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Marina Vilalta, en una plaça de la ciutat de Gdansk.

«El pasado que vivió Polonia todavía está vivo en el corazón de la gente»

Marina Vilalta, en una plaça de la ciutat de Gdansk.

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«El pasado que vivió Polonia todavía está vivo en el corazón|coro de la gente»

Hace las prácticas y el Trabajo Final de Master, da clase de castellano y añora no poder jugar a baloncesto con las compañeras del Morell
  • Carles Gosálbez

Actualizada 13/10/2017 a las 09:25

—Cuánto hace que vive en Gdansk?
—Llegué el 30 de enero del 2017 y me quedé hasta el 20 de junio, unos 5 meses. Ahora vuelvo a estar aquí. Llegué el 11 de septiembre. Estoy realizando las prácticas y el Trabajo Final de Master en una escuela británica de Gdansk. La escuela se llama British Internacionat School. Mi función es realizar un proyecto TIC (Tecnologías de Información y Comunicación) y aplicarlo en la escuela.

—Cómo ha sido su trayectoria profesional hasta ahora?
—La verdad es que no he tenido todavía la oportunidad de ejercer como maestra en las escuelas catalanas. Durante mis estudios del grado, gracias a las prácticas académicas, pude trabajar un poco en este ámbito. Ahora mismo, me encuentro en Polonia realizando las prácticas del Master pero, a la vez, estoy trabajando como maestra de lengua española a una academia. Además, doy clases particulares de la lengua española. ¡No os imagináis la gente que quiere aprender el castellano aquí en Polonia!

—Qué motivos la llevaron a ir a vivir en el extranjero?
—Todo empezó durando mis estudios del Grado. Hablando con unas amigas, nos surgió la idea de realizar el Erasmus. En aquellos momentos, para mí Erasmus era una palabra desconocida y, por lo tanto, empecé a informarme, hasta que llegué a la conclusión que no podía dejar escapar esta oportunidad. Lo que más me motivó a marcharse fue la experiencia de vivir sola, de hacer nuevas amistades, de conocer una nueva cultura y, sobre todo, de viajar.

—Cuál fue su primera impresión del país?
—Llegué en pleno invierno, un mes de enero. Imaginaos un país del norte y en invierno. Sólo había una palabra por describir: frío. Me acuerdo de que llegué a la una de la madrugada, todo era oscuro y unos 2 grados. La ciudad de Gdansk es muy bonita, típica ciudad del norte, con casas pintorescas, una de cada color. Me transmitía mucha calma y tranquilidad, un lugar que me hacía sentir como casa. También me encontré con un hecho que no esperaba. Cuando caminaba por la calle podía percibir una tristeza y un dolor por parte de las personas mayores. Según me comentaron, el pasado que vivió Polonia todavía está vivo en el corazón de la gente. No les es fácil olvidar.

—Fue muy sorprendente el cambio o como se lo había imaginado?
—Bastante. Polonia es un país muy diferente del nuestro. La cultura, los hábitos, el idioma y sobre todo el clima supuso un cambio en el cual costó adaptarme. Pasé de vivir en un clima tropical a vivir en un clima frío, donde casi cada día llovía y donde los inviernos sólo hay 4 horas de claridad. Imaginaos acabar de comer y que sea completamente oscuro.

—Cuáles son las principales diferencias entre Gdansk y su casa?
—La que me supuso un mayor cambio es la de los hábitos alimenticios. La costumbre de Polonia es realizar tres comidas, un gran desayuno, una comida entre las 12 y las 13 y una cena a las seis. La jornada laboral empieza pronto, entre las 7 y 8 de la mañana y acaban en las 3 o 4 de la tarde. También, la manera de saludarse. Nosotros cuando saludamos a algún amigo o damos la mano o damos dos besos. En cambio, ellos dan la mano en ambientes formales y, en ambientes no formales, o dan un abrazo o un beso. Imaginaos mis primeros días conociendo gente... siempre hacía dos, qué vergüenza...

—Cuáles son los lugares más característicos de su nueva ciudad de acogida?
—Gdansk es una ciudad preciosa. Esta se encuentra dentro del llamado Tricity, que lo forman tres ciudades: Gdynia, Sopot y Gdansk. Lo que destacaría de Gdansk es el casco antiguo y las calles de los alrededores las cuales tienen una belleza. A cualquiera le gustaría perderse por aquellas calles. Recomendaría, también, para aquellos que les gusta la historia, ir a ver la península de Westerplatte, donde se dice que empezó la segunda guerra mundial.

—Qué destacaría de la manera de trabajar del país?
—Realmente no he encontrado demasiada diferencia en las conductas de trabajo. La única diferencia es el horario laboral que he comentado anteriormente.

—Qué es lo que más echa de menos de casa?
—La familia, sobre todo, y los amigos: Es un poco triste realizar vídeo llamadas y no poder abrazarlos, tocar... Mi familia y yo siempre hemos tenido mucho de contacto y el hecho de marcharse uno se da cuenta de la importancia que realmente tienen en nuestras vidas. También echo de menos el baloncesto. Para mí, significaba mucho en mi vida, aparte de divertirme me servía para desconectar y liberarme de aquello que me angustiaba. Sí que es verdad que aquí también puedo practicarlo, pero he estado casi 6 años en un club que era mi casa, la gente, los valores de allí se añoran. ¡Morell mai sol!

—Qué costumbre del país actual se llevaría hacia Cataluña?
—El Halloween. El ambiente que se vive por las calles es muy bonito. Todos los niños están disfrazados por las calles con sus bolsas personalizadas de Halloween, entrando en las casas o locales pidiendo caramelos.
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