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Ana Clara Gil do Canto, amb la gorra del capità de l'avió.

«Hay muchos mitos referidos a Dubái y a su cultura que no son ciertos»

Ana Clara Gil do Canto, con la gorra del capitán del avión.

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«Hay muchos mitos referidos a Dubái y a su cultura que no son ciertos»

Esta tarraconense nacida en Uruguay es azafata de vuelo a la compañía aérea Emirates y reside en Dubái desde octubre del 2015

Actualizada 13/07/2017 a las 21:04

—Cuánto de tiempo hace que vive en Dubái?
—Desde octubre del 2015.

—Cuál es su empleo?
—Azafata de vuelo en Emirates.

—Cómo ha sido su trayectoria profesional hasta ahora?
—Cuando llegué a Dubái hace casi dos años no conocía esta profesión. Tengo que decir que, con la experiencia, esta profesión es más bien un estilo de vida. Al principio es muy emocionante y tienes que hacer muchos cambios para acostumbrar tu cuerpo y tu mente al hecho de que viajas una media de 7-8 veces en el mes, hecho que supone que casi la mitad del mes no vives en Dubái, sino que duermes en cualquier otra parte del mundo.

—Qué motivos te llevaron a marcharse de casa para ir a vivir al extranjero?
—Bien, fue un cúmulo de circunstancias. Pero es verdad que nunca he necesitado muchas excusas para emprender una aventura. Las respuestas vinieron solas cuando pensé ser azafata de vuelo. En aquella época trabajaba de camarera en Tarragona. Hacía un año que había terminado mis estudios en deportes en el Cal·lípolis y tenía claro que no quería estudiar más. Entonces tenía 24 años. Cuando me decidí por esta profesión, sólo consideré trabajar en Emirates. Vi documentales sobre Dubái y decidí que allí quería vivir.

—Cuál fue su primera impresión del país?
—La verdad, es complicado de recordar aquella época porque todo pasó como en un sueño, cuándo te despiertas y sólo recuerdas ciertas partes. La presión fue muy grande y los cambios sucedieron el uno al otro: nuevos retos cada día. Los tres primeros meses hicieron que todo fuera muy rápido. Ahora, es difícil de recordar. El primer día que llegué a Dubái, en el aeropuerto flipé con las vestimentas que llevaban los trabajadores locales. Fue muy gracioso ver a los hombres llevando este tipo de traje blanco y turbante.

—Qué le pareció la ciudad?
—La ciudad es un conjunto de rascacielos de diferentes formas y diseños, todos muy bonitos, pero bastante más pequeña de lo que me imaginaba. Dubái es una ciudad en construcción todavía, con una historia reciente que empezó por los años 60 gracias al petróleo. La multiculturalidad fue lo más sorprendente. El primer día conocí en torno a 30 personas, todas de diferentes nacionalidades. Y la primera semana, este número aumentó a más de 100. Tuve la impresión de llegar a un país sin historia pero con una gran visión de lo que quiere ser.

—Fue muy sorprendente el cambio?
—Evidentemente, las diferencias culturales son muy grandes, pero, sorprendentemente, no fue la cultura árabe la que me impactó sino todas las otras. En España, y en Tarragona concretamente, tenemos una gran comunidad de árabes viviendo y por eso creo que ya estaba un poco acostumbrada. En cambio nunca en mi vida había tenido la oportunidad de convivir con gente de la India, países del este de Europa, africanos, asiáticos y un largo etcétera. Tal vez, lo más difícil fue acostumbrarse a las altas temperaturas que sufrimos en Dubái. Aquí se dice que hay dos estaciones, el verano y el infierno.

—Cuáles son las principales diferencias entre Dubái y su casa?
—Hay muchos mitos referidos a Dubái y a su cultura que no son ciertos. Cuando me estaba preparando para venir para aquí, recuerdo no poner en mi maleta ninguna prenda de ropa que fuera reveladora, como faldas jersey sin manga. Lo lamenté mucho. En Dubái todo el mundo tiene libertad para vestirse como quiere. Sólo durante el Ramadán es recomendado ir un poco más cubierto.

—Qué costumbre del país donde reside se llevaría hacia Cataluña?
—Tengo mucha admiración por la cultura árabe, sobre todo por el hecho de que para ellos la familia es lo importante y los amigos son hermanos, y con eso me siento muy identificada. Ellos saben como cuidar de los suyos y eso es muy importante cuando vives lejos y la única familia que tienes cerca son las personas que te rodean, por eso las relaciones que he hecho en Dubái son muy importantes para continuar en el día a día.
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