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«Sóc 'fill' de la guerra i les peripècies del Groc»

Víctor Amela, con un ejemplar de 'La hija del capitán Groc', en la librería La Capona.

«Soy hijo de la guerra y las peripecias del Groc»

El periodista y escritor Víctor Amela presenta su última novela 'La hija del capitán Groc' en la librería La Capona

Actualizada 07/04/2016 a las 09:23

Con toques de 'western' pero que habla de emociones universales. Así presenta el periodista y escritor Víctor Amela su última novela, 'La hija del capitán Groc'. El relato, que le ha valido el Premio Ramon Llull, explica la lucha de Tomas Penarrocha, un bandolero de la zona del Maestrat que luchó a ultranza durante las Guerras Carlistas en contra del ejército liberal español. Acaramela ha estado en Tarragona para presentarla al público en un acto organizado en la librería La Capona.

—La historia del Capitán Groc está basada en un personaje real. ¿Cómo la conoció?

—Cuando era pequeño, veraneé en este pueblecito pequeño que se llama|dice Forcall, que está a 15 km de Morella. El año 1968, cuando yo tenía 8 años, el pueblo estaba prácticamente aislado. Para llegar desde Barcelona, tenías casi un día de viaje con el 600. Era un lugar muy remoto y aislado, en el espacio y en el tiempo. Un niño me explicó las aventuras de una especie de héroe que se llamaba el Groc que siempre se escapaba de los soldados cuando estaban a punto de escaparlo.

—Porque decide escribir ahora esta historia?
—Pensaba que era una invención, un personaje legendario. Años después, cuando empiezo a comprar libros e informarme sobre la comarca porque quiero investigar mis raíces, me encuentro el Groc vivió realmente en el Forcall y que plantó cara al ejército liberal español. Encontré un manuscrito hecho por el yerno del Amarillo, donde relataba de primera mano todas las aventuras. Con este material de primera, vi que este héroe ultralocal que lo conocen todas las familias de Forcall tiene toda la materia de los grandes héroes literarios. Y siento el mandato, que supongo que proviene de mi genética y del hecho que mis antepasados que convivieron con el Groc, de hacer esta novela.

—Se podría decir que el Groc es una especie de Robin Hood del Baix Maestrat?
—Tiene elementos que son de Robin Hood. Ayuda a los campesinos más humildes, dándoles dinero que consigue en atracos. Estos robos, sin embargo, no los vive como un criminal. De hecho, se pelea con mucha gente cuando lo acusan de ratero y defiende que es un guerrillero, un luchador por un mundo mejor, I lo cierto es que, cuando hace un secuestro o un atraco, hace un recibo que certifica la voluntad de restituir el dinero cuando triunfara su causa. A pesar de eso, las autoridades lo ven como un bandolero y hoy en día lo podemos considerar como las dos cosas. Esta ambivalencia es lo que le da la grandeza como personaje literario.

—Ha insistido en el hecho que la novela no sólo es bélica sino también romántica. ¿En qué sentido?
—Es romántica por muchos factores. Uno de ellos es la escenografía. Los Puertos de Morella son una tierra agreste, que da un tipo de personas como el Amarillo, gente muy firme, muy arraigada y defensora de unos valores tradicionales, que actualmente pueden parecer muy anacrónicos. Es romántica también por las relaciones intensas entre los personajes. Hay pasiones, amistades, momentos de ternura, y también traiciones. Son emociones universales. Todo eso se combina con mucha aventura. Podría ser casi un ‘western’. Si estuviéramos en América, habríamos hecho muchas películas sobre estos héroes locales tan tozudos que atracan por una causa idealista.

—Sus dos novelas anteriores también son históricas. ¿Se siente cómodo en este género?
—Seguramente es una reacción al hecho de ser periodista y de estar tan enganchado a la actualidad. Todos tenemos necesidad de soñar, de evadirnos y de viajar a otros lugaresy tiempo. Me libera encontrarme a la edad media, con ‘El Cátaro imperfecto’, o a la Roma d'August. Se me abren unos horizontes de libertad espiritual para explicar historias que nos hagan soñar.

—La revolución está presente en las tres obras. ¿Por qué?
—Es inconsciente, pero siempre hay personajes que quieren construir un mundo diferente. En este caso, el Groc es un revolucionario reaccionario que quiere preservar el mundo de una oleada que lo acarreará todo, que es el capitalismo. Pero es un perdedor, porque todo indica que está entregado a la derrota. Ahora bien, eso no le hace bajar la cabeza. Él sospecha que acabará mal, pero le parece todavía más indigno rendirse. O vencer o morir. Este es el camino que escoge.

—Es muy intenso.
—Y fascinante como literato. En la vida real, no querría conocer a nadie así, pero como novelista es muy atractivo, porque a todos nos fascina a la gente que hace cosas un poco locas.

—Documentarse ha sido una tarea costosa?
—Ha sido muy bonito porque he juntado la tradición oral que todavía se explica en torno a las chimeneas del Forcall. Después, he vertido todas las sensaciones que he vivido estando allí, como el sabor de la cuajada, la vista de los tejados, los olores de los animales, etc. He tenido el privilegio de ver el final de un mundo que venía de centenares de años antes.

—Al final hay una parte muy personal.
—La base y los personajes son todos reales y el resto lo pongo yo por experiencia personal, por este vínculo genético con los antepasados y en particular con mi bisabuelo y mi abuelo. Este último emigró a Barcelona después de que las guerras carlistas arruinaran la comarca. Yo soy, de alguna manera, hijo de estas peripecias. Soy hijo de la guerra del Groc. Si el lector quiere saber cosas de mí y de mi origen, aquí encontrará muchas explicaciones.

—Es el primer libro que escribe en catalán. ¿Por qué?
—Empecé a escribirlo en castellano, como las otras novelas, pero cuando estaba escribiendo, oía el forcallan que había escuchado de niño, cuando mi padre hablaba con sus parientes. Es un catalán muy especial, con muchos localismos; un catalán que Joan Coromines describió como el más genuino y más puro que había escuchado nunca. Lo cierto es que me desafié a mí mismo a escribirlo en catalán.

—Ha tenido ya feedback de la gente del Forcall y alrededores?
—Todavía no he osado ir, pero sólo hace un mes que ha salido la novela. Y he quedado con el alcalde, que me ha ayudado a la hora de ubicar localizaciones y que está emparentado con el Groc y con los Amela, que en verano haremos una presentación y allí veré las impresiones y las reacciones. Todavía ahora, hay familias que son descendientes del Groc, pero también hay personas que se enfrentaron contra él. Si hay gente que vive como si fuera anteayer la Guerra Civil, en Forcall viven como si fuera anteayer las Guerras Carlistas.

— 'La hija del Capitán Groc’ le ha valido el Premio Ramón Llull. ¿Qué significa para Usted el galardón?
—Es un honor y un gran orgullo. Cuando uno escribe una historia, la ambición es compartirla con el máximo número de lectores posibles. Y que desde el inicio cuentes con el empuje y el soporte de unos premios tan distinguidos como estos, implica salir con unos metros de avanzadilla.
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