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Els veïns de Parc Riu Clar denuncien la deixadesa que pateix el barri

Los vecinos de Parc Riu Clar denuncian la dejadez que sufre el barrio

Hay aceras de una misma calle que, por el lado de la Albada, están cuidadas, y por el lado de Parc Riu Clar tienen las baldosas arrancadas y sin vegetación plantada.

Els veïns de Parc Riu Clar denuncien la deixadesa que pateix el barri

Los vecinos de Parc Riu Clar denuncian la dejadez que sufre el barrio

Hay aceras de una misma calle que, por el lado de la Albada, están cuidadas, y por el lado de Parc Riu Clar tienen las baldosas arrancadas y sin vegetación plantada.

Els veïns de Parc Riu Clar denuncien la deixadesa que pateix el barri

Los vecinos de Parc Riu Clar denuncian la dejadez que sufre el barrio

La acera que rodea la Albada se acaba al llegar a Parque Riu Clar.

Los vecinos de Parc Riu Clar denuncian la dejadez que sufre el barrio

Se sienten despreciados por el Ayuntamiento con respecto a otras zonas muy próximas, como la Albada, donde hay más mantenimiento

Actualizada 07/06/2016 a las 00:38

Misma calle, mismo diseño de aceras, pero dos mundos bien diferentes: En el lado de la calle Carabia que pertenece al barrio de la Albada, las baldosas están limpias y los agujeros para vegetación tienen plantas. En el lado de Parc Riu Clar, las baldosas no es que no estén limpias, de hecho es que están rotas o directamente empiezan a desaparecer de su lugar. Las que todavía aguantan bien sujetas, están invadidas de malas hierbas. El espacio destinado para la vegetación es de una dimensión idéntica, pero aquí directamente no se ha plantado nada, la flora crece como quiere, mientras a menos de 50 metros, un operario de jardinería se apresura a retirar las hojas secas de las especies  plantadas (en la misma vía pero en la zona de la Albada). «Sabemos que los vecinos se quejan de esta diferencia, algunos me lo dicen, pero yo no puedo hacer nada, es el Ayuntamiento quien tiene que poner dinero para plantar más plantas en aquel lado, yo no tengo ningún problema al ir también allí a cuidarlas», explica el trabajador a Diari Més.

El malestar entre los vecinos se incrementó todavía más cuando, con la construcción del nuevo puente que comunica con Torreforta, se los mostró un proyecto donde los arcenes y las zonas muertas de los accesos aparecían verdes, con vegetación. Finalmente no fue así. «Lo único que hicieron fue poner piedras para llenar los espacios, que les sale más a cuenta. Hemos sido nosotros mismos los que hemos ido a buscar algunas plantas y las hemos ido colocando», comenta la presidenta de la asociación de vecinos de Parc Riu Clar, Josefa Rodríguez.

En el otro extremo del barrio, el más próximo a Constantí, pasa algo parecido, o quizás todavía más surrealista: En la calle Baró Pierre de Coubertin hay una amplia acera que rodea toda la zona de pinos del barrio de la Albada, pero que al llegar a Parc Riu Clar, donde también sigue el campo de pinos, se acaba repentinamente. Allí empiezan las malas hierbas, los desperdicios y las promesas incumplidas del equipo de gobierno municipal. «Hace cuatro años nos reunimos con el alcalde Ballesteros para explicarle los problemas del barrio, y nos sorprendió porque fue él mismo quien nos planteó que sería una buena idea hacer una pequeña zona de recreo, entre los pinos, con mesas, para poder ir a comer. Incluso se planteaba la apertura de un pequeño quiosco», decía la presidenta.

Tampoco se ha tenido en cuenta, todavía, una pequeña reclamación que se extiende ya siete años. «Han pasado tres juntas directivas por la asociación de vecinos y todavía ninguno hemos conseguido que nos pongan una farola en medio de nuestro parque (el de la calle Mas de Menció). Hay algunas luces por los alrededores, pero no en el interior y cuando se hace oscuro a la gente no le gusta estar, queda muy oscuro y hace un poco de cosa. Es un barrio con muchas personas mayores...», explicaba Rodríguez. Por este pequeño distrito anexo a la T-11 de poco más de 300 habitantes han ido pasando a lo largo de los años muchos concejales, pero según explica la vicepresidenta, Mari Mar Puerta, «vienen, se lo apuntan, hacen fotografías, prometen que actuarán pero nunca hacen nada».

Con todo, la lucha que estos días los tiene más activos es, la de la retirada de la valla publicitaría de 17 metros, situada en un solar vacío del barrio. El último paso lo han dado precisamente esta última semana, exigiendo al Ayuntamiento que obligue al propietario a cerrar el perímetro del terreno y a limpiarlo.
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