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Els turistes alemanys Thomas i Manuela i, entre ells, al mig, l'Agulla del Mèdol.

Los turistas alemanes Thomas y Manuela y, entre ellos, en medio, la Agulla del Mèdol.

C. G.
Raquel i José Ignacio van quedar captivats per la pedrera romana.

Raquel y José Ignacio quedaron cautivados por la pedrera romana.

C. G.

«Me imagino a los esclavos en la Pedrera»

El Mèdol ofrece un paseo por uno de los espacios más singulares de Tarraco y su pasado romano

Actualizada 02/10/2017 a las 20:46

Un incendio en la pedrera del Mèdol el año 2010 puso al descubierto que el espacio de extracción de piedra en época romana más importante de Tarraco era de una extensión considerablemente mayor de la que se pensaba. Cuatro años después, Abertis, propietaria de los terrenos donde está enclavado el monumento, declarado Patrimonio de la Humanidad, abría las puertas a un espacio muy renovado, de mayor extensión, con varios puntos de observación distribuidos por el recinto. Además, se procedió a la adecuación de caminos para poder acceder al punto más elevado, desde donde se avista el Clot (hoyo), sector donde se encuentra la Agulla del Mèdol y que, por motivos de seguridad, es el único espacio cerrado a las visitas. No obstante, atalayas localizadas de manera estratégica permiten una magnífica visualización de la zona más emblemática del monumento.

La intervención de Abertis permitió recuperar para la ciudad uno de sus símbolos de época romana y lo puso al día, hasta el extremo que los tarraconenses que no hayan visitado la pedrera en los últimos cuatro años descubrirán, cuando lo hagan, un Mèdol más extenso y muy diferente de lo que se conocía antes del incendio del 2010. La quema de demasiado arbórea hizo aflorar muros de piedra impactantes, con el rastro de centenares de sillares a punto de ser extraídos y bloques que descansan en el suelo donde se observan las marcas dejadas por los picapedreros.

José Ignacio y Raquel, vecinos de un pueblo próximo a Donostia, aprovecharon que pasaban unos días de vacaciones en Tarragona para visitar la pedrera romana. «Es muy interesante y, además, estamos disfrutando de un clima muy bueno», dijeron. «Es impresionante pensar que todo eso se hizo con pico y pala, con el esfuerzo de muchas personas y con pocos instrumentos,» apuntó a Raquel.

Por su parte, Yolanda, de Barcelona, y Loli, también nacida en la capital catalana pero residente en Tarragona, dijeron que «causa sensación como rebajaron niveles de piedra, cómo extrajeron los bloques de la montaña: es una pasada». Loli, que trabaja en la Móra, reconoció que «nunca había venido al Mèdol y, ahora que he visto la pedrera, pienso que es una visita muy recomendable». Su prima Yolanda subrayó que, durante el recorrido por los diversos espacios de la pedrera, «me he imaginado este lugar lleno de personas trabajando, supongo que la mayoría eran esclavos, y me ha producido escalofrío». «Pobre gente», exclamó, para remarcar que «de aquí sacaron piedras para hacer el Teatro, el Anfiteatro y grandes edificios de la ciudad romana de Tarraco».

Una pareja alemana que pasaba unos días en un camping de Tamarit, Thomas y Manuela, elogió la zona y dijo de la pedrera romana que es «un espacio muy bonito, impresionante». La pareja recorrió el monumento boquiabierta y, al finalizarlo, aseguró que «hemos podido ver sobre el terreno como se sacaban las piedras para hacer las casas hace dos mil años porque, incluso, en algunos sillares se ven las marcas de los picapedreros».

La visita a la pedrera del Mèdol es gratuita y se puede acceder al monumento por dos accesos. Uno se hace desde el interior del área de servicio de la autopista AP-7, que permite llegar en coche hasta pocos metros del monumento y donde está ubicado el centro de interpretación, y la otra finaliza en un estrecho camino que empieza pocos metros más allá del puente de la autopista, en la zona de la gran rotonda de la Mora, donde también confluye la N-340.

Hay que decir que el monumento se hubiera podido complementar con una montaña localizada a pocos metros de distancia y formada por centenares de sillares que apareció a la zona cuando se construyó la autovía A-7, pero que desgraciadamente fue desmontada.
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