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Marcel Gorgori el passat dimecres a Tarragona, on va impartir una conferència a l'Antiga Audiència.

«La palabra que más nos repite al público al final del espectáculo es 'gracias'»

Marcel Gorgori el pasado miércoles en Tarragona, donde impartió una conferencia en la Antigua Audiencia.

«La palabra que más nos repite al público al final del espectáculo es 'gracias'»

Marcel Gorgori presentará ‘La rebotiga de l’òpera’ en el Teatro Tarragona el 4 de junio. Se trata del segundo espectáculo de su sello Simfonova, un gran concierto operístico pensado para que el público pueda espiar por el ojo de la cerradura y conocer las rivalidades, las inseguridades y el trabajo que tienen que afrontar los protagonistas de los grandes conciertos de ópera.

Actualizada 21/05/2017 a las 18:56

¿Cómo define su trabajo?
— Soy periodista, pero lo que hago no es muy de periodista. Se puede decir que soy comunicador, porque explico cosas de manera atractiva al máximo número de personas posible. Una vez me llamaron ‘Periodista especializado en divulgación’, y un poco sí, que es eso. Lo que pasa es que tanto hablo de vino como de ópera... por lo tanto, la idea de comunicador, si en caso de que suena un poco grande, se ajusta bastante a lo que hago, que es establecer empatía con la gente y poner al servicio de lo que quiero explicar el oficio de explicar cosas con los recursos que tengo, ya sea a la tele, en la radio o sobre un escenario, como en este caso.

— Una de las sus grandes cruzadas es hacer entender que la ópera es un género al alcance de todo el mundo. Para hacerlo tiene que desmentir varios perjuicios que se le asocian.
— De entrada tengo que decir que creo que la gente me compra el discurso, pero yo no quiero ir convirtiendo fieles. Yo creo que la ópera vale mucho la pena. Y lo que hago es decir: ‘Yo creo que la ópera está muy bien, si queréis, compartámoslo’. Pero si alguien no quiere, me parece fantástico. Yo creo que la ópera es un espectáculo brutal, que tiene una cantidad de atractivos enormes, que a mí me hacen vibrar. Y por lo tanto, explico a la gente por qué me hace vibrar, y si la gente me lo compra, fantástico.

— Cuáles son los grandes escollos que se encuentra a la hora de hacer esta difusión?
— Para empezar, la ópera no es en catalán ni en castellano. Por lo tanto, si alguien se quiere acercar, tiene que hacer el esfuerzo de buscar un libreto que estará en italiano traducido al francés o al inglés, o quizás estará en francés... Por lo tanto, el idioma es uno. Otra cosa es que la ópera es de una época en que no existía esta dictadura que determina que hay que explicarlo todo en tres minutos. Si tú escuchas cualquier canción pop, en tres minutos te han repetido muchas veces el mismo estribillo. Por lo tanto, es muy fácil que a la cuarta ya te suene. En la ópera eso no es así. Recordar todo el primer acto de ‘La Valkiria’ es más difícil. A todos los humanos nos gustan las cosas cuando podemos prever más o menos por dónde van. Si te gusta Bruce Springsteen, como yo, y compras el nuevo disco, cuándo escuches una canción te gustará, pero cuándo la oigas por segunda vez te gustará más, y en la tercera, todavía más. Con la ópera eso es más difícil, porqueque quizás las arias sí que suelen tener un estribillo, pero el tejido interconectivo musical, los grandes concertantes, cuestan más de recordar. Pero fuera de estas dos cuestiones, no encuentro nada más...

A menudo se dice que ir a la ópera es caro.
— Ahora vendrán los Rolling Stones. ¿Qué valen las entradas? Además, nosotros, en Simfonova, como pretendemos llegar al máximo número de gente, y por lo tanto, al máximo número de bolsillos, miramos que los precios estén en torno a los 30 euros. Aús así, el espectáculo que traemos, si no tuviéramos un poco de ayuda, sería impensable: tenemos 150 personas en el escenario, tres de los mejores cantantes del momento, una orquesta sinfónica... Y a pesar de eso nos movemos con un precio asequible.

