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Boluda explica que un dels principals reptes de la direcció de l'escola és integrar les famílies en el dia a dia del centre

«En la escuela cuidamos mucho las relaciones humanas»

Boluda explica que uno de los principales retos de la dirección de la escuela es integrar a las familias en el día a día del centro

«En la escuela cuidamos mucho las relaciones humanas»

Hace 16 años que Francesca Boluda es directora de la escuela Cal·lípolis de la Pineda

Actualizada 26/01/2017 a las 18:47

Este verano hará diecisiete años que Francesca Boluda es directora de la escuela Cal·lípolis de la Pineda Esta madrileña de nacimiento, tarraconense de adopción y vila-secana de corazón accedió al cargo después de muchos años como maestra en el mismo centro. Casi tantos como años de profesión: «mi primera plaza definitiva estuvo en la Pineda. Desde entonces nunca me he planteado moverme de esta escuela ni volver» a «concursar», admite Francesca.

Aquí encontró lo que buscaba: el contacto con los chiquillos, especialmente la de los cursos infantiles: «me hice maestra por los niños pequeños, me gusta la ilusión con que descubren las cosas, la cara por sorpresa que hacen cuando les explicas cosas, la forma como te miran o te agradecen lo que les enseñas, el cariño que te demuestran...».

Ahora, desde su posición a la dirección del centro se ha alejado un poco, pero no tanto como podría parecer. «De los trabajos que comporta ser directora, la más agradable es la relación con los chiquillos y los compañeros», asegura, y añade que su cargo no es, en ningún caso, un trabajo solitario: «un director que pretenda dirigir él solo está destinado al fracaso, el liderazgo tiene que ser compartido, hace falta tener la gente en tu lado y procurar que, lo que haces, les guste a fin de que colaboren, y de esta manera el proyecto sea comunitario, de todos».

Esta sensibitat a la hora de gestionar las relaciones humanas es uno de los rasgos distintivos de la escuela Cal·lípolis, y de manera casi inevitable, la huella de propia Francesca Boluda: «quieras o no, la escuela o el proyecto acaba teniendo la huella de la dirección, porque cada persona tiene su manera de trabajar, y eso se nota. Pero yo creo que, más que la huella del director, tienes que dejar la huella de lo que quieres que sea la escuela, de manera que aquel proyecto pueda continuar aunque lo lidere alguna persona diferente».

A la hora de definir el perfil del centro más allá de lo que marca la enseñanza curricular, su directora asegura que desde el claustro se presta una atención especial al fomentar la integración de las familias, y poniendo siempre por delante la voluntad de llevar nuestra cultura a todos los niños, a la vez que se buscan espacios de expresión para el resto de culturas. A la vez, esta voluntad de hacer partícipes a los padres y madres en la comunidad escolar se ha acabado convirtiendo en el gran reto del centro. «Queremos que las familias participen en la realidad escolar, y nos encontremos con que nos cuesta mucho», admite la directora, que también apunta que el papel de los padres ha ido cambiando con el paso de las décadas: «años atrás los progenitores tenían mucho respeto por la escuela, pero no participaban, era más bien un acompañamiento. Después, los hijos de estos padres se hicieron mayores|grandes, y quisieron conocer, ayudar y formar parte del centro. Ahora estamos volviendo a un nuevo distanciamiento, tal vez a causa del escenario laboral, que obliga a trabajar al padre y a la madre. Pero también es verdad que los padres más jóvenes, los que tienen los hijos a los cursos más bajos, apuntan a un nuevo cambio, a que vuelven a interesarse».

Entre las principales virtudes del modelo educativo de este nuevo siglo Francesca Boluda pone la capacidad de los nuevos modelos educativos para motivar a los alumnos en el aprendizaje: «nos hemos dado cuenta de que el niño aprende a partir de su realidad, lo hacemos partícipe de sus aprendizajes, es él quien los construye, y eso hace que estén más motivado».

En este recorrido tienen un papel clave los maestros de la escuela, muchos de los cuales, como la propia Francesca, han pasado toda su vida profesional en la Cal·lípolis, y, una vez jubilados, se han acabado convirtiendo en ‘amigos’ de la escuela. Y entre las jubilaciones, la directora destaca con especial afecto la de Manolo Galache, conserje de la escuela, que después de toda una vida en el centro se despidió en un acto de despido que movilizó, no sólo la familia educativa, sino buena parte de habitantes de la Pineda «En la escuela Cal·lípolis cuidamos mucho las relaciones humanas, y eso se nota, porque perdura en el tiempo,» concluye Francesca.
Una escuela abierta a la comunidad
«Para mí, conocer el entorno donde estamos es primordial, si quieres que los niños se impregnen de su cultura, el primer conocedor tienes que ser tú». Esta declaración de principios hace que sea habitual encontrar a la directora de la escuela Cal·lípolis en todo tipo de actos, actividades e iniciativas que se llevan a cabo en el municipio. Y también es una gran conocida de entidades y administraciones locales. «Para nosotros es importante conseguir una simbiosis, ver qué podemos aportar nosotros como escuela y qué nos pueden aportar ellos. También me gusta que el centro esté representado en el municipio, que se nos conozca, por eso nos gusta ir a todos los actos donde nos invitan», asegura la directora.
Francesca Boluda admite que el hecho de estar en la Pineda, en un núcleo diferenciado de Vila-seca, a veces limita la participación de los niños en actividades, sobre todo extraescolares, porque hay muchos padres que no tienen medios de transporte para ir y volver. Por este motivo, desde un buen comienzo consideraron imprescindible trabajar en coordinación con el Centro cívico y el Centro abierto, que además, son junto a la escuela, convirtiéndolos en espacios que pueden complementar la oferta lúdica o educativa para los niños y sus familias. Una tarea en que, tal como apunta la directora, también juega un papel importante el AMPA del centro, que se ha esforzado por ofrecer todo tipo de extraescolares en la escuela.
Al mismo tiempo, desde la dirección se quiere que en el municipio se vea el centro como un lugar de todo el mundo: «estamos abiertos a la comunidad, somos un espacio que se puede utilizar más allá de limitarnos a enseñar».
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