecho, no fue porque Jardí estuviera desaparecido, sino porque los ataques grana iban siempre por la izquierda y el reusense no podía participar.

Eso no iba a quedar así. Si la pelota no buscaba a Jaume Jardí, sería Jaume Jardí quien buscara en pelota. Una pasada en largo perdida se convirtió en oro. El portero Ramón salió a rehusar la pasada y se encontró al 10 grana que puso el cuerpo. El rebote salió disparado. Guiado por la necesidad del equipo y la fortuna que ha faltado en anteriores partidos para acabar al fondo de la red.

El gol fue una liberación y Jardí le regaló el cariño a la afición, señalando el escudo y después a los aficionados. El Nàstic son ellos. Poco más pasó en una primera parte controlada, pero con falta de más concreción en los metros finales.

A la media parte todo cambió, porque el Ibiza avisó pronto. Pérdida grana, pasada entre líneas y mano a mano que Dani Rebollo le sacó a Bebé. La propuesta de grana fue abandonar la posesión y sobrevivir. Eran minutos difíciles, sobre todo sufriendo por la banda de un Moi Delgado superado.

Los minutos pasaban y el sufrimiento continuaba. Salió Svensson y heló todavía más el Nou Estadi. Toque de espuela del Ibiza y mano a mano de Svensson que salió lamiendo el palo derecho. Era un gol cantado, pero la pelota esquivaba la portería del Nàstic.

Tocaba rezar, ya no sufrir. Era un asedio constante en la portería de Dani Rebollo, pero el Nàstic todavía podía tener una, pero acabó en ridículo. Era un contraataque perfecto para Cedric Omoigui. El delantero salía a solas a la portería rival, pero quedó retratado. Primero fue atrapado por un defensor, después tropezó, probó el tiro y erró y, finalmente, hizo una falta en ataque.

Sin la tranquilidad del 2-0, el Nàstic sufrió todavía más. Los milagros aparecieron, primero en forma de Dani Rebollo deteniendo uno mano a mano y, posteriormente, con un tiro de Bebé que se estrelló en el travesaño. Allí se murió el partido. El árbitro silbó el final y el Nàstic pudo coger aire.

Victoria necesaria, se rompe la racha y los jugadores se cayeron todos rendidos sobre el césped respirando tranquilos.

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