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El vidre de la porta de l'edifici B de Sant Marc, amb algun pis ocupat, està trencat.

Los problemas de convivencia con los ocupas rumanos continúan

El cristal de la puerta del edificio B de Sant Marc, con algún piso ocupado, está roto.

Los problemas de convivencia con los ocupas rumanos continúan

Las batidas policiales han podido reducir el número, pero algunos residentes mantienen el temor y no quieren duro a los hijos en la plaza

Actualizada 13/02/2017 a las 00:11

La plaza de Cataluña del barrio de Sant Pere i Sant Pau sigue siendo un foco de problemas, especialmente con respecto a la convivencia, a pesar de los esfuerzos policiales, que han conseguido apaciguar parcialmente la situación. Y es que el colectivo rumano que reside en los bloques de los alrededores (en algunos casos, en pisos que han ocupado), sigue provocando temor entre el resto de vecinos. Los residentes aseguran que se dedican a cometer supuestas actividades delictivas, que crean conflictos y que presentan una clara falta de civismo. «Se han hecho los propietarios de la plaza, yo tengo mis hijos cerrados en casa mientras los otros hacen lo que quieren por aquí. Ellos no quieren salir por esta zona porque no se sienten a gusto. Dicen que los insultan y les dicen cosas. Ahora siempre van a Tarragona y están mejor», explicaba ayer Puri, madre de dos jóvenes de 16 y 17 años que residen en la plaza.

No es el único caso, otra familia con dos hijos de seis y ocho años que vive en los edificios de atrás de los bloques de Sant Marc comentaba que han optado por no llevar más a sus pequeños a la plaza: «Antes los llevábamos a jugar aquí, pero dejamos de venir por toda la tensión que hay y para ahorrarnos problemas. Imagínate qué podría pasar si alguno de nuestros hijos se pelea con alguno de los suyos y se crean problemas... Nuestros niños no se sienten a gusto y nosotros tampoco. Es que esta gente se han hecho los dueños de la zona. No es que te echen, es que tú prefieres marcharte». Ahora optan por otros parques del entorno, «por suerte, aquí en el barrio hay muchos», exponía al marido.

Los bloques de Sant Mateu, Sant Marc, Sant Andreu y Sant Magí han sufrido una notable degradación de imagen entre los vecinos del barrio. Los residentes explican, con cierta amargura, que cuando alguien se interesa por comprar o alquilar algún piso y se entera de que hay algún domicilio ocupado por este colectivo rumano, retrocede. «Los pisos han perdido muchísimo valor. Ahora se venden por unos 28.000 o 30.000 euros. Mi marido y yo nos enteramos hace pocas semanas de que había uno que incluso se vendía por 15.000 euros», garantizaba Puri. De hecho, el estado de degradación que sufren es fácilmente visible: en el edificio B de Sant Marc el cristal de la puerta principal ha sido completamente rotura y en su interior, subiendo por los diferentes rellanos, se pueden observar diferentes puertas de las viviendas destrozadas y con cerraduras provisionales, signo de haber estado ocupados. En este bloque, están concretamente dos y, curiosamente, en la misma banda, la que toca en la plaza. Eso es, según explica un comerciante, porque los ciudadanos rumanos quieren tener permanente contacto visual con sus furgonetas, que habitualmente estacionan, en algunos casos durante días y semanas, en torno a la zona central. En su interior almacenan a menudo, decenas de kilos de ropa de origen desconocido, que la Guardia Urbana y Mossos ya han decomisado en algunas ocasiones para poder tratarse de prendas de ropa de los contenedores de recogida.

Miedo de un incendio con la ropa
El problema para los residentes es que mucha de esta ropa la suben a los pisos para lavarla y, supuestamente, enviarla después a otras localidades. «A nosotros, nos preocupa mucho porque sabemos que eso pasa en el piso que hay encima nuestro. Se acumulan muchos kilos de ropa y tenemos miedo de que de todo el peso, se nos pueda hundir el techo o bien se prenda fuego y nos quede el local destrozado», explicaba un comerciante del bloque de Sant Mateu, quién garantiza que una de las familias rumanas, hasta hace unos meses, llegó a tener dos pisos al mismo tiempo: «En uno que era propiedad del banco, en el bloque de Sant Magí, guardaban toda la ropa y ellos vivían en otro a encima nuestro. Cuando el banco recuperó el piso trasladaron la ropa al de Sant Mateu, que teóricamente tenían alquilado, pero ahora hemos sabido, según me explicó el propietario, que se han marchado sin pagarle los últimos cinco meses».

Algunos rumanos se han marchado
El cierto es que los vecinos han observado que, con el aumento de las actuaciones policiales por parte de Guardia Urbana y Mossos D'Esquadra, el número de ocupas rumanos ha disminuido. «Ahora debe haber entre quince y veinte. Sí que hemos notado que hay menos», apuntaba al comerciante. En general, los residentes se muestran satisfechos con los cacheos y las batidas que se han ido realizando, especialmente desde el mes de julio, cuando la situación, denunciada por los vecinos a Diario Más, era ya del todo insostenible. En aquel momento, la población rumana que causaba problemas oscilaba entre los treinta y los cuarenta miembros, algunos de los cuales dormían en las furgonetas y hacían sus necesidades en los rincones de la plaza. La fuente de agua potable no se podía utilizar porque algunos se lavaban sus partes íntimas allí. «Agradecemos a la policía que haya incrementado las actuaciones en la zona pero pidamos que se mantengan en el tiempo», pedía el presidente de la Asociación de vecinos de Sant Pere y Sant Pau i Sescelades, Luis Trinidad.
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