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El director del Museu de les Terres de l'Ebre, Àlex Fornós, al costat d'un antic projector cinematogràfic.

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El director del Museo de las Tierras del Ebro, Àlex Fornós, al lado de un antiguo proyector cinematográfico.

La 'cocina' de los museos ebrenses, y tarraconenses

El Museo de las Tierras del Ebro gestiona y presta servicios a una veintena de centros de la provincia al mismo tiempo que sigue incrementando su oferta expositiva

Actualizada 02/04/2017 a las 13:07

Es una de las pocas entidades públicas que, desde las Tierras del Ebro, presta servicios a toda la provincia, según recuerda su director, a Àlex Farnós. El Museo de las Tierras del Ebro, antiguo Museo Comarcal del Montsià, sigue fundamentando buena parte de su actividad en la gestión mancomunada de centros y servicios de soporte en espacios museísticos que no disponen del personal o de los medios necesarios para garantizar su funcionamiento estable. Es lo que Farnós denomina la «cocina», el espacio no visible en el público pero esencial para la producción de lo que después se expondrá a las salas, o los «comedores». El centro, al mismo tiempo, sigue trabajando para ampliar y ampliar su propia oferta expositiva: este año, de hecho, tienen previsto 89 actividades públicas –una quincena más que el año pasado-, entre las cuales 39 exposiciones, además de conferencias, cursos o jornadas.

A partir de su transformación en el 2011 como en Museo de las Tierras del Ebro, la entidad ha asumido, aparte del propio centro de Amposta, la gestión mancomunada de una decena de equipamientos museísticos y patrimoniales que forman parte de la denominada Red Ebro, Naturaleza & Cultura, derramados por ocho poblaciones de la comarca del Montsià –los ayuntamientos de las cuales forman parte del consorcio, al lado del Consejo del Montsià. Son, en muchos casos, museos de municipios de pequeñas dimensiones, con dificultades presupuestarias para producir contenidos propios: desde abrir y cerrar las puertas del centro a efectuar visitas guiadas o crear productos turísticos.

«En el ámbito del patrimonio, donde es más difícil mancomunar servicios porque, a diferencia de los residuos, que nadie quiere y es muy fácil mancomunar, en el patrimonio todo el mundo quiere tener la gestión de aquello que es su identidad y su historia. El modelo del Museo de las Tierras del Ebro es de éxito porque ha conseguido superar las visiones localistas y hacer viable una gestión del patrimonio más allá del término municipal de cada población», reflexiona. Un modelo que crece y gana adeptos entre varios ayuntamientos, no sólo de las Tierras del Ebro, en la línea de prestar más servicios y reducir los gastos, asegura.

Además, el reconocimiento del centro como Servicio de Atención Museística (SAM) por parte del Departamento de Cultura le ha permitido también, además de atender los municipios consorciados, prestar servicios en museos y centros de interpretación de las Tierras del Ebro que ya disponen de técnicos –como el Consorcio Memorial de la Batalla del Ebro, el Centro de Interpretación de las Pinturas Rupestres de Ulldecona o el Museo de Tortosa, entre otros- pero también a otros equipamientos registrados en el Campo de Tarragona –Valls, Cambrils, el Vendrell o Alcover-. Concretamente, el consorcio ebrense se encarga de coordinar, asesorar y dar apoyo técnico en la gestión del patrimonio y las colecciones, préstamo de infraestructura, programas de comunicación, creación de productos turísticos, coordinación de exposiciones y actividades de gran formato. A lo largo de este año, y en el marco de este contrato, se está trabajando en catorce programas.

Para todas estas tareas, y para la organización de las propias actividades y producciones, el Museo de las Tierras del Ebro dispone de un presupuesto aproximado de unos 450.000 euros, de los cuales casi la mitad proceden del Ayuntamiento de Amposta y una cuarta parte de la Generalitat. Cuenta con una plantilla de una decena de personas a jornada cumplida en total en la sede central-més de una quincena si se suman las que lo hacen a tiempo parcial a los diversos centros consorciados. Aparte de los contratos para la prestación de asistencia a otros centros de la red que le encarga a la Generalitat a través de los contratos del SAM, el Museo también tiene abierta, aunque en menor mide, la vía de obtención de ingresos a partir de la ejecución de proyectos concretos para entidades privadas. Es el caso, por ejemplo, de la producción de la exposición sobre el proyecto Life Migratoebre, que se hará itinerante por seis o siete docena de poblaciones del territorio, por encargo del Instituto para el Desarrollo de las Comarcas del Ebro y la Fundación Catalunya-La Pedrera.

Producción e itinerancia de contenidos
En total, el programa de actividades para este año del Museo de las Tierras del Ebro prevé la organización total de 39 exposiciones, no sólo en el equipamiento central ubicado en Amposta, sino dispersiones por varias poblaciones ebrenses. Entre de otros, la muestra sobre los 120 años de cine en las Tierras del Ebro, la Colectividad General de Amposta de 1937, los pastores del Ebro y el Maestrat o el centenario de la Unión Filarmónica de Amposta, así como también una exposición dedicada al papel moneda a la comarca del Montsià durante la Guerra Civil o la llegada de la luz eléctrica en Amposta. «El Museo se ha convertido en un ente que puede producir contenidos de interés para el territorio y hacer que lleguen a las diferentes poblaciones», subraya Farnós.

Así pues, y sea desde el punto de vista de gestión, técnico o expositivo, el centro ha asumido su rol de «cocina» para otros equipamientos del territorio a partir de la mancomunicació de servicios o de convenios. «No podemos tener un museo grande en cada municipio», recuerda al director. Una aseveración que cobra especialmente importancia después de que durante los últimos tiempos las Tierras del Ebro hayan vivido una auténtica eclosión de equipamientos culturales, muchos de los cuales permanecen cerrados al público y prácticamente sin utilidad. O proyectos con vocación turística que pueden acabar lastrando el potencial económico del patrimonio en el territorio. Es lo que Farnós define como la «ceguera de la gallina de los huevos de oro». «Los proyectos en los cuales participamos el Museo tenemos que asegurar la viabilidad. No tanto conseguir el dinero para la inversión inverso, sino cuando los tenemos que sea viable y sostenible», afirma.

Durante el año pasado, la red Ebro, Naturaleza & Cultura registró 32.550 visitantes –de los cuales más de 19.254 únicamente en el Museo Terres de l'Ebre-, cifra que supone un 10% más respeto el año anterior. Paralelamente, 6.512 personas hacen verdadero uso del Servicio Educativo y Turístico, 1.500 más que en el 2015. El Museo acogió una veintena de actividades culturales organizadas por otras entidades y firmó una docena de convenios de colaboración. Las actividades técnicas, este año 31 previstos, crecieron hasta las 27. Los técnicos de la entidad también se hicieron cargo de documentar 1.670 bienes culturales y restaurar 80.
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