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La cuenta pendiente de Natxo con la ciudad

El míster probará en pocas horas el salto en Segunda con que sacarse la espineta de la primera etapa que recordaba al volver al CF Reus

Actualizada 26/05/2016 a las 09:17

«Vuelvo en la que resultó casa mía durante cuatro años y donde viví momentos buenos y también delicados. Este es el proyecto ambicioso que buscaba a la categoría y aquí no me faltará profesionalidad, compromiso ni trabajo». Eran las primeras palabras de Natxo González, el pasado 2 de junio de 2014, en su puesta de largo como entrenador encarnado-y-negro, después de una campaña con el leridano Emili Vicente en el banquillo y en el marco de la revolución que vivió el club coincidiendo con la conversión a SAD y la elevación de los objetivos deportivos. El técnico de Vitoria se instalaba en la capital del Baix Camp de que se había despedido al desenlace de la campaña 2006-07, con el Reus eliminado por el Betis en las puertas del ascenso a la Segunda B, convencido de que «vengo para conseguir alguna cosa grande con el Reus» y con la sensación que «tenía una deuda pendiente con el club y la ciudad». Casi dos años después de recuperar las riendas del vestuario, Natxo está bien cerca de saldarlo y de regalar en Reus y en el CF Reus lo que sería su primer paso por la Segunda División A. Hasta aquí, una montaña rusa que lo habrá llevado a disfrutar de los momentos más dulces de la historia encarnado-y-negra y a sufrir algunos en qué también ha tenido que hacer frente, y ha salido adelante. Con el 0-3 de la ida en el Sardinero, gritaba a la cautela: «Es un buen resultado pero quedan 90 minutos y tenemos que tener la autorregulación necesaria como para calmarnos, recuperarnos y estar lo mejor posible para el próximo partido».

Hasta 76 jornadas de Liga en las espaldas –en qué hace falta añadir, además de la disputa de las dos promociones, también el brillante papel en Copa del Rey y la Copa Catalunya-, en esta segunda etapa en el CF Reus, en que Natxo González ha avanzado con las convicciones del primer entrenamiento,­ disciplina en el vestuario y rentabilidad del juego sobre el césped. Mantenerlas le valió, en los primeros compases, a las críticas de un sector de la afición a que no consiguió de entrada ponerse en el bolsillo y con que, al paso de las semanas, ha vivido una reconciliación plácida y comprensible. Los hitos alcanzados y las cifras que acumula, «el principal aval con que uno cuenta», lo llevaron a seguir «el camino escogido y el que todos estamos convencidos de que nos lleva a ganar y conseguir los objetivos. Que guste o no guste, pasa en todas partes|a todas partes», apuntaba hace pocas semanas.

Entre el césped y el despacho
En su disposició­n una plantilla «fiable» y cuajada de nombres que venían de brillar a la categoría de plata o que aspiraban a hacerlo que el verano pasado se limitó a retocar sin grandes cambios. Quería «mantener el bloque» como base para el salto de categoría». También el grupo de portugueses llegados de un mercado donde «es más sencillo hacerse con jugadores jóvenes y valiosos». La garantía del esfuerzo de la veintena de futbolistas que mantenía en juego a raíz de la determinación de no definir un once, se convirtió de inicio a una de las obsesiones del cuerpo técnico y, en especial, del entrenador. A las mañanas sobre el verde –el del Estadio o bien el del municipal de Riudoms– y, durante las tardes, cerrado en el despacho de las instalaciones encarnado-y-negros–, trabajando codo con codo con el director deportivo Sergi Parés, Natxo González ha querido planificar cada detalle.

De la anterior experiencia en el play-off de ascenso a la Segunda División A, «llegamos un poco justos como para poder competir con plenas garantías», apuntaba el vitoriano en vísperas que el CF Reus alcanzara el título de campeón del grupo tercero de la categoría de bronce, gracias al triunfo extraído contra el Cornellà y al resbalón del Vila-real B contra el Español. Sobre la fe en que la campaña acabara así, y en que la promoción de ascenso volviera dejar un lugar para los rojinegros, Natxo González reconocía que «sí que hubo un momento que yo, personalmente, vi alguna duda o creí que se nos podía escapar de las manos» y decía que «al final, nos dimos cuenta de que todo aquello que habíamos ganado se podía perder. Y así conseguimos corregirlo, afortunadamente, a tiempo».

Pensando en fútbol «todo el día»
Soy de los que piensa que la felicidad llena no existe, que no la tiene nadie. Hay momentos que la puedes fregar, pero una felicidad llena y continuada es muy difícil. Y con todo, me encuentro bien», apuntaba, antes de saber que los últimos resultados lo dejarían, tal como ahora se encuentran en las puertas de la consecución de un ascenso a la Segunda División A en qué todavía no quiere pensar públicamente. «Mi familia está aquí, mi hijo ha nacido y todo lo tengo aquí. No puedo pedir más», apuntaba, sobre esta particular cuenta pendiente suya con la capital del Baix Camp y con el club rojinegro. Por delante, ahora, 90 minutos que lo separan a él y en el equipo de inscribir su nombre en una de las plazas de la categoría de plata. «En esta profesión, aprendes a no proyectarte demasiado más allá», ha dicho alguna vez el entrenador, que reconoce que «me paso el día pensante en fútbol». A la mente, ahora, únicamente la vuelta contra el Racing.
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