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Ramon Folch, al centre, abans de la ponència amb que va inaugurar el nou curs escolar 2016-2017.

Folch: «El primer entrenamiento lo pasé llorando dentro del coche de mi padre»

Ramon Folch, en el centro, antes de la ponencia con que inauguró el nuevo curso escolar 2016-2017.

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El capitán del CF Reus acerca los valores del sacrificio y la capacidad de superación a los alumnos del INS Baix Camp

Actualizada 03/10/2016 a las 00:28

«De pequeño, con siete años, mi padre me inscribió en el Santes Creus. Yo siempre he estado muy tímido y no quería. Recuerdo el primer día de entrenamientos, llorando dentro el coche mientras veía al resto de niños pasar». Son palabras del capitán del CF Reus, Ramon Folch, en un auditorio de jóvenes estudiantes del Instituto Baix Camp.

El centrocampista (Reus, 1989), que es titulado en Ingeniería de Telecomunicaciones y ha cursado un master en aplicaciones multimedia, inauguraba ayer el curso escolar en el centro con un repaso a su trayectoria deportiva y vital que ponía bajo el foco público por primera vez alguno de los detalles del carácter de uno de los futbolistas más reservados en el vestuario rojinegro. Bajo la atención llena de los adolescentes, el hombre de moda en Reus en los últimos días arrancaba la intervención: «Yo fui, soy, un niño al igual que vosotros».

Con las estadísticas de las siete primeras jornadas de Liga de la Segunda División en la mano, y una vez contabilizadas también cifras de la cita con el Rayo, Folch es el segundo mejor pasador de la categoría de plata con 439 pasadas que dejan una media de 63 por partido. Y un gol, el que anotó precisamente contra el equipo que dirige José Ramon Sandoval y que mantuvo a los reusenses por delante en el marcador hasta el 93’.

En el acto, en que Ramon recordaba que «de bien pequeño empecé a jugar a fútbol y a baloncesto porque los padres estaban muy vinculados», el mediocentro desgranó algunas de las anécdotas más simpáticas y curiosas que deja su carrera de futbolista. Como cuando, también en el Santes Creus, «llegó el primer fin de semana de partido y no me avisaron. Me lo perdí. Fui el siguiente, pero tampoco pude jugar porque se habían olvidado de hacerme la ficha». Después de los primeros pasos en La Salle y en la Selección Reus 2002, «me rompí la tibia y el peroné y me dijeron que nunca volvería a jugar a fútbol. Aquello fue un golpe duro», apuntaba al reusense, a quien un segundo diagnóstico hizo ver que «lo realmente peligroso era que dejara de hacerlo. Me pusieron una placa con siete clavos y me recuperé muy bien».

En Finlandia y entre brasileños
La vuelta a los terrenos de juego fue dura. No por la cuestión física, sino porque «no confiaban en mí, no me daban minutos y yo quería trabajar. Me daba igual donde jugara, sólo quería hacerlo». Y así, aprovechando la oportunidad de una estancia de cerca de cuatro meses, probó el fútbol finlandés.

«Compartía piso con dos brasileños. Entre los tres, teníamos sólo una llave que dejábamos en la alfombra de la entrada. Sin embargo, ellos se olvidaban a menudo y quedarse fuera de casa en Finlandia... Ya me veis cogiendo el banco del parque y subiéndome por la ventana para entrar en mi casa. Podría haber acabado en la prisión, porque las leyes allí son más estrictas, pero todo fue bien», explicaba entre sonrisas. En aquel momento, finalizaba los estudios de Telecomunicaciones, carrera escogida porque «tenía claro que quería hacer una ingeniería, porque la vida del futbolista se acaba y no todo se puede quedar en aquello, y escogí la que se cursaba por la mañana y que se me permitía seguir jugando a fútbol por las tardes».

«Trabajad y llegaréis lejos»
En un salto al tiempo, ya como jugador del Conquense, «las cosas fueron diferentes. De entrada porque vivíamos en un chalet, éramos seis y cada uno tenía su habitación». Entre todos, «formábamos a una familia y aquella unión nos sirvió para mantenernos fuertes». El ascenso a Segunda B conseguido en Cuenca «llevó el Reus a fijarse en mí. El club de mi ciudad y de donde se había marchado para progresar me quería, y aquello fue el mejor premio que podía tener». «Estar a la Liga profesional en España, ¿quién me lo tenía que decir a mí?», se preguntaba Folch todavía con la ilusión del paso a Segunda División, y subrayaba, como una lección final a los jóvenes de qué se ha convertido en referente, que «las cosas nunca son fáciles y nadie regala nada. Trabajad, que nadie os diga que no lo podéis conseguir. Trabajad mucho porque, si lo hacéis, podéis llegar muy lejos, hacer cualquier cosa que queráis».
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