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Imatge d'arxiu. La Junta va aconseguir entre d'altres, dotar el barri d'asfalt i enllumenat o eliminar la riera de vessaments tòxics.

Río Clar: símbolo del activismo y la reivindicación vecinal

Imagen de archivo. La Junta consiguió entre otros, dotar el barrio de asfalto y alumbrado o eliminar la riera de derrames|vertidos tóxicos.

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Riu Clar: símbolo del activismo y la reivindicación vecinal

Ángel Juárez relata las luchas que ganaron desde la asociación, durante 20 años

Actualizada 27/07/2016 a las 21:27

El barrio de Riu Clar nació de unos bloques de viviendas sociales construidas en los últimos suspiros del franquismo. No había ni calles, ni aceras y las luces no funcionaban. «A las cinco de la madrugada mi mujer tenía que salir de casa para ir a trabajar, y yo lo tenía que acompañar con una linterna, porque no se veía nada», recuerda a Ángel Juárez, presidente de la asociación de vecinos durante 20 años, y ahora insigne pregonero en las fiestas del barrio que dan el pistoletazo de salida este jueves. En los años 70 todo estaba por hacer en aquel cúmulo de bloques de familias jóvenes, venidas desde varios puntos de España. «Estábamos en unas condiciones muy deficientes, era tercermundista», asegura Juárez. Rápidamente se creó la asociación de vecinos, pero no acabó de funcionar. Fue entonces, a mediados de la década, cuando este granadino se decidió a dar el paso adelante para presidir la entidad. Cuando estaba al sindicato en la época del Franquismo aprendí mucho de organización. Estaba preparado para ser representante vecinal», recuerda. Así que, con 21 años, casado y con un hijo, se lanzó a la complicada arena del activismo vecinal. Juárez y su junta vieron claro que la única forma de enganchar a todo el mundo a la entidad era haciéndola absolutamente horizontal, «todo lo decidíamos por asambleas. Sí que funcionan, pero la gente tiene que estar bien organizada. Teníamos que enseñarles sus derechos y que verdaderamente creyeran a que eran ciudadanos con derechos. No gente sin más», razona a este veterano activista.

Con el fin de garantizar una comunicación rápida y eficaz entre los más de 2.000 habitantes del barrio –en una época en la cual no existían ni los teléfonos móviles ni los grupos de Whatsapp- Juárez hizo instalar unos altavoces por todo el perímetro de Riu Clar. «Cuando había un problema, cogía el micrófono que tenía en mi despacho de la asociación y convocaba una asamblea urgente. En una hora estaban ya todos los vecinos abajo», asegura Juárez.

La unión hace la fuerza
Riu Clar actuó durante muchos años como una piña compacta, todos los vecinos en una para conseguir lo que querían. Fue el primer barrio de España al denunciar por la vía judicial al Estado y a la Generalitat –a esta última le acababan de transferir las competencias de vivienda– por las deficiencias de construcción de los bloques de pisos. Tenían graves problemas de humedades. Era una época donde a la mayoría de grandes ciudades del Estado se replicaba al milímetro este modelo constructivo, y Riu Clar fue el primero a hacer saltar la liebre. Delante de la previsible catarata de demandas de otros barrios, la Generalitat decidió costear las reparaciones del de Tarragona. ¡«Arreglaron todo el barrio, todo estaba lleno de andamios»!, recuerda satisfecho al activista. Fue el primer gran triunfo de Riu Clar que, con el paso del tiempo, se acabaría convirtiendo en un referente de la lucha vecinal a la provincia, pero también a nivel de Cataluña. «Éramos punta de lanza. Lo revolucionamos todo», asegura Juárez.

Después vendrían otras reivindicaciones, de las que también conseguirían salir victoriosos: la canalización de la riera con vertidos tóxicos que producía asma y problemas respiratorios a casi la mitad de la población del barrio, la suspensión del aumento del coste del catastro municipal, el control de los vehículos de materias peligrosas que pasaban junto a Riu Clar o el soñado polideportivo con dos flamantes pistas de squash, en aquella época donde las clases populares no tenían acceso a esta práctica deportiva.

«Cuando había que recoger firmas, se formaba una cola desde nuestro local hasta la plaza. Si hacía falta, íbamos casa por casa para recoger alegaciones», rememora este símbolo de la movilización ciudadana. La forma de actuar de Juárez y el vecindario, que le daba apoyo masivamente, desconcertaba a los políticos y también a otras entidades vecinales, que según asegura Juárez, no tenían más remedio que seguirles el ritmo. «Todo el mundo quería venir a nuestro barrio a hacerse fotos, todos los políticos se querían poner detrás de nuestra barra cuando hacíamos las fiestas del barrio», rememora el activista.

Fiestas para unir a los vecinos
A pesar de los triunfos colectivos que iban sumando, Juárez y su junta también tenían que cuidarse de mantener la armonía de puertas adentro en Riu Clar. Las fiestas de verano eran el mejor momento para reafirmar el sentimiento de todos en una. Sabían perfectamente que se producían disputas y discusiones entre vecinos así que inventaban actividades para colocar dentro del programa de fiestas, donde un bloque al completo, trabajara unido. Les funcionaba. Esta fama de barrio obrero y luchador, y la insistencia, atrajo a Riu Clar a grandes mitos de la música, como Rosendo o Sabina, o grandes grupos de heavy metal. «No cobrábamos nada a los vecinos, quería que la gente de Riu Clar tuviera acceso a las mejores actuaciones», indica Juárez.

Por todos estos motivos, y más, este carismático portavoz vecinal, ahora responsable de la ONG ecologista Mare Terra Fundación Mediterránea y de la Coordinadora de Entidades de Tarragona, será el encargado de empezar las fiestas de su querido barrio.
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