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David Godall prenent una cervesa al llac Willersinnweiher See.

David Godall con una cerveza en el lago Willersinnweiher See.

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«Aquí las cosas se hacen cuando toca, no en el último momento como pasa en España»

Este joven tarraconense trabaja desde hace medio año de operador en la planta química de BASF en Ludwigshafen
  • Carlos Domènech Goñi

Actualizada 11/05/2017 a las 21:34

El tarraconense David Godall Lambea (30 de marzo de 1995) es un enamorado de Alemania, pero también de la química. Por este motivo, decidió estudiar la Formación Profesional Dual Transnacional en Química Industrial. Desde Septiembre, y gracias a su éxito en el ámbito educativo, trabaja de operador de planta química en la empresa BASF de la ciudad alemana de Ludwigshafen. Con sólo 22 años, ha dejado su ciudad familia y amigos para hacer realidad su sueño.

— Con sólo 22 años ya ha conseguido ir a trabajar al extranjero. ¿Cómo ha llegado hasta aquí?
— Se podría decir que este es el primer trabajo serio de larga duración que tengo. Una vez acabé el primer año de la Formación Profesional, aquel mismo verano, mis compañeros de curso y yo fuimos 5 semanas a Ludwigshafen con el fin de hacer la primera parte de las prácticas. Desde enero de 2016 hasta mediados de junio, estuvimos haciendo prácticas en la BASF de Tarragona, con un pequeño inciso de 4 semanas, cuando volvimos a Alemania, para hacer el segundo periodo de prácticas. Finalmente, volvimos, el septiembre de 2016, a hacer el tercero y último periodo de prácticas. Esta vez, eran cuatro meses de prácticas y, al acabar, nos daban, si queríamos, la opción de firmar un contrato de trabajo indefinido. Desde enero de 2017 estoy trabajando como operador de planta química en la BASF de Ludwigshafen.

­­—Por qué decidiste marcharte a vivir al extranjero|en el extranjero?
­— Uno de los motivos principales de haberse marchado de casa y dejar a la familia y los amigos es, básicamente, por el dinero y la seguridad económica que da tener un trabajo fijo. Aparte, yo ya había decidido con quince años –primera vez que viajé a Alemania– que yo quería trabajar allí. Y no en cualquier sitio, sino que mi objetivo era trabajar en una empresa química. Y aparte de todo eso, también hay factores externos con mucho peso, como la inestabilidad tanto económica como política que sufre España, hecho que comporta no tener ganas de vivir allí ni trabajar.

—¿­Qué diferencias ha visto entre la primera visita y la estancia más larga?
—Las únicas diferencias destacables entre las visitas de corta y larga duración que podría dar, son que en las de larga duración estoy trabajando en vez de hacer turismo. Por lo tanto, puedes visitar sitios, pero acostumbras a hacer más cosas de la vida cotidiana como ir a tomar algo o tumbarse en el sofá. La otra diferencia la veo sobre todo en el clima, ya que cuando había estado préviamente en periodos cortos, siempre me había encontrado con buen tiempo, y ahora veo que eso fue una suerte en su momento, pero no es el normal.

—¿El cambio de vida lo sorprendió o fue más o menos como se imaginaba?
—Sorprendente no sería la palabra, ya que era esperado, y durante los dos años de la formación profesional ya nos habían preparado para ir allí a trabajar. Yo, mejor, diría que fue duro y feliz. Llevar, porque lo dejas todo atrás, tanto familia como amigos y tienes que formar una nueva vida allí donde vas. Y feliz, porque en mi caso vi como la familia y amigos se alegraban por mí, y yo mismo estaba contento porque había conseguido un trabajo en el país donde quería trabajar.

—¿Cuáles son las principales diferencias entre España y Alemania con respecto a viviendas y hábitos alimenticios?
—En cuanto a las viviendas, aquí es bastante diferente de España, ya que la gran mayoría van por alquiler, y eso hace que muchos de los pisos que alquilan te vengan completamente vacíos. Y con respecto a los hábitos alimenticios, pueden ser muy malos si te olvidas. La mayoría de platos que hacen aquí son con salsas. No se puede decir que tengan una cocina muy tradicional, pero cogen comidas de todo el mundo y se las hacen suyas. Excepto por el pescado de mar, que es complicado de conseguir de buena calidad, el resto es bueno.

—¿Qué destacaría de la manera de trabajar del país? ¿Las conductas son similares o diferentes a las del Estado español?
—Aquí la forma de trabajar es mucho más relajada que en España, por el simple hecho de que aquí las cosas se hacen cuando toca hacerlas y no en el último momento. También se tiene que decir que, en España, van con una presión que no tienen los alemanes, ya que España tiene que quedar bien con ellos mientras que Alemania no tiene que quedar bien con nadie.

—¿Qué es lo que más echa de menos de casa?
— La familia y los amigos, ir a hacer un café o una cerveza con ellos. Es una cosa que aquí no se puede hacer y que se echa muy de menos.

—¿Qué costumbre del país actual se llevaría hacia Cataluña?
— Sin lugar a dudas las fiestas del vino. En la zona donde estoy yo, es costumbre en verano. Hay muchos chiringuitos donde comprar copas de vino y llevártelas a mesas largas con bancos donde acabas hablando con todo el mundo que tienes al lado, algo que en España no pasa.
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