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«Acabar la nostra gira a Tarragona fa respecte, però també il·lusió»

Lluis Gavaldà en las escaleras de l'Arborç.

Cristina Aguilar

«Acabar nuestra gira en Tarragona impone respeto, pero también ilusión»

La formación de Constantí cierra esta noche la gira de cámara TresPuntZero en el Teatro Tarragona
  • Cristina Serret

Actualizada 31/03/2016 a las 22:29

— La gira tenía que acabar en Barcelona el mes de diciembre, pero se ha ido alargando hasta hoy, que la cerráis en Tarragona...
— Somos gente sin palabra. Lo que ha pasado es que fueron saliendo propuestas nuevas y no hemos sabido decir que no. Y además, nos han pedido tocar en lugares donde nos hacía ilusión pasar antes del ‘parón’, y por eso continuamos. Espero que la gente nos disculpe por esta falta de seriedad, pero también es bonito acabar en Tarragona, nos hace ilusión. Impone un poco de respeto, pero por otra parte es bonito acabar con un concierto de estos, donde tienes un poco de responsabilidad.

—Esta gira también os ha llevado a escenarios donde no habíais tocado nunca, a pesar de hacer treinta años que giráis, como el Fortuny de Reus, o el mismo Teatro Tarragona.
—Estamos haciendo cosas nuevas, tiene mucho mérito eso. A veces cuesta encontrar cosas que no hemos hecho todavía, y apetece mucho. Esta también es la idea del concierto de cámara, que es una cosa que no habíamos hecho nunca, tocar de manera estable con un cuarteto de cuerda y vientos. Te tienes que buscar nuevos alicientes, porque si no, la rutina a los treinta años es peor que el óxido, se lo come todo.

Te tienes que buscar nuevos alicientes, porque si no, la rutina a los treinta años es peor que el óxido, se lo come todo.


—Hoy llega el final de esta gira. ¿Qué sensaciones os ha dejado?
—Siempre que se acaba una gira tienes una sensación un poco extraña. A la mitad tienes ganas que haya un punto final, pero cuando se acaba piensas, «Ay, seguro que acertamos?. Pero yo estoy bastante convencido de que hacemos bien de parar, llevamos dos años y medio girando sin cesar, empalmamos la gira del ‘Area petita’ con esta... Tienes que dejar descansar al público, en un territorio tan pequeño como el nuestro si no  paras al final acabas siendo el típico amigo plasta que viene a casa sin que lo hayas invitado y no hay manera de echarlo. Y no queremos llegar a este punto. Por otra parte la experiencia de la gente ha sido muy bonita, porque al ser una gira nostálgica ha venido un público intergeneracional, mucha gente que ha crecido con nosotros, y muchas veces acompañados de gente que está creciendo con nosotros, y eso es bonito.

—Como comentabas habéis sido acompañados de una orquesta de cámara. La sensación que das es que te lo estás pasando muy bien.
—Mucho, ha habido momentos en que incluso me entraban ganas de parar, bajar y escucharlo. Es como si hicieras un muñeco, como buenamente puedes, y alguien lo vistiera muy bonito. El envoltorio es tan bonito que incluso te crees que sabes hacer canciones buenas. Pero es una cosa que no se puede hacer a menudo porque es muy cara, comporta muchos músicos, por eso tenía que estar en una efeméride muy importante. Además, lo queríamos hacer ahora, porque el cancionero de nuestros últimos discos es muy adecuado para este formado. Veníamos de hacer una gira de verano muy lúdica, para bailar, y para compensar decidimos hacer como una pasarela de moda otoño-invierno de Els Pets, una cosa más solemne.

Veníamos de hacer una gira de verano muy lúdica, para bailar, y para compensar decidimos hacer como una pasarela de moda otoño-invierno de Els Pets, una cosa más solemne.


—Y gravar un disco con este trabajo es también un deseo hecho realidad?
—Fue una idea sobre la marcha. Ensayando nos gustó mucho como sonaba y dijimos que estaría bien registrarlo, pero tampoco teníamos el tiempo ni el presupuesto para hacerlo. Así que lo hicimos en plan ‘punki’: al día siguiente de un concierto en Girona nos quedamos allí mismo en el Auditorio, hicimos dos tomas de cada canción y tal cual quedaron las registramos. A mí ya me gusta que sea real, que suene tal cual, con algunas cagadas, mías la mayoría, pero ha quedado divertido.

—Te he oído explicar que dentro de treinta años os veis tocando desde la residencia de ancianos...
—Me veo en la residencia, seguro. Con los 'cuartos' que hemos hecho, gracias a estar subvencionados por la Generalitat, hemos comprado una planta de la mejor residencia, y será una planta exclusiva para nosotros tres. Como somos de la misma quinta estaremos juntos, y nos pasaremos el día explicando batallitas a las enfermeras, también les miraremos los muslos cuando pasen, pero básicamente los explicaremos que éramos famosos, que tocábamos, y cantaremos canciones los tres, moviendo la cabeza. Este es un final ideal para dentro de treinta años. Porque pensar es un gasto inútil, porque la vida te cambia de un día para otro, y dentro de treinta años... ¿Espero que tengamos una pensión de la Generalitat por los servicios prestados, es lo mínimo que nos merecemos, o no? ¿Si a Núria Feliu se le dan, no me la darán a mí?

