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Nucli Antic

  • RAMÓN GRAU GARCIA
Ex regidor de Cultura

Actualizada 07/06/2017 a las 21:15

De refilón, zapeando pillé el final de un reportaje sensorial en Venecia, a ciegas disfrutaban oyendo los suaves murmullos, giros y matices, con frecuencia sin importancia, pasos, el roce de la pelota de unos niños, rumores, palabras lejanas, el viento y otras percepciones suaves.

Casualmente coincidía con el revuelo creado aquí entre Farts de soroll. Asociación de vecinos y recién salida del horno Tarragona dormida. Identidades distintas, unos quieren dormir, otros con periplo y aspiraciones distintas, los terceros desean despertar. Terna deseando mejorar la ciudad y el Nucli Antic. Tienen razón, hay que solventar, entre otros el tránsito, ruidos, aparcamiento, fiestas, terrazas atosigantes, cultura y solaz.

Debo corroborar que en el barrio antiguo he vivido cambios inimaginables, retrataré con pasión algunos a partir de la instauración de la democracia: como exordio la exclusión de los prostíbulos, retirada de los coches que inundaban la plaza de la Font introduciéndolos bajo la arena del circo, recuperar emblemáticos edificios estableciendo colegios profesionales, nuevos museos, ponderar restos arqueológicos. Salpicando conceptos, magnificadas las fiestas, apogeo de restaurantes, bares y espacios culturales en amplias y recoletas plazas, seguiría hasta el aburrimiento.

Ese casco antiguo, fruto de los siglos, embrión de Tarragona, ha ido creciendo en muchos conceptos, como en el cristianismo, que fue divulgado durante el siglo I gracias a la buena red de vías romanas. (Siglo XXI ciudad mal comunicada, sin red de autovías, autopistas de pago eterno, ferrocarriles y estación atascada en el siglo 19 y la otra en el limbo). El cristianismo sigue vivo, me sobrecoge la Semana Santa, sus procesiones. Conmovedora la del viernes –años atrás denominada Procesión del silencio– aunque mudando a sonoras, con fuerte tamborreo, redoble y repiqueteo.

Excluidas de queja vecinal por lo que son y se expanden por la ciudad en horas aceptables. (Otra cosa son los ensayos) Sobre repiqueteo, de mi niñez guardo un conmocionado recuerdo procesional: Noche del Viernes Santo, con mi madre viendo la procesión, Rambla San Carlos, frente al Teatro principal, solemnidad silenciosa, paso ritual de penitentes descalzos portando cruces negras de madera. De pronto se rompe el silencio, un contundente tableteo, como de ametralladora, inunda la paz, crisis, gritos de espanto, cofrades tropezando, escenas de pánico, la procesión desecha.

Corremos asustados, ¡Los maquis¡ reacción típica de postguerra. Alterados y sin respiración, ya seguros cerca de casa, un grupo comentaba que habían lanzado un gato en llamas provocando espanto y tableteo de cruces.

Inmerso en el tema sonoro, ahora las fiestas son de música, fuego y trueno. Comprensibles, alegres y soportables. Pero en enclaves del Nucli siguen abundantes y sonoras terrazas, reciben quejas por horario de cierre abusivo. Y resulta que el barrio es, ocho meses al año, un contenedor lleno de molestias sonoras nocturnas, además de agobiantes diurnas para los vecinos. En cuanto a la efervescencia festiva sería meritorio aplicar un prudente freno, convendría regalar actos festivos y culturales a otras zonas menos afortunadas de la ciudad, ofrecer un remanso al barrio. Así evitaríamos la posible contradicción prodigiosa: Riesgo de Morir de éxito.

Hurgando en mi archivo, he topado con los antiguos carteles festivos de Santa Tecla ¡Qué bonitos¡ En aquella época diversificaban los actos por la ciudad, compartiéndolos con los prioritarios del nucli antic. Leo en el del año 1864 : Maitines en la catedral, limosnas a los pobres, funciones en Centro dramático, fuegos artificiales en la Esplanada (Rambla), Xiquets de Valls subir y bajar escaleras catedral. Tarde Teatro y a las once horas baile en los salones del Centro y Café de Siete puertas. Treinta años después, el de 1894, anunciaba: Adornos e iluminaciones, torres Xiquets de Valls, Misa de campaña, conciertos vocales e instrumentistas, fuegos artificiales y cuadros disolventes, corrida de toros, solemne Procesión, bailes en Salones y reparto de limosnas.

Pasados otros treinta años, en 1923 observo también actos repartidos, Misa de campaña en la Rambla, audición de sardanas, fiesta literaria, pasacalle con gigantes y cabezudos, ball de bastons, dames y vells, partidos de futbol, corrida de toros y funciones religiosas. 1940 Tras el paréntesis de la genocida guerra, tendencia a amplios espacios típica del franquismo, sin dames y Vells, con Xiquets de Tarragona, solemne procesión y baile en la Rambla con Iluminación a la veneciana.

Llegó la democracia. Durante la década de los 80 las fiestas adquirieron vigor, aumentó el Seguici y a propuesta de entidades y tarraconenses amantes de la ciudad, en colaboración con el Ayuntamiento, fueron recuperando aquellos Bailes y Bestias mitológicas que los gremios, en la edad media, sobre plataformas arrastradas por esclavos, fueron aportando al Corpus y en desfiles de grupos festivos a la entrada de Arzobispos. Incrementándose desde la llegada del brazo de Santa Tecla en 1321. Después, el desgaste de los siglos, las bajas, crisis, pestes, guerras y dictaduras acabaron con casi todos. Felizmente ahora los tenemos, en un Seguici jamás conocido, que eufóricos suenan, tocan, se expresan, explotan, cantan y bailan.

El resto del año la cultura ciudadana precisa despertar, levantar tonos, dinamismo en esparcimiento y solaz, impedir dejación de espacios tradicionales. (Barcelona, verano, en el griego cien espectáculos) Descubrir nuevos giros y matices artísticos, renovar ritmos tediosos, ofrecer equidad a las tres generaciones y seducir a la ciudadanía. Para finalizar, habiendo vivido lides parecidas, recomendaría a las tres respetables asociaciones citadas, olvidar enfrentamientos, acordar los caminos, urdir una trama conjunta y transferir la presión y sus ideas al Ayuntamiento. Seguir en desacuerdo es perder. Recuerdo de los años ochenta, aquel Consistorio proponía aprobar dos planes: Para el Nucli Antic, entre otras acciones, pretendía expropiar y derribar 40 casas con el fin de crear nuevas plazas y así ventilar las tradicionales calles. El otro era un proyecto de nuevo cementerio en el Llorito. El acuerdo y presión ejercida por los vecinos unidos y la oposición lograron desactivarlos.
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