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Claret, a l'Oásis de Siwa, situat a 850 quilòmetres del Caire.

«La palabra diálogo se tiene que llenar de contenido y, si no hay, malo»

Claret, a l'Oásis de Siwa, situat a 850 quilòmetres del Caire.

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«La palabra diálogo se tiene que llenar de contenido y, si no hay, malo»

Este martes presenta en Tarragona la novela ‘Venjança’, localizada en Alejandría, ciudad donde cristianos y musulmanes viven intensamente

Actualizada 06/02/2017 a las 10:16

Andreu Claret Serra, periodista y escritor nacido en Acs, Occitania, en 1946, presenta este martes, en la sede del Departamento de Cultura en Tarragona (19 horas) su última novela: Venjança. El acto contará con la presencia de Josep-Lluís Carod-Rovira, actual director de la Cátedra UPF sobre Diversidad Social. Hijo del fundador de Esquerra Republicana, del mismo nombre, ha vivido siete años en Alejandría, ciudad que lo ha inspirado para escribir y ubicar su último trabajo novelístico.

Venjança es una novela ambientada en Alejandría. ¿Por qué?
—viví siete años en esta ciudad. Me presenté a un concurso internacional para dirigir una sede europea sobre cultura cristiana y árabe, hecho que me permitió viajar por Oriente Medio. En la novela también salen ciudades como Jerusalén o el monasterio de Santa Caterina.

—¿Cuál es el hilo conductor?
—Es un triller protagonizado por una mujer normal que ha tenido una vida difícil en los Estados Unidos y se refugia en Alejandría para escribir una novela. En la ciudad egipcia, matan a un amigo suyo anticuario y quiere saber la verdad de lo que ha sucedido. Investiga y empiezan a surgir varias situaciones.

—¿Cuál es el trasfondo?
—La Alejandría del siglo IV, la de Hipatia, reconocida como la primera científica de la historia, y un tiempo en que la ciudad conoce a los primeros cristianos. Precisamente, pedí a Carod-Rovira que se me presentara la novela en Tarragona porque ahora dirige una cátedra sobre diversidad y el libro hace un ejercicio de cómo una mujer gestiona la diversidad. Ella es agnóstica y, en Alejandría, se relaciona con cristianos y musulmanes.

—¿Qué tiene Alejandría que no aporten otras ciudades a la hora de inspirar novelas?
—Alejandría es muy literaria. Entre las muchas personas que han escrito de ella está nuestro querido Terenci Moix. Es una ciudad que estimula mucho la imaginación, una ciudad de grandes contrastes. Fue capital de la cultura helenística y hoy es un desastre en medio de un tsunami urbanístico.

—¿Qué supuso para Usted vivir siete años en Alejandría?
—Como le sucede a la protagonista de la novela, para mí también fue un viaje hacia el interior el hecho de ir a vivir. Yo, como ella, también soy un poco agnóstico y residí en una ciudad donde cristianos y musulmanes viven la religión de manera muy intensa.

—Su padre hace ser a uno de los fundadores de Esquerra Republicana. Este lunes empieza en Barcelona el juicio contra Artur Mas, Joana Ortega e Irene Rigau. ¿Qué piensa todo?
—No tengo muchas ganas de hablar. Soy prudente a la hora de pronunciarme, pero como me pide la opinión, le digo que creo que intentar criminalizar a alguien por un hecho como este tiene poca sustancia jurídica. No veo más allá del propósito político. Hace pensar el hecho de que se sienten en el banquillo de los acusados a tres personas que lo único que hicieron fue querer convocar una consulta. Los europeos no lo deben entender. He conocido muchos estos años que viví en Alejandría y sé que miran con interés todo lo que está pasando en Cataluña. Hablan de que la solución tiene que ser dialogada, pero esta palabra se tiene que llenar de contenido.

—¿En el futuro, le puede inspirar una nueva novela?
—Seguro que a muchas personas. Ahora estamos en el corto plazo, pero sí en un futuro. Insisto, si no hay diálogo, malo.

—Usted también hizo una sobre los hechos de la Fatarella, durante la Guerra Civil.
—La publiqué en el 2008: El secreto del brigadista. Está ambientada en los hechos de la Fatarella, de los cuales se han cumplido ochenta años [conflictos violentos ocurridos en enero de 1937 a consecuencia de la resistencia de sus habitantes a los intentos de colectivización de sus tierras]. Mi padre estuvo por qué Lluís Companys lo envió a sembrar concordia. Fests como aquellos te indican qué puede pasar cuando no hay diálogo. Mi padre siempre decía que, sin diálogo, las cosas acaban mal.
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