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Tribuna

El debate de las infraestructuras ferroviarias en Tarragona

Exregidor de l'Ajuntament Salou

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Sigo con interés las informaciones y el debate que desde hace unas cuantas semanas se vienen desarrollando en diversos medios de comunicación respecto a las infraestructuras ferroviarias que en la actualidad se están construyendo en la provincia de Tarragona. El tema es lo suficientemente importante como para que todos los actores implicados en ellas, que son muchos, tomen parte en él para defender los intereses generales y para que en la sociedad deje de cundir cierta confusión y tenga la certeza de que se está actuando correctamente. Y es curioso constatar, una vez más, que hasta hace unos cuantos días, por lo que parece seguimos instalados en el cortoplacismo y visiones localistas, echándose a faltar un liderazgo fuerte que impulse y coordine las estrategias para culminar con éxito un proyecto tan importante para nuestra provincia. En definitiva, una implicación decidida y coordinada de todos los entes, instituciones y autoridades afectadas con objeto, no solo de ser más efectivos y tener más fuerza para exigir su correcta ejecución ante las administraciones autonómica y estatal, sino también para constituirse como un interlocutor único y consensuar un proyecto global y unitario que sea racional y beneficie a todos.

Históricamente, algo tan sencillo como esto, en Tarragona constituye un verdadero reto que ponga fin a la más que cuestionable trayectoria que ha venido caracterizando la construcción de infraestructuras supramunicipales en la segunda zona urbana de Catalunya con más de 300.000 habitantes.

No exagero: abundan los ejemplos de despropósitos que se han venido ejecutando con el paso de los años, pero baste nombrar algunos de ellos: la auténtica muralla que supone el actual trazado ferroviario hipotecando el crecimiento de los núcleos urbanos, sobre todo por la fachada litoral de la ciudad de Tarragona, en Salou, partiendo la población en dos y en el complejo petroquímico; la incomprensible situación de la estación del Camp, en medio de la nada, el retraso en la ejecución de equipamientos fundamentales como la estación intermodal junto al aeropuerto, las dudas respecto al futuro de diversos municipios que quedan descolgados de la alta velocidad reduciendo su conectividad actual, la falta de un proyecto de trasporte interurbano respetuoso con el medio ambiente, la incertidumbre que rodea el desmantelamiento de las antiguas vías, etc., etc.

Es cierto que hemos visto los primeros pasos en la buena dirección, según recogían los medios el día 20 de este mes y que algunos alcaldes están haciendo un esfuerzo importante, viajando a Madrid y reuniéndose entre ellos para reclamar con cierta vehemencia al Estado y a la Generalitat el desmantelamiento de las vías, la construcción de nuevas estaciones (caso de Salou), la implantación de un tranvía urbano que en el futuro comunique estas poblaciones (Salou, Montroig, Cambrils, Tarragona, Vilaseca, Reus…) entre ellas y con la futura estación central, próxima al aeropuerto; la mejora del servicio y el aumento de la frecuencia en los trenes regionales y de cercanías, pero no lo es menos que, hasta ahora, sus logros han sido más bien escasos. Y es bastante normal que esto sea así. Las administraciones afectadas (la Generalitat y sobre todo el Estado que es el último responsable) se han sentido cómodas teniendo como interlocutores únicamente a esos alcaldes hasta ahora, mientras otras instituciones observan el tema, si es que llegan a hacerlo, desde una perspectiva escéptica o localista que lastra una implementación adecuada de estas infraestructuras tan importantes para el desarrollo económico y social del territorio.

Es en este contexto donde hasta ahora se ha echado a faltar ese liderazgo del que hablaba, la amplitud de miras, el trabajo riguroso y el compromiso leal entre empresas, autoridades, Ayuntamientos, Cámaras de Comercio, Diputación, etc. para remar en la misma dirección. ¿Dónde quedó el Consorcio de Camp, aquel organismo que nació justamente para enfrentar estos retos colectivos? Los alcaldes pueden desgañitarse reclamando inversiones lógicas y justas, pero mucho me temo que mientras el resto de los actores sigan a lo suyo, sin tener una idea global de la vertebración de un territorio donde tienen lugar una serie de relaciones humanas y económicas de gran magnitud y complejidad (industria, turismo), las cosas seguirán como hasta ahora, es decir mal.

Y ya para acabar, ¿qué pasa con los diputados provinciales del Parlament y, sobre todo, del Congreso de los Diputados? No se les oye, no se les ve, no dicen nada. ¿Hemos de recordarles que la circunscripción electoral por la que concurrieron y fueron elegidos es la provincia de Tarragona? Entonces, ¿cómo es que no se ponen al frente del tema para exponer y reclamar en los centros de decisión más importantes del país, todos de acuerdo independientemente de su color político, las carencias y necesidades del territorio? ¿Por qué algunos de ellos aprobarán en breve unos Presupuestos que no recogen partidas presupuestarias para financiar algunos de esos proyectos fundamentales para su territorio? ¿Prima más su situación personal y fidelidad al partido que las necesidades de sus electores? Preguntas fundamentales que debieran plantearse en aras de conseguir la implantación de esta infraestructura, importatísima para el futuro desarrollo de nuestro territorio.

Se lo deben a Tarragona.

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