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Un home de 80 anys pateix diverses agressions i ha de marxar del pis

Un hombre de 80 años sufre varias agresiones y se tiene que marchar del piso

El carrer de Monestir de Ripoll, on van tenir lloc els fets.

Albert Sunyol

Un hombre de 80 años sufre varias agresiones y se tiene que marchar del piso

Alquiló una habitación a una pareja y denuncia que éstos todavía siguen residiendo en el inmueble donde sufrió el ataque
  • Albert Sunyol

Actualizada 23/08/2016 a las 21:24

Un vecino de Reus, G.C., de 80 años, ha interpuesto una denuncia ante los Mossos d'Esquadra por agresiones reiteradas de su compañero de piso que lo han obligado a abandonar el inmueble donde vivía hacía cuatro años. El presunto agresor, a quien el hombre había realquilado una habitación, sigue residiendo en el piso, un hecho que el hombre califica «de incomprensible ante la gravedad de la situación».

Los hechos se remontan al 2013, cuando G.C entró a vivir de alquiler en un piso de la calle de Monestir de Ripoll, en el Barri Monestir. Al principio de 2016, el hombre decidió realquilar una habitación porque «me sentía solo y además quería sacarme algunos ingresos para hacer frente a los gastos del alquiler». Al cabo de poco tiempo, un conocido se puso en contacto con él y le recomendó una pareja, de nacionalidad rumana. «Me los presentó enseguida. Aunque de entrada el aspecto de él no me causó buena sensación, acepté», afirma. La pareja entró a vivir en este inmueble el pasado mes de mayo.

Según la versión del hombre, su compañero de piso, V., de unos 50 años aproximadamente, alto y robusto, «muy pronto me confesó que había agredido a varias personas y me explicaba que sabía como acabar con la vida de alguien en sólo 30 segundos. Además, me había enseñado varios cuchillos que tenía en la habitación. Es entonces cuando empecé a sentir miedo de lo que me pudiera pasar».

Unos hechos que, según G.C, derivaron en meses posteriores en una primera agresión, el pasado 4 de julio, sin la presencia de la mujer, cerca de las 9 de la noche: «estaba en el sofá viendo la televisión y él estaba en su habitación. Se acercó hasta el comedor, me cogió por el cuello y me lanzó contra la pared. Después de conseguir sacármelo de encima, abandoné rápidamente el piso». Aquella noche, explica, «la pasé en un hotel».

Nueva agresión
Al día siguiente, el 5 de julio, «decidí volver al piso  por la tarde, sin la intención de pasar la noche. Tenía la intención de afeitarme y ya decidiría si me volvía a pasar otra noche en el hotel. Fui hacia el lavabo, y al cabo de poco, apareció V. Esta vez con una actitud más violenta, volvió a cogerme por el cuello y me intentó ahogar poniéndome la cabeza dentro de la bañera mientras iba repitiendo que me mataría. Mientras tanto, su mujer gritaba y lloraba desde el pasillo diciéndole a su marido que parara».

Según el relato de G.C, el presunto agresor presentaba signos de embriaguez mientras tuvieron lugar ambas agresiones, y bebía vino con mucha frecuencia.

En aquel momento, el hombre abandonó el piso y pidió auxilio a un conocido y propietario de una peluquería próxima al piso, Ricard March, «llamamos a los Mossos, que vinieron al cabo de 30 minutos. Yo me quedé lejos del piso, los agentes subieron y después me dijeron que ellos no podían echarlo. Me quedé perplejo, dada la situación y desconcertado, me pregunté por qué me tenía que marchar yo mientras el agresor seguía allí», relata G.C.

El hombre espera la sentencia después de un juicio rápido que tuvo lugar el pasado 12 de julio. Sin embargo, ha interpuesto otra denuncia por agresiones físicas. Sin familia próxima, y después de pasar unos días en casa de un conocido en Alcover, el peluquero, testigo presencial de los hechos, ha decidido acogerlo en su casa, desde donde reside desde hace un mes.
Por su parte, el presunto agresor todavía sigue en el inmueble. Según el testigo de G.C, una vez puso al corriente de la situación al propietario del piso, éste intentó acceder al inmueble sin éxito y presentó una denuncia. Fue con la intervención de los Mossos d'Esquadra cuando consiguió hablar con V., «con el acuerdo verbal que empezará a pagar los gastos del piso a partir del próximo mes», explica G.C.

«Se los quería sacar de encima»
G.C explica que ha intentado ponerse en contacto con la persona que le recomendó a sus antiguos compañeros de piso, pero afirma que éste se ha desentendido del asunto y no quiere hablar con él, «probablemente debe estar avergonzado por su comportamiento», afirma. En este sentido, el hombre explica que su conocido era plenamente consciente de cuál era el perfil del presunto agresor y lo ocultó.

Siempre según el relato de G.C, lo que realmente quería su conocido era «sacarse la pareja de encima», porque «tenía entendido que los había acogido en una casa abandonada». Sin embargo, G.C explica que su anterior compañero de piso había reconocido haber agredido también al hijo del conocido. «Me decepciona que se me haya podido hacer eso conociendo como era», explica. De la misma manera, el hombre lamenta la actitud de la mujer, «me habría gustado que me hubiera alertado de quien era este hombre».
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