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Casimiro Guart va néixer a Tortosa, però assegura que és 'molt vila-secà'. Va arribar amb cinc anys i ja no va marxar.

«Los autocares son el amor de mi vida, mi pasión»

Casimiro Guart va néixer a Tortosa, però assegura que és 'molt vila-secà'. Va arribar amb cinc anys i ja no va marxar.

«Los autocares son el amor de mi vida, mi pasión»

Casimiro Guart ha trabajado durante más de 40 años conduciendo autocares en Vila-seca
  • Cristina Serret

Actualizada 30/03/2017 a las 15:12

La fascinación por los tractores, los trenes o los coches de bomberos son habituales en los niños pequeños. Lo que ya no es tan común es quedarse embelesado mirando los autobuses, como le pasaba a Casimiro Gualt, que de muy pequeño ya sentía pasión por estos grandes vehículos de transporte de viajeros. Y lo que tampoco es habitual es llegar a la edad de jubilación habiendo convertido aquella fascinación en su oficio. Casimiro ha sido, durante más de cuarenta años, el ‘conductor de los autobuses de Vila-seca’, y seguramente por este motivo no puede andar por la calle sin saludar uno u otro: quién más quién menos todo el mundo ha subido a un autobús del Casimiro en algún momento de su vida.

«Me jubilé en octubre del año pasado, y desde los 14 años que no había parado nunca de trabajar», apunta a Casimiro. Primero, como mecánico, pero ya con la mirada puesta en los autocares. Muy pronto empezó a conducirlos, y al cabo de unos años empezó a trabajar a la compañía Losa, donde acabaría pasando la mayor parte de su vida. Admite que poco después de jubilarse le habían caído las lágrimas al ver pasar algún autocar, pero ahora ya se ha habituado a no conducirlos. «Los autocares son el amor de mi vida, mi pasión. El problema es que haciendo este trabajo la mujer y los hijos se tienen que acostumbrar a vivir sin ti, porque pasas mucho tiempo fuera. Hay que encontrar a una persona muy comprensiva», assegura.El Casimiro siempre ha hecho transporte discrecional, a pedido, y por eso ha recorrido Europa casi de punta a punta. No obstante afirma que nunca se ha sentido solo, porque ha tenido la gran suerte de encontrar al mejor compañero de viaje: «he pasado 36 años viajando con la misma persona al lado, Isidoro Paz, que es el mejor profesional de la provincia de Tarragona y también la mejor persona. Le estimo muchísimo y nunca hemos tenido ni una pequeña discusión».

Además de transportar viajeros, Casimiro también ha conducido a los escolares del municipio en todas las ocasiones que estos han hecho salidas. A los niños y niñas sólo les pide una cosa: «tenéis que estar bien assegudets y con el cinturón atado». Si el viaje es largo y quieren música o una película se la pone, pero si es corto, les recomienda que miren por la ventana: «los digo ‘miráis lo panorama que es más boniquet, para ver la televisión ya estáis en casa». Con muy buen humor Casimiro Gualt apunta que los niños cada vez son «más traviesos».

Sentido común y prudencia
Después de toda la vida trabajando, Casimiro tiene muy claro cuáles son las características de un buen conductor de autocares: «hay que tener mucho conocimiento, mucha paciencia con la gente y mucha prudencia». El sueño es, a su parecer, el principal escollo en la carretera, y para combatirla sólo hay un secreto: el sentido común. «El límite que tenemos nosotros son el alcohol y el sueño. El alcohol lo podemos dominar. El sueño no se puede dominar, cuando te pega, te pega. En todos los años que he conducido sólo he parado una vez, pero he sabido reconocer que me dormía. Si no paro, seguramente ahora no estaría aquí», apunta.

En todo este tiempo Casimiro también ha visto cómo evolucionaban los vehículos, tanto con respecto a la potencia como a las prestaciones. «En los años 80 viajábamos con Pegasos de 260 caballos, y quien llevaba|traía a uno de estos era el rey del mambo. Cuando venía una subida, si no cogías fuerte el volante, volvía. Y cuando cambiabas de marcha, todos los pasajeros iban haciendo reverencias. Hoy tenemos autobuses de 460 caballos, 15 metros y 71 plazas que son la repera».

Ahora, casi medio año después de jubilarse, Casimiro ya ha encontrado otra afición que le llena el tiempo: dos trozos del suelo y un maset que se ha arreglado. «En casa no puedo estar, soy como un 'moixonet' de aire, si me encierras en el piso me muero en cuatro días», afirma. Y se despide asegurando que está satisfecho porque se ha ganado la vida con un ‘hobby’. «La mujer siempre me lo ha dicho: parece que te hayas casado con un autobús. Pero bueno, no nos ha ido mal».
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