También se suele asociar al elitismo.
— Tampoco es cierto. En el primer concierto de Simfonova, ‘Sólo para unos cuantos’?’ lo que hacíamos era desmentir precisamente la dificultad en acceder a la ópera. Oyes una pieza en un anuncio de tele y después se descarga masivamente de internet. Sólo se tiene que dar el paso. Quizás te pide un poco más de dedicación que otras cosas, pero todas las cosas que valen la pena en la vida te piden un poco de dedicación. Para disfrutar de las principales obras de la literatura universal tienes que haber aprendido a leer.

— ‘La rebotiga de l’òpera’ es el segundo espectáculo de Simfonova, que llegará en Tarragona el 4 de junio. ¿Qué nos encontraremos?
— En Simfonova intentamos siempre dar grandes conciertos operísticos enriquecidos, explicando alguna cosa más que en un concierto donde sale el cantante, canta y se marcha. El primero desmitificaba la dificultad en acceder a la ópera y mostraba que la ópera vive cotidianamente con nosotros, tanto con los aficionados como con los que creen que no saben. El argumento del segundo es que, aunque un gran concierto operístico o una gran interpretación de ópera nos puede hacer tocar el cielo con los dedos, detrás hay un montón de personas y de humanidad. Pensamos que si ofreciéramos la oportunidad de ver por un agujero el mundo que hay detrás del telón, estaríamos dando muchos argumentos al público para valorar aquello que están escuchando. Si tú has visto que, a un tenor, el director le pide un ‘pianissimo’ en una nota concreta y al tenor aquello le supone una dificultad, lo intenta pero no le acaba de salir, se queja un poco, y has generado esta expectativa en los ensayos, cuando después el tenor sale a cantar aquella pieza, aparte de disfrutarla, estás pendiente de si hace el ‘pianissimo’ o no. Eso es lo que hacemos a ‘La Rebotiga de l'òpera’.

«Detrás de un gran concierto operístico o de una gran interpretación hay un montón de personas y de humanidad»



¿Cómo ha estado el trabajo de documentación para este espectáculo?
— No podemos dar un concierto así sin explicar los ‘líos’, entre los cantantes hay rivalidades, inseguridades, nervios, y todo eso genera tensiones. Se nos ocurrió que una manera de explicarlo podía ser hacer una tertulia después de un ensayo y la grabarla. Y se nos ocurrió que los protagonistas se animarían más si el primero que lo hacía era una gran figura admirada por todos. Eso habría sido complicado si no hubiéramos pensado en la figura que pensamos. Vino a un ensayo, registramos la tertulia de después, y lo enseñamos a la gente. Se explican cosas que suceden a la realidad, y que no siempre son malas. Por ejemplo, cómo superan los nervios.

Como comentaba, el espectáculo es un concierto operístico de gran formato, con una orquesta sinfónica, un coro y tres cantantes. ¿Por qué lo habéis querido hacer así?
— Tenemos la pretensión que en el sello de Simfonova haya siempre el grande formado, una orquesta sinfónica que suene muy bien. A veces los conciertos serán operísticos, y a veces quizás sinfónicos, pero siempre serán de gran formato.

Este es el segundo concierto de Simfonova. ¿Habéis hecho despertar enamoramientos hacia la ópera?
— El director, los solistas y yo siempre salimos a saludar a la gente para que nos digan qué les ha parecido el concierto y porque, como desde el escenario todo el rato buscamos su complicidad, está bien que les vayamos a despedir. Las reacciones del público al final son lo que nos paga más. Sólo nos dicen que ‘gracias’. Siempre, siempre, sale esta palabra. Naturalmente todos tenemos que vivir y necesitamos los ‘calers’, pero eso nos paga mucho. Si después van más o menos a la ópera... Nosotros nos dirigimos a todos los públicos, pero no podemos renunciar al público operístico, que es nuestro público natural. Pero Simfonova es ideal para los curiosos, los que dicen ‘me gustaría entrar en la ópera pero no sé como hacerlo, qué disco tengo que comprar...' Para mí, este es el público ideal, porque creo que sí que ponemos el cebo, y después sólo tienen que estirar el hilo. La gente sale entusiasmada, y así es fácil que acaben comprando un CD, yendo a ver la ‘Carmen’ que vendrá a Tarragona o a volver al próximo concierto de ‘Simfonova’.
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