—Cómo será el concierto de esta noche?
—Será un concierto muy bonito, bonito porque sí. Es como una especie de repaso, pero con trampa, porque son Els Pets del siglo XXI, desde ‘Sol’ hasta hoy, que es con lo que nos sentimos más cómodos. No hay mucha nostalgia, esta la hemos dejado para la gira de verano. En el concierto de esta noche hay una recopilación subjetiva de las canciones que nos gustan más de los últimos cinco discos, que es cuando maduramos. Sobre este material Joan-Pau Chaves ha hecho unos arreglos para cuerda y viento, y eso hace que tenga una sonoridad diferente. Queríamos que fuera muy austero, sencillo, que sonaran las canciones y ya está. Eso sí, al final tocamos ‘Bon diaa’, que la gente no sufra, porque si no lo hacemos nos darán collejas hasta llegar a casa.

Al final tocamos ‘Bon dia’, que la gente no sufra, porque si no lo hacemos nos darán collejas hasta legar a casa.


—Después de este concierto tenéis previsto hacer un parón. ¿Es una necesidad creativa, física o vital?
—De todo un poco. Es una parada para cambiar de aires y empezar a plantearnos un nuevo disco. No haremos aquello tan típico de decir que terminamos para después volver y hacer mucho dinero, la idea es parar un año, o un año y medio, hasta que haya bastantes canciones que estén bien, y entonces plantearnos cómo las presentamos. Y aprovecharemos esta parada para hacer cosas cada uno por su cuenta, personales y vitales. Esta es la idea.
 
El próximo domingo 3 de abril el festival Minipop empieza a calentar motores con el concierto ‘Trau juega con los clásicos’, con Lluís Gavaldà.

—Cómo se gesta esta propuesta?
—Este concierto es la típica prueba que a veces haces planes a largo plazo y después se van al garete. Mi idea era terminar al acabar la gira. Yo no soy de tocar en muchos proyectos, toco con Els Pets, y cuando acabo lo último que tengo ganas de hacer es música. Me gusta hacer cualquier otra cosa: escribir, hacer artículos, radio... Pero desde el festival Minipop me propusieron hacer un proyecto exclusivo para la presentación. Y como era un poco difícil decirle que no a la persona que me lo pidió, por cuestiones de supervivencia anímica, pensé en los Trau, porque sabía que habían hecho alguna cosa de este estilo, había colaborado en su disco y me gusta mucho lo que hacen. Así que decidimos hacer una prueba, hacer unos ensayos a ver qué pasaba, y lo que pasó fue muy chulo, porque nos reímos mucho. Reímos mucho, los Trau son muy músicos, son muy de escuchar música, de hacer mucho el tonto, y con ellos me siento rejuvenecido. Total, que al final dijimos 'hagámoslo'. Y si una cosa tenía clara es que no quería hacer canciones mías, ni canciones nuevas, quería hacer canciones de los otros, que son los que me gustan de verdad. Así que tocaremos hits de los 60, canciones del 64 al 67, de los Beatles, los Beach Boys, los Rolling del principio, The Who, Dylan... Los clásicos.

Reímos mucho, los Trau son muy músicos, son muy de escuchar música, de hacer mucho el tonto, y con ellos me siento rejuvenecido.


—Qué crees que aportáis, cada una de las partes, al proyecto?
—Somos todos juntos, hemos intentado que sea una cosa muy democrática. Hombre, yo tengo este punto dictador que a mi edad ya no me lo sacaré, soy como el abuelo que los riñe, pero cantamos todos, yo, Pau, Xavi, nos repartimos el trabajo. Hay momentos en que sólo canto, momentos que sólo toco la guitarra, que también me gusta mucho y no lo había hecho nunca, pero también es una cosa bastante repartida. También es muy lúdica, por eso decimos que jugamos con los clásicos, porque tampoco hacemos versiones muy fieles y muy trabajadas, es un poco coger la canción y jugar con ella, a ver qué sale.

No hacemos versiones muy fieles y muy trabajadas, es un poco coger la canción y jugar con ella, a ver qué sale.


—Es curioso que a pesar de estar generacionalmente tan separados tengáis unos gustos musicales tan similares.
—Es una pasada, porque el primer día que quedamos sólo hicimos la elección de canciones. No habíamos hablado, y en cinco minutos tuvimos escogido el repertorio. En casa de Xavi y Núria hay muchos discos, se nota que todos son muy oyentes de música.

—Con este concierto seguís apostando por la filosofía Minipop, de hacer música de adultos dirigida a todos los públicos.
—Es exactamente eso. Música adulta para público de todas las edades. No hace falta que seas padre, ni hijo, ni Espíritu Santo. Sólo hace falta que te guste la música y que no te moleste que haya niños a tu alrededor. Es tan sencillo como eso. Queremos poner la música en un horario que sea al alcance de todas las generaciones. Y ya está.

