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«Ha crescut la fuga de bandera de les embarcacions recreatives»

«Ha crecido la fuga de bandera de las embarcaciones recreativas»

La capitana és llicenciada en Nàutica i Transport Marítim i també en Dret.

«Ha crecido la fuga de bandera de las embarcaciones recreativas»

La representante explica que varias naves dedicadas al ocio se han dado de baja para ir a países donde los requisitos de seguridad son menores

Actualizada 19/08/2016 a las 21:41

¿Cuál es el día a día de Capitanía Marítima? ¿Qué funciones llevan a cabo?
—Hace un año y medio que soy capitana marítima en Tarragona, aunque llevo desde el 2006 en este ámbito. Dependemos del ministerio de Fomento y de la Dirección General de Marina Mercante y desarrollamos tareas relacionadas con la inspección de barcos, trabajamos en toda la provincia marítima.

—¿Cuántos inspectores se necesitan, uno para cada puerto?
—No, diversos, en función de la actividad de cada puerto. Aquí tendríamos que tener una plantilla mayor, pero estamos en vías de solucionarlo. Actualmente contamos con dos coordinadores, un jefe de seguridad, otro de inspección y también dos inspectores y un subinspector. Estamos pendientes de conseguir dos plazas más, que podrían llegar de caro en noviembre o en diciembre. Los inspectores evalúan tanto barcos de bandera española como de extranjera, ya sean de pesca, mercantes o remolcadores de tráfico interior, para darles el certificado que garantiza que han superado todos los controles de seguridad.

—¿Es habitual inspeccionar también las embarcaciones extranjeras?
—Con respecto a las embarcaciones extranjeras, nos regimos por el convenio que llamamos MUEVE (memorandum of understanding), de París, que es un compromiso al cual llegó España con varios países extranjeros para proceder a estas inspecciones. Comprobamos que lleven los certificados al día y que cumplan con las exigencias de seguridad y también las condiciones laborales marítimas.

—¿Ha crecido el número de sanciones en los últimos años?
—No, se han mantenido. Las sanciones económicas dependen de cada caso, pero por ejemplo, si a la embarcación faltan las bengalas o llevas el material de seguridad caducado, podemos hablar de una multa de al menos 1.000 euros.

—¿Cree que las tripulaciones están realmente concienciadas?
—Sí, normalmente la gente lo lleva todo en regla. A veces, te piden prórrogas o una ampliación de los plazos con respecto a las exigencias de la ley. Estas peticiones se han notado con la crisis. Otra de las tareas que desarrollamos es el registro de fuselajes.

—¿El número de embarcaciones recreativas ha crecido?
—No, ha crecido la fuga de bandera. En los últimos años, hemos detectado que hay muchas embarcaciones que se habían registrado en España que ahora se dan de baja, bajan la bandera, y se van a países como Bélgica u Holanda porque los impuestos que tienen que pagar y los requisitos de seguridad que se piden son menores. Parece que, en estos países, son menos estrictos. Nosotros nos ocupamos de hacer el primer certificado de las embarcaciones de esparcimiento|recreo, mientras que las inspecciones las tenemos transferidas a entidades colaboradoras.

—¿Se puede hablar de una moda hacia las embarcaciones recreativas?
—Creo que la gente que se dedica a la náutica de recreo lo ha querido promocionar y, a nivel local, ha habido un boom en las actividades de playa. Nuestro trabajo es dar permisos de funcionamiento.

—En caso de que una embarcación tenga problemas en el mar, ¿qué competencias tienen?
—Por ejemplo si un barco tiene problemas, nuestro trabajo es dirigir las actuaciones de Salvamento Marítimo, que vela para salvar la vida humana. Ponemos todos los recursos disponibles con el fin de evacuar tripulantes, apagar un incendio o con el fin de evitar que eso pase. También decidimos si una embarcación accidentada tiene que entrar o no a puerto.

—¿Cuál es su actuación ante casos de abandono de embarcaciones o motines?
—En Tarragona nos hemos encontrado casos en que es el armador quien abandona la embarcación porque no ha pagado a la tripulación. En casos como estos, intentamos hacer de mediadores y procurar, sobre todo, que el barco no quede en situación de abandono, ni que suponga un peligro. Intentamos siempre hablar con el capitán y ver si tiene cubiertas las cuestiones de seguridad, que tengan una tripulación mínima y no abandonen el barco. Ellos tienen un problema personal, pero para nosotros es una cuestión laboral. De hecho, muchas veces nos llegan las quejas directamente de la ITF, la Federación Internacional de Trabajadores.

—En clave personal, ¿es la primera capitana marítima?
—No, ya hay una capitana marítima en Palamós, pero en Tarragona sí que fui la primera. Entré en marzo del año pasado, en sustitución de Óscar Villar.

—¿Todavía es una profesión de hombres?
—Tradicionalmente ha sido un trabajo de hombres, entre otras cosas porque hasta los años ochenta, o un poco más adelante, no dejaron estudiar náutica a las mujeres. Entonces era más bien un oficio, no una carrera universitaria.

—¿Se ha sentido discriminada en alguna ocasión?
—Sí, he vivido momentos de discriminación. Pero mientras estuve navegando, cerca de diez años, tuve bastante suerte. Existe la vertiente machista, pero sufrí más la paternalista. La idea esta de «ya lo hago yo», por ser hombres, y tener que luchar por hacer tu trabajo. No hay nada que no se pueda hacer por el hecho de ser mujer.

—Con el cargo de primer oficial o capitán marítimo, ¿se nota más?
—Creo que la ventaja de los barcos es que la jerarquía está muy clara. El respeto se mantiene, pero no deja de ser difícil porque, como mujer, tienes que demostrar mucho más para que confíen en ti.
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