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Jordi Dalmau i Toni

'El elixir de la vida' lo fabrica un tarraconense

Jordi Dalmau y Toni Sánchez en una feria promocionando la bebida.

Christel Torres
El te fermentat Kombutxa.

'El elixir de la vida' lo fabrica un tarraconense

El té fermentado Kombutxa.

Christel Torres

'El elixir de la vida' lo fabrica un tarraconense

El té Kombutxa tiene orígenes asiáticos y Jordi Dalmau lo introdujo al país después de descubrirlo a causa de un síndrome que sufre

Actualizada 10/10/2016 a las 15:05

«Cerveza, vino, vinagre, chocolate, pan. Los productos fermentados son muy habituales en nuestra dieta, pero a menudo nos olvidamos». Así es como el tarraconense Jordi Dalmau empieza la descripción del té Kombutxa, una bebida orgánica que comercializa desde abril de 2016. «Hace 2.200 años que se conoce. Sus orígenes se encuentran en el Asia, en la zona donde ahora está Corea, y entonces decían que era el elixir de la vida». Y es que el Kombutxa es un té fermentado que tiene muchas propiedades terapéuticas para el organismo.

La historia de Dalmau con esta bebida se inició gracias –o a causa- al síndrome de Gilbert, una variación genética que afecta a la manera en que el hígado procesa la bilirrubina. Esta variación crea cierto malestar general en el organismo que no tiene cura. Pero sin embargo, algunos alimentos pueden hacer que estas molestias se minimicen o incluso desaparezcan. El médico recomendó a Jordi Dalmau que probara bebidas fermentadas como el kéfir y el kombutxa. «El kéfir fue muy fácil de encontrar en las tiendas especializadas, pero el kombutxa no hubo manera», explica. Es por eso que decidió investigar sobre esta segunda bebida. ¿Qué era? ¿Cómo es que las tiendas no lo vendían?

Finalmente decidió hacer la bebida en casa para probar sus efectos, y la sorpresa fue mayúscula en notar que las molestias desaparecían rápidamente. Su hígado seguía –y sigue- procesando más lentamente ciertas moléculas, pero el malestar era prácticamente inexistente desde que había empezado a tomar el té fermentado, en septiembre de 2014: «Pareció que me sacaba una mochila que pesaba mucho de encima», describe Dalmau. Y es que según explica, antes de conocer la bebida se tenía que tomar ibuprofeno de forma regular para calmar el malestar, pero el 31 de diciembre de 2014 se tomó la última pastilla, justo coincidiendo con la primera vez que probó el kombutxa. «Ya no tengo necesidad», afirma.

Sabor avinagrado
A partir de aquí, dejó probar la bebida a los amigos y familiares, y la respuesta de éstos solía ser siempre positiva: «Me traían botellas vacías y yo se las llenaba». Aunque el gusto asegura que al principio era bastante fuerte, «muy avinagrado». A partir de aquí, Dalmau comprobó que en el mercado del país sólo había kombutxa de importación -y es que la bebida es bastante conocida en Rusia y en países del este desde principios de siglo XX. En cambio, en el estado empezó a llegar a mitades de siglo, pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial frenó su internacionalización.

Ingeniero de profesión, después de seguir investigando conoció, a principios de 2015, a Toni Sánchez, enólogo que trabajaba en Nueva Zelanda y que, curiosamente, estaba familiarizado con la bebida porque es muy popular en el país oceánico. A partir de aquí empezaron a buscar la manera de producir la bebida a gran escala e introducirla en el mercado del país.

Retos para mejorar la bebida
«El principal reto fue fabricar una bebida con propiedades beneficiosas pero que al mismo tiempo fuera buena de sabor». Así pues, empezaron a trabajar con este objetivo a principios de 2015, y en abril de 2016 vendieron la pirmera botella. «Hemos conseguido adaptar la receta para que la bebida se conserve mejor, y hemos hecho un sabor más ligero». Y con respecto a los clientes, asegura que el recibimiento está siendo muy bueno. Ya sea en personas que, como Dalmau, tienen problemas en el hígado y el kombutxa les calma el malestar, o no, esta bebida se está incorporando en los hábitos alimenticios de cada vez más personas.

El kombutxa ya se distribuye en una cincuentena de establecimientos de toda Cataluña e incluso en algunos de Madrid, Menorca y la Comunidad Valenciana. «También hemos estado hablando con países nórdicos de Europa que quieren importar el producto, y es que allí es más conocido, pero sin embargo no hay muchas marcas». De todos modos, también se puede encontrar online en su página web. Mercè Pérez, mujer de Jordi Dalmau, también forma parte de la empresa, que tiene el obrador en Organyà, en Lleida: «Después de hacer varias pruebas en el proceso de fabricación comprobamos que allí había la mejor agua para el kombutxa».
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