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Els avis de l'Anton vanobrir la pensió l'any 1940.

«La madre me enseñó a tratar a todo el mundo igual»

Els avis de l'Anton vanobrir la pensió l'any 1940.

Els avis de l'Anton vanobrir la pensió l'any 1940.

«La madre me enseñó a tratar a todo el mundo igual»

Els avis de l'Anton vanobrir la pensió l'any 1940.

«La madre me enseñó a tratar a todo el mundo igual»

Anton Salvadó, propietario de la emblemática Pensión Salvadó de Vila-seca

Actualizada 10/02/2017 a las 13:50

Corría el año 1940 cuando Salvador Salvadó Saltó y su mujer Asunció pusieron en marcha la Casa Huéspedes Salvadó, en la que entonces era la plaza de España de Vila-seca, y ahora es la plaza de la Iglesia. Más de setenta años más tarde, desde la perspectiva del año 2016, se puede afirmar con contundencia que el abuelo Salvador tuvo una visión de negocio más que acertada. Un acierto que se vio fortalecido por unas ganas de trabajar incansables y una vocación a prueba de todo.

Los años en que los abuelos regentaron la pensión fueron ‘dorados’. Celia Gámez, Jorge Sepúlveda, Narcís Serra y Luis Eduardo Aute son sólo algunos de los personajes famosos que se hospedaron en la fonda. También Antonio Machín, que protagonizó un episodio que la madre de Anton explicaba muy a menudo: «pidió un bistec, y la carne estaba de color azul, claro está, en aquella época no había neveras, estamos hablando de los años 50. Pero el abuelo, que era un gran cocinero, le preparó de una manera que Machín dijo que nunca había comido una carne tan buena».

Al lado de los personajes más populares, en la pensión también había clientes que eran tanto o más queridos que estos, personas que venían a veranear y pasaban temporadas, trabajadores desplazados... «El abuelo era muy buen cocinero, y en el comedor de aquí se hacían los bautizos, las comuniones y las bodas de todo el pueblo», explica Anton.

Con el paso de los años, los yayos dejaron paso a la siguiente generación, y los padres de Anton, Salvador Salvadó Planas y su esposa Juani Hervás cogieron las riendas del negocio. «Recuerdo tener la terraza a reventar, y a la madre sacando paellas para los franceses e italianos que se instalaban aquí en régimen de pensión completa», detalla Anton.

Con el tiempo, Juani Hervás se convirtió en el alma del establecimiento, no sólo por su cocina, sino también por|para su manera de hacer, amable y entrañable. Hasta el punto que alguna vez se habían encontrado clientes que, al buscar el establecimiento, pedían directamente por ‘Casa Juani’. Cuando su hombre se murió, madre e hijo siguieron el legado familiar con el mismo empuje que sus antecesores, y también la misma manera de hacer: «del abuelo y la madre aprendí que se tiene que tratar a todo el mundo igual, tanto es de donde venga, quien sea o lo que tenga,» asegura Anton.

En la Pensión Salvadó no cierran nunca. Pero ahora hace tres años la muerte repentina de Juani fue una vez tan fuerte para su hijo que acabó cerrando el establecimiento durante nueve meses. La noticia de la muerte de la dueña llegó hasta Francia, Brasil o México, y desde allí Anton recibió palabras de pésame de clientes que se habían acabado convirtiendo en amigos entrañables.

Seguir la tradición
Cuando la madre se murió todo se me hizo una montaña, y no me vi con fuerzas para volver a abrir. Ahora estoy remontando, poco a poco, y de momento he vuelto a abrir y, poco a poco, voy haciendo», apunta a Anton. «Cuándo mi madre vivía, me decía ‘Cuando yo no esté, ¿qué vas a hacer?’, y yo le decía ‘Namás que encuentre a alguien que sea la mitad que tú, mama’», explica con emoción.

Los Salvadó son dos hermanos, pero sólo Anton ha querido mantener el negocio. Eso sí, tiene un hijo a quién le gusta tanto como él pasar las horas en el local.

De momento ha reanudado el trabajo poco a poco, el comedor es cerrado porque hicieron obras para ampliar las habitaciones, pero algunas veces todavía sirve alguna de las especialidades de la casa, como el pulpo con champiñones, la sepia con alioli o el pescado rebozado, si se lo encargan.

«De vez en cuando vienen a decirme si lo quiero alquilar, incluso han venido chinos, pero yo los digo que no. ¿A veces pienso que lo tendría que hacer, porque me paso la vida aquí, sólo cierro el domingo por la tarde, y al verano ni eso, pero es que quiero seguir la tradición, si no estoy aquí, donde tengo que ir, si toda mi vida me la he pasado aquí»?, concluye Anton.
Si Anton hace caldo, es que ha llegado la Navidad
Una de las tradiciones navideñas más populares en Vila-seca es el tradicional reparto de caldo que se hace en la plaza de la Iglesia la noche del encendido de las luces de Navidad.
La idea surgió de la madre de Anton, Juani Hervás, que durante muchos años se encargó de cocinar, con su fórmula particular, el caldo caliente y delicioso que se reparte para apaciguar el frío de la tarde. Al morir la madre, Anton se planteó dejar de cocinarlo, pero llegó a la conclusión que era una buena manera de recordar y, al mismo tiempo, rendir homenaje a la madre.
Hacer el caldo no es trabajo fácil, ni corto. La cazuela se pasa dos días al fuego, y durante este tiempo, asegura a Anton, se tiene que alimentar de bocadillos porque|para que te la cocina llena y los fogones bien ocupados. La fórmula de la madre se sigue de manera estricta, y la encargada de hacerlo es la exmujer de Anton, que es quien conoce los trucos y secretos del caldo.
«Este año la gente me ha dicho que ha sido de los años que lo han encontrado mejor, y eso quieras que no me hace estar muy contento, así que, de momento, no dejaré de hacerlo,» asegura Anton.
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