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Sergio Outerial, a la cuina del restaurant on va començar d'encarregat i que ha comprat a Durham.

«Hay mucho trabajo pero también muchas ayudas y, a menudo, sale a cuenta trabajar poco»

Sergio Outerial, a la cuina del restaurant on va començar d'encarregat i que ha comprat a Durham.

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«Hay mucho trabajo pero también muchas ayudas y, a menudo, sale a cuenta trabajar poco»

Quedarse en paro y saber idiomas impulsó a este vecino de Vila-seca a buscar trabajo en Inglaterra, donde ha abierto una pizzería que mantiene a 8 empleados
  • Redacció

Actualizada 15/09/2017 a las 10:16

El vecino de Vila-seca nacido en Argentina Sergio Outerial (30 de octubre de 1971) ha vivido en Durham, Inglaterra, los últimos 3 años de su vida. En medio de una situación laboral difícil, aprovechó el conocimiento del idioma para intentar abrirse un nuevo camino, «ahorrar y poder algún día volver». Ahora, ha comprado y dirige la pizzería donde entró como encargado y sueña con abrir, algún día, otro restaurante, una vez de nuevo en casa.

—¿Qué motivos lo llevaron a ir a vivir en el extranjero?
—Estaba parado, no tenía trabajo. Había trabajado en cafeterías de la Renfe, también cinco años en un hotel de PortAventura. Después, se acabaron los contratos, el subsidio y todo. Como hablaba inglés, pensé que se tenía que marchar. Y se me presentó una propuesta en Londres. La acepté y, pasado un tiempo, me he trasladado al sur donde el sueldo mínimo es idéntico y la vida, asequible.

—¿Cuál fue su primera impresión del país al llegar?
—Nunca había estado aquí y fue el idioma el que me hizo decidir. Al principio, el salario era malísimo y la explotación, la misma que en todas partes. No conocía nada ni a nadie. Me ofrecieron cinco libras la hora y dije que sí. Después vi que el mínimo era 7,20. Como soy argentino, tenía el perjuicio que me tratarían un poco mal, pero no.

—¿El cambio fue muy sorprendente o fue, más o menos, tal como se lo había imaginado?
—Aquí la gente es muy confiada y eso me llamaba mucho la atención. Todo es autoservicio, las bicicletas se quedan a fuera y nadie las toca, no hay rejas en ninguna casa y dejan los coches abiertos. Somos los que venimos de a menos que, en este sentido, abusamos. Sin embargo, tarde o temprano te pillan igualmente.

—¿Cuáles son las diferencias entre Durham y su casa?
—La tradición que se mantiene mucho aquí es la hora del té. Cuándo alguien tiene que fijar una cita te pregunta: «¿Antes o después del té?». Aquí se vende y se compra mucho con una aplicación de productos de segunda mano. Para ir a recoger la compra, hay que tener en cuenta el té.

—¿Y cuáles son los lugares con más encanto de su nueva ciudad de acogida?
—Hay la catedral, que es muy visitada, y los castillos. Uno de ellos es bastante conocido porque se registró parte de Harry Potter. Los pasadizos de la catedral salen en la guerra de las escobas, con los chicos volando por la sala. La gente viene a pasearse por eso.

—¿Qué destacaría de la manera de trabajar en Durham? ¿Las conductas son similares o diferentes de las del Estado español?
—De trabajo, hay mucho y,  quien quiere trabajar, lo hace. Pero también hay muchas ayudas y, a veces, sale más a cuenta acogerse que no tener un horario laboral más amplio. Por un hijo a cargo, por ejemplo, son 240 libras a la semana. Y para cobrar el 100% de los beneficios no puedes trabajar más de 16 horas. Medicinas y gafas son gratis para las personas mayores y los niños menores de 18 años tienen muchos servicios sin pago.

—¿Desde que llegó a Inglaterra le ha pasado alguna situación que no se esperaba o alguna vivencia curiosa o extraña que quiera compartir?
—Cuándo empecé a conducir, las rotondas eran un problema. Las cogía mal, entraba por el otro lado. Ahora que he estado en España, me pasaba al revés. A base de oír cláxones lo he acabado solucionando, aunque no me acostumbro. Creo que es porque convalidé el carné y no he tenido que pasar examen.

—¿Qué es lo que más echa de menos de Vila-seca?
—La comida, la playa, el tiempo. La temperatura. Aquí hace viento y llueve bastante. Tampoco ahora me olvido de quién, como yo, ha pasado momentos duros. Por eso, desde aquí colaboro también con entidades de allí como Yo ayudo o necesito.

—¿Qué hábito del país actual se llevaría hacia Cataluña?
—La educación de la gente a la hora de dirigirse a los otros. Por ejemplo, cuando vas al médico, al salir de la consulta tienes que llenar un papel donde te preguntan sobre si te has sentido bien tratado, si te has sentido respetado. Y también la limpieza en las calles.

—¿Tiene intención de volver pronto o de momento no?
—Mi vida está aquí pero la intención es ahorrar dinero y poder volver algún día a mi casa para abrir una pizzería. A pesar del paso de los años, sigo sintiéndome aquí de visita.
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