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Raül Font-Quer Pellicer: De Tarragona a Austin (Texas)
Raül Font-Quer té 22 anys i actuament viu a Austin

Raül Font-Quer tiene 22 años y actualmente vive en Austin.

Cedida

«Los alumnos entran en las clases de la universidad con pizza, patatas fritas...»

El tarraconense Raül Font-Quer estudia Farmàcia, desde hace tres meses en la Universidad de Tejas

Actualizada 22/12/2016 a las 21:27

Raül Font-Quer Pellicer, de 22 años, se marchó de Tarragona a Austin (Tejas) ahora hace tres meses gracias a un intercambio con la Universidad de Tejas donde puede seguir cursando sus estudios de Farmacia en una escuela de mucho nivel.

— ¿Cuál fue su primera impresión del país?
­- Bien yo ya había sido, así que la primera impresión no fue muy fuerte, la verdad. Lo que sí que me sorprendió fue la vegetación. Mucha gente imagina Tejas como el Far West, con un paisaje árido, montañas rocosas y ranchos. ¡Pues no! Llueve bastante y es bien verde, más que Tarragona.

— ¿Fue sorprendente el cambio?
— Fue como me lo había imaginado. Hemos visto tantas películas y estamos tan rodeados de cultura americana sin darnos cuenta de que el único cambio es vivirlo desde dentro. Además, la ciudad de Austin y sobre todo los universitarios tienen una mentalidad muy abierta, mucho más que la gente rural, lo cual te los hace más próximos.

—¿Cuáles son las diferencias entre Austin y su casa?
—La principal diferencia es la necesidad de tener vehículo propio. Es imprescindible, por|para todo. Nosotros los estudiantes tenemos todo lo que podemos necesitar en el campus, eso sí, más caro. En caso contrario, me habría visto en la obligación de alquilar un coche. Además, en Tejas no tienen rotondas. Antes hacen tres puentes o un cruce con seis semáforos. La alimentación también es muy diferente. Te incitan a comer mal. Por ejemplo, si vas al supermercado, la comida rápida no llega a costar un dólar. En cambio, una lechuga o una manzana lo superan fácilmente. Por último, los horarios. En las nueve o diez de la noche cierran los restaurantes y, a las dos, las discotecas. En eso nos ha costado acostumbrarnos. Implicaba hacerlo todo dos o tres horas antes que en casa.

—¿Cuáles son los lugares más característicos de la ciudad?
—Austin es una ciudad perfecta para un universitario o joven trabajador. Me imagino perfectamente viviendo y trabajando aquí un tiempo. No sé exactamente como explicarlo, pero es una ciudad muy viva, mucho más liberal que otras ciudades americanas. Tiene mucha actividad nocturna y cada día hay decenas de bares donde tocan grupos en directo. Por eso la conocen como la «Capital mundial de la música en vivo».

—¿Qué destacaría de la manera de trabajar del país?
—Como no trabajo aquí, mi opinión no será la más válida. En lo que sí que puedo opinar es sobre la actitud de los jóvenes con respecto al mundo laboral. Los universitarios aquí tienen interiorizado que tienen que trabajar y que el dinero cuesta de ganar. Por eso lo hacen casi todos, y no más de un trabajo algunos. Incluso, los hijos de familias adineradas, trabajan desde jovencitos.

—¿Cómo se está viviendo la crisis en su país de residencia?
—Bien todos debéis saber cómo van las cosas en los Estados Unidos, ya que últimamente debe estar en todos los telediarios con eso de Donald Trump. La gente está muy alborotada y se habla más política y del futuro del país que nunca. Ahora bien, crisis no se ve ni se habla demasiadas.

—¿Cree que el país donde vive actualmente es un buen lugar para que los más jóvenes puedan buscar trabajo?
—Sí, o eso parece. Al menos en sitios corrientes como supermercados, restaurantes, tiendas, etc. Siempre cuelgan el cartel de Now hiring, que quiere decir que se contrata gente.
Estos trabajos están mejor pagados aquí. Además, en clase siempre hablan de que las empresas farmacéuticas buscan gente y, un día, la profesora nos preguntó si alguien ya había empezado una empresa. Sorprendentemente, más de un par levantaron el brazo.

— ¿Le ha pasado algo curioso de que no se hubiera imaginado nunca?
— En las clases de la universidad los estudiantes entran con trozos de pizza, hamburguesas, patatas fritas, fiambreras... Y se ponen a comer allí tranquilamente.

—¿Qué es lo que más echa de menos de casa?
—¿Aparte de la familia y los amigos? El fútbol. He jugado algunas pachangas, pero con gente muy mala y en campos sin porterías.
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