—Y a un precio muy reducido.
—Sí, porque somos conscientes de que a los núcleos familiares a veces son tres, cuatro..., y no está la cosa como para gastar 60 euros en un espectáculo. Eso siempre lo hemos mirado mucho. Y además, al acabar habrá un vermú y un taller muy chulo, jugaremos con las caras de los Beatles, con Eva Jolis, que es la chica que está trabajando la imagen del Minipop de este año.

—Una de las apuestas del festival Minipop, del cual eres el director artístico, es la de incorporar valores emergentes, con mucho acierto. ¿Igual que hay actores que acaban pasando a dirigir, no te ves, algún día, haciendo de productor musical, o realizando otras facetas relacionadas con la música más allá de componer y cantar?
—Haciendo lo que hago en el Minipop me lo paso muy bien, porque es muy agradecido, es escoger el concierto que te gustaría ver a ti, aunque nunca acaba siendo este, porque siempre hay gente que no puede, o no lo encuentra bien... Pero imaginarte una ‘parrilla’ de músicos para un festival es fantástico. De hecho yo lo hago con un presupuesto muy y muy reducido, y a veces pienso que me gustaría hacerlo teniendo recursos. En el Minipop vamos pidiendo complicidades, y eso es muy bonito pero a veces también sabe mal, porque yo soy músico y siento no poder ofrecer al artista lo que tiene estipulado. Pero este trabajo es muy chulo, y muy agradecido, y no me importaría nada hacerlo, si me lo piden en un festival dónde hay presupuesto, encantado de la vida.

En el Minipop vamos pidiendo complicidades, y eso es muy bonito pero a veces también sabe mal.


—Otra particularidad del Minipop es que tenéis un compromiso muy fuerte con Tarragona. ¿Eso quizás os ha limitado?
—Tenemos un punto masoquista, por eso nos quedamos en Tarragona. Es aquello tan típico de que en la ciudad donde vives sueles verle más los defectos que  virtudes, por aquello de la rutina. Y cuando llevas ya bastantes años te vuelves como un viejo gruñón que no para de criticarla. Y ante esta crítica, que yo creo que es sana y necesaria, y en Tarragona todavía más, porque hay unas carencias culturales brutales, lo que tienes que hacer es predicar con el ejemplo, y si ves que hay cosas que no se hacen y que se tendrían que hacer, pues tirarte en la piscina. Y lo hacemos en Tarragona porque es donde estamos, pero cuesta mucho, porque el tema de las complicidades a nivel institucional está muy mal, es muy pesado. A veces no tanto con los responsables políticos, que también, sino con este tipo de funcionariado que son los que realmente cortan el bacalao y llevan mil años enquistados aquí, y en lugar de facilitarte las cosas, parece que disfruten poniéndote pegas. Por eso a veces tengo la sensación que estamos haciendo un festival «A pesar de». Es un poco triste de decir, aunque parece que ahora está cambiado, y también hemos tenido gente que desde las instituciones nos han ayudado de una manera u otra, pero lo cierto es que la financiación del festival es privada en un 90%, y buscar este tipo de financiación en tiempo de crisis es muy pesado, te come la energía que tendrías que dedicar a pensar actividades, talleres, cine... La suerte ha sido que el festival ha funcionado, y ahora, cinco años más tarde, vemos que la cosa ha empezado a arraigar. Ya sé que las comparaciones son odiosas, pero vemos festivales que cogen un poco nuestra idea y se van a otras capitales de nuestro país y tienen un apoyo institucional tan brutal que da envidia sana. Si aquí hubiera habido una apuesta tan decidida con un festival como este, que es el primero que se ha hecho en Cataluña de este estilo, ahora seríamos un referente. Que también lo somos, pero lo somos un poco «A pesar de». Pero todo también tiene cosas buenas. El hecho de que estemos patrocinados por la empresa privada hace que seamos un festival libre, hacemos lo que queremos y cuando queremos, no tenemos ninguna directriz ni ningún tipo de imposición, y eso está muy bien. Y vete a saber, quizás es eso lo que molesta.

Lo hacemos en Tarragona porque está donde estamos, pero cuesta mucho, porque el tema de las complicidades a nivel institucional está muy mal, es muy pesado.


—El concierto del domingo es un estreno. ¿Tenéis previsto hacerlo girar por Cataluña?
—Sí, es un estreno porque la idea era hacerlo un día y lbasta, pero nos lo estamos pasando tan bien... Los planesque tenía para el año que viene eran poner aires nuevos, y no sé cómo lo haré. Han ido saliendo cosas, incluso hay una propuesta muy interesante, que se está madurando, que es trabajar en las escuelas en Tarragona, porque el concierto tiene un punto didáctico, ya que hablamos de los pioneros del pop. A mí me gustaría mucho. Tengo compañeros de trabajo que me dicen: «Tantos años esperando que hagas una cosa en solitario, y acabas haciendo una cosa para niños». Y yo les digo que no han entendido nada. Yo no hago cosas para niños, pero a mí los niños no me molestan. Y no es porel tópico este que dice que son el público más crítico, que tampoco lo creo. Es un público inocente, no tiene prejuicios. Si les gusta bailan, y si no, no. Y a mí eso me gusta.
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