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«Nada es permanente, en cualquier momento las cosas pueden cambiar 180º»

El cambio político que se está viviendo desde 2012 pone sobre la mesa los constrastos entre el crecimiento y la pobreza, explica de las Cuevas

Actualizada 07/07/2016 a las 21:44

El tarraconense Ignacio de las Cuevas hace tiempo que recorre el mundo. Su carrera profesional vinculada a una ONG que ofrece formación en el ámbito hotelero con personas con pocos recursos lo ha llevado al sureste asiático. Desde 2012, vive en Yangon, la capital cultural del país.

—¿Qué lo trajo a Myanmar?
—Hace 15 años que vivo fuera de Tarragona. Al empezar la carrera tenía claro que me marcharía a explorar un poco el mundo. Desde pequeño, mis padres me dieron la posibilidad de viajar y supongo que son responsables de mi pasión por viajar, conocer gente diferente, otras costumbres y en definitiva, ampliar mi visión del mundo.

—¿Cuál fue la primera impresión al llegar al país?
—La primera vez que metí un pie en Myanmar fue el 2006 como turista. Entonces, tuve la sensación de volver muy atrás en el tiempo. El número de vehículos era muy escaso, las carreteras no estaban asfaltadas y la mayor parte de los edificios estaba en un estado deplorable, etc. En el campo, no había agua corriente, ni electricidad, ni teléfono. Por otra parte, me cautivó la amabilidad y el recibimiento cálido de los locales.

—¿En qué se diferencian Tarragona de Yangon?
—Vivir en el trópico es otra historia. La noción del tiempo es diferente y también la manera como se vive. Tenemos tres estaciones: el invierno, con temperaturas de 18-25 °C; el verano, con temperaturas que pueden subir hasta los 43 °C, y la época de lluvias y ciclones. Uno vivo con el paraguas en la mano, ya sea para protegerse del sol intenso o de los monzones. Además, a los jóvenes les encanta ir al parque y esconderse detrás de los paraguas para hacer sus cosas... El ambiente que se respira cada día por las calles de mi barrio, en torno al mercado, es de lo más variado. Hay una diversidad multicultural que pocos países pueden igualar.

—¿Cuáles son los lugares más característicos?
—A pocos minutos de nuestra casa, tenemos probablemente el monumento religioso más emblemático del país y que según la leyenda, lleva más de 2.500 años levantado, la Shwedagon Pagoda o la Pagoda dorada. Dicen que en el interior de la Pagoda se conservan cuatro reliquies de Budha de un gran valor que ningún otro templo budista en el mundo puede igualar. Aparte de la Pagoda, encuentro fascinante la zona del centro o ‘downtown’. Está en esta zona donde los británicos decidieron instalarse y ordenar el territorio, de manera parecida al eixample de Barcelona. Los edificios coloniales que hay son impresionantes.

—¿Qué destacaría de la manera de trabajar del país?
—Cuando me instalé en Yangon, sólo había 4 españoles más. Recuerdo una conversación donde hablaban de las grandes dificultades a la hora de trabajar con los locales. Sobre todo, me impactó las cosas que dijeron en lo referente a la falta de sentido común, a la falta de iniciativa y al respecto por la autoridad y la jerarquía. En estos casi cuatro años trabajando en Yangon y en Nay Pyi Taw he vivido en primera persona estas cosas que decían, tenían bastante razón.

—¿Cómo se está viviendo la crisis?
—Actualmente, el país está en pleno auge. La economía birmana está creciendo un 8.9% anual, situándose al frente de cualquier otra economía mundial. El cambio político que empezó a incubarse en el 2012, ha llevado una serie de cambios socioeconómicos que nunca se habían visto. Aun así, un cuarto de la población todavía vive por debajo del nivel de pobreza. El actual gobierno tiene que hacer frente a una gran cantidad de problemas que arrastran del pasado.

—¿Cree que es un buen lugar para que los jóvenes encuentren trabajo?
—Hace tiempo que digo a mis amigos que prueben suerte en Myanmar. No sé si se podría decir que es el nuevo El Dorado, pero es un pais que se está abriendo al mundo. Tiene una cantidad inimaginable de recursos, una situación geopolítica excepcional y que necesita profesionales para llevar adelante el crecimiento del país.

—¿Le ha pasado algo curioso que no se hubiera imaginado nunca?
—Vivir en Yangon es una aventura constante. Es la jungla en el sentido amplio de la palabra. Se vive de manera frenética, sin planear mucho. Al mismo tiempo, hay mucha incertidumbre porque, como dicen los budistas, nada es permanente, y en cualquier momento, ya sea por una causa natural o por un cambio político, las cosas pueden dar un cambio de 180 grados.
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