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L'Elisa Suárez i la Mercè Azcona treballant a l'únic restaurant vegà de la ciutat, El Vergel.

¿Qué hay detrás de un filete de cerdo?

L'Elisa Suárez i la Mercè Azcona treballant a l'únic restaurant vegà de la ciutat, El Vergel.

¿Qué hay detrás de un filete de cerdo?

Dos jóvenes veganas aseguran que en Tarragona hay poca oferta para seguir con este estilo de vida
  • Carla Pomerol

Actualizada 03/08/2016 a las 21:35

Mercè Azcona y Elisa Suárez son dos jóvenes, vecinas de Tarragona y unidas por una manera de vivir: el veganismo. Mercè hace dos años que es vegana y Elisa, 5. Antes, sin embargo, eran vegetarianas. La diferencia entre ser vegano y ser vegetariano es que, el primero es un estilo de vida que excluye todas aquellas prácticas de explotación y crueldad hacia los animales. Los veganos no comen ni pescado, ni carne, ni huevos, ni leche, ni miel. Tampoco se visten con ropa hecha con piel de animal y están en contra de los espectáculos con toros y de las exhibiciones de animales en los zoológicos. En cambio, el vegetariano es aquel que se sirve de productos vegetales; sólo se refiere a la dieta.

Por norma general, aquellas personas que son veganas empezaron siendo vegetarianas. Mercè y Elisa lo tienen muy claro: «No quieren ser cómplices de la crueldad con que se tratan los animales», explican. Mercè se adentró en este mundo cuando vio, a través de las redes sociales, unos audiovisuales que mostraban la cruda realidad de los animales. «Ver cómo las vacas lo pasan mal cuando se los sacan la leche o lo que llegan a sufrir los cerdos, me hizo abrir los ojos. Pensé que yo no quería formar parte de este circo», explica Mercè. En cambio, Elisa, desde bien pequeña, «ya veía cosas raras», explica. Pero no le gustaban las verduras, hasta que, durante sus estudios de cocina, se dio cuenta de la gran variedad de recetas que se pueden hacer con los vegetales. «Entonces me decidí», dice.

Sea como sea, las dos jóvenes cambiaron de vida y, actualmente, trabajan en el único restaurante vegano de Tarragona, El Vergel, ubicado en la calle Major. Este cambio fue lento. «Primero cambié la leche por soja y después dejé de comer huevos y queso», explica Mercè.
Según comentan, ser vegano en Tarragona es complicado. El problema llega cuando tienen que ir a cenar a fuera. «En esta ciudad hay muy poca oferta comparado con otros», explica Elisa, que viene de Madrid. Aun así, Tarragona disfruta de cuatro o cinco establecimientos que cocinan para los veganos: El Vergel, En el Natural, el Entremolles, el Bocois, Cal Verdaguer i Hot Dog. Insuficientes para Mercè y Elisa, que tienen la esperanza de que la oferta se amplíe.

La dieta de las dos jóvenes consta de cereales, verdura y legumbres. De vez en cuando, se pueden permitir el lujo de comida un poco de tofu o de seitan. Pero estos productos son más caros y, además, es complicado encontrarlos en Tarragona, ya que no hay ninguna tienda especializada en comida vegana en la ciudad.

Las dos jóvenes comentan que la dieta actual es mucho más sabrosa y variada que la de antes, en la que normalmente siempre comían las mismas cosas. «Existen sustitutos para casi todos los productos animales: carnes vegetales, leche de soja, avena, etc., explica Elisa. Con respecto al tema económico, las dos coinciden en que ahora gastan menos que antes.

Para las dos jóvenes, su decisión es una manera de estar comprometidas con la sociedad. «Para mí ser vegana significa tener respeto hacia todo el mundo», expresa Elisa. «La gente cierra los ojos ante las injusticias que se cometen con los animales y sigue con su vida por comodidad», dice la Mercé. Tanto una como la otra, aseguran que sus vidas han cambiado hacia mejor. «Siento que tengo una causa por la cual luchar y no me siento parte de una cosa que la masa hace ciegamente, sin sentido», explica Mercè. Por otra parte, Elisa ha dado un giro a su vida y, actualmente, está muy involucrada con el santuario de animales, ubicado en Marçà. «Nunca me hubiera imaginado que los cerdos fueran tan afectuosos. La gente se come un filete y no se para a pensar en todo lo que hay detrás», dice Elisa.

El miedo
Muchas personas tienen miedo a la hora de adentrarse en el mundo del veganismo. Las leyendas urbanas que giran en torno a la falta de vitaminas o la falta de información son algunas de las causas. Mercè aconseja a todos aquellos que quieran ser veganos, que vayan dejando de tomar los alimentos de manera gradual. Por otra parte, las dos jóvenes tarraconenses quieren enviar un mensaje a las personas con miedo: «Nosotros hace años que no comemos productos animales y cada vez que nos hacemos un análisis de sangre, sale perfecto».
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