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Mercat Central

  • Ramon Grau
Exregidor de Cultura

Actualitzada 10/04/2017 a les 20:46

Al fin, ya tenemos Mercado, desapareció la somnolencia municipal. Abrió con charanga, pompa y circunstancia. Celebrado éxito tras diez años con machaque de obras. Invertidos 47 milloncejos de nada, superado el primer presupuesto de 23 y 4 años de plazo. Deuda municipal por encima del tope máximo y varios créditos sumando 34,3 millones que terminaremos de pagar en el 2040. Conclusión, un paso evolutivo.

El interior ha quedado magnífico, felicito a los vendedores, espléndidas paradas. Poseídos por esa alegría, suprimiendo la carpa, liberada la plaza Corsini y el mercadillo en su sitio, podremos disfrutar de nuestra Rambla, desnuda tras ese poderoso podado de la coca central; de aquel derrame ramal ha venido el troncal. Pronto viviremos la plaza ¡Alto¡ Cautela con ese pronto, falta pavimentarla, obra al parecer complicada, a realizar por el Ministerio de Fomento en dieciséis meses y previsto empezar antes de junio. Rapidez y futuro empírico. Total, salvo error tendremos Rambla mercadillo hasta fin del año 2018.

¡Qué efímero es el tiempo! El Sr. Alcalde ha precisado diez años para decidir que el pavimento de la Rambla se resolverá mediante referend... ¡Ojo¡ perdón, me equivocaba, dijo consulta. ¡Qué desazón! y formas rigurosas para impedir una cosa tan simple y eso que aseguran que saldría no y en las encuestas el si no llega al 50% ¿Entonces? Imagino que el Gobierno no recuerda las sabias palabras de Abraham Lincoln: «La más estricta justicia no creo que sea siempre la mejor política».

He andado por las ramas de árboles y pavimentos. La Rambla, se me arremolinan retazos históricos de ambos: Me remontaré dos siglos atrás, en 1878 estando ya construidas algunas casas, en consulta popular preguntaron cual era la fachada más bonita, fue elegida la del Metropol. Colmados de empatía propia decidieron plantar los primeros árboles hasta la calle Unió, 40 hermosos plátanos procedentes de un vivero de  Rourell. Se inauguró el evento el 24 de enero, festivo por celebración de la boda de Alfonso XII. Arraigaron pocos –árboles– a pesar de los cuidados vecinales, que los regaban con su agua doméstica sobrante.

Afianzado el estímulo Rambla, al año siguiente situaron una hilera de 40 sillas metálicas de pago. Pero carecía de aceras, excepto las de edificios, costeadas por el propietario. El paseo era de tierra, un desnivel de más de un metro en anchura dificultaba el equilibrio de las damas paseantes. La armonía se quebraba a menudo por voladura rocosa en los solares, a pesar del aviso trompetilla causaba sobresalto y temor, porque en ocasiones volaban pedruscos, afortunadamente sin desgracias personales, salvo aquella enorme piedra que alcanzó mortalmente a una enjaezada mula.

El siglo XX llegó con la novedad de 24 bancos de piedra. En 1903 el paseo lucía ya de confortable gravilla y diez años más tarde se pavimentó con losas de cemento Portland. Con fino análisis social de su Rambla, los ciudadanos lograron que el Ayuntamiento prohibiera allí los mercadillos. Controlando el tono surgieron algunas quejas, como que en días ventosos caían furiosas las bolitas de los árboles. Nuestro escritor y periodista  Doménec Guansé razonaba que la Rambla no era rambla ni torrentera y proponía volver al antiguo nombre de Esplanada, no cuajó. Logrado el asfalto de las vías de tránsito llegó, al parecer, la primera multa, fue para el reusense Sr. Miarnau por conducir su  Talbot a excesiva velocidad y contra dirección. Con los años la Rambla albergó bellos edificios como estructuras vivas. Sin embargo, debido al subsuelo rocoso los árboles pendían de un futuro sombrío, hasta 1970 sufrimos el lastimoso goteo de sustituciones. Llegó en 1979 la democracia municipal, emocionados la Rambla ya era Nova.

Tristes por el ceño oscuro para los árboles. En contraste con la ilusión de J.M. Recasens, el primer Alcalde, debió enfrentarse a la epidémica muerte de los plátanos. Inútiles intentos de salvación. Tras la lamentable tala, fue aconsejable la plantación de nuevas especies: Decidida la Tipuana, que por su hoja caduca aseguraba sombra en verano y sol en invierno y para los cruces de calles perpendiculares Brachichytones, de hoja perenne, con el fin que en invierno identificaran la Rambla. Conjuntamente había que resolver el pavimento, que en principio se recomendó de textura rugosa, color terroso o gris y sin dibujo. Hubo cambios, con escaso resultado.
Hoy entiendo que el Ayuntamiento tendería a mantener el asfaltado –como una carretera, rápido y económico– porque lógicamente habrá que unificar los tramos. Sugiero que la ciudadanía decida el color, confiando a los técnicos municipales definir la conveniencia de baldosas u otro material que no resbale, resistente al desgaste y a las manchas.

La confluencia Rambla,  Corsini+Calles circundantes, precisa de varios hervores, por favor: avivar, rapidez y resultados visibles.
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