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Els pagesos alerten de la incipient plaga de cotorres a conreus d'interior

Los campesinos alertan de la incipiente plaga de cotorras a cultivos de interior

Las cotorras argentinas acostumbran a volar en grupo.

DM

Los campesinos alertan de la incipiente plaga de cotorras a cultivos de interior

Empiezan a provocar estragos a los cultivos de avellana y almendra de Constantí, el Morell, la Pobla, Rodonyà y la Riera de Gaià

Actualizada 19/08/2016 a las 12:25

La cotorra, un ave considerada especie «exótica invasora», ha empezado a reproducirse y establecerse en las poblaciones de interior del Camp de Tarragona. Los campesinos alertan de su proliferación desde hace un año y medio a los campos de cultivo, especialmente de avellanas y de almendras, frutos que se comen cuando todavía son verdes y blandos. Los campesinos temen que, si no se pone control sobre la población de esta ave, pronto se convertirá en una plaga que pondrá en peligro los cultivos y algunas especies autóctonas.

Constantí, el Morell, la Pobla de Mafumet, Vilallonga del Camp, la Riera de Gaià o Rodonyà, son sólo algunas de las localidades alejadas del litoral donde los agricultores han empezado a ver con preocupación la presencia de numerosos grupos de estos pájaros verdes. Su presencia ya es habitual en algunos municipios costeros. Uno de los casos más evidentes es el de Cambrils, donde han ocupado las palmeras con grandes nidos y su cántico estridente es habitual en el paseo marítimo. «Desde hace un año y medio se oyen más por los campos de cultivo. Antes veías alguna, pero ya las oímos cantar. Se han visto en varias poblaciones en pequeños grupos y estropean los almendros y los avellanos. Rompen los brotes y se comen las avellanas y las almendras cuando todavía son adobes. Siempre van en grupo. Se pueden ver siete u ocho juntas y después encontramos los caparazones que dejan al suelo», afirma Rafael Español, coordinador comarcal del sindicato Unió de Pagesos en el Tarragonès.

Cuando los caparazones de la avellana y la almendra se endurecen, los campesinos tienen que bregar con las palomas torcaces, un tipo de paloma, el mayor que habita en la península Ibérica. «Entre las cotorras y las palomas torcaces, ya no sabemos qué hacer. Los que tienen árboles frutales se ven obligados a instalar cañones de aire para asustarles. Son capaces de comerse todo un cerezo en una noche cuando la fruta empieza a madurar», razona Español.

La paloma torcaz es un viejo conocido para los campesinos. Sin embargo, éstos alertan del gran desconocimiento sobre el impacto que puede tener la cotorra argentina que, hasta ahora, acostumbraba a habitar en espacios urbanos. «No hay ninguna bestia que le haga daño. No tiene depredadores en la zona. Como cualquier especie invasora, pueden acabar desplazando a las autóctonas. Hace tres años que decimos que la paloma torcaz es una plaga. Hay plaga de conejos, también de jabalíes y, pronto, tendremos que añadir las cotorras», augura Español.

¿Puede ocurrir plaga?
Los temores de los campesinos no son infundados, su forma de vida y de reproducirse han hecho que esta especie, originaria de zonas templadas y subtropicales de Sudamérica, se haya adaptado al clima tarraconense. SEO/Birdlife ya ha alertado repetidamente de que la cotorra argentina tiene un efecto negativo sobre el resto de la flora y la fauna. Afectan a los nidos de otras especies y llegan a secar los árboles, ya que consumen los brotes.

Aunque es considerada especie invasora por el Gobierno español (Real Decreto 630 del 2013), ninguna administración ha hecho nada para frenar su expansión. Las cifras que tiró el censo aproximado de cotorras argentinas realizado por SEO/BirdLife el año pasado no pueden ser despreciadas.

Cataluña es la comunidad autónoma con un mayor número de ejemplares en todo el Estado español, según el censo de SEO/BirdLife. El año pasado se detectaron 2.314 nidos, lo que supone un mínimo de 5.951 ejemplares y un máximo de 6.730. La población mayor de cotorras argentinas vive en la provincia de Barcelona. Tarragona le va detrás. En la demarcación de Tarragona se identificaron 112 nidos durante el 2015, es decir, un mínimo de 283 pájaros y un máximo de 320 que salvan en libertad. Al conjunto de España hay 20.000 ejemplares censados, pero podrían ser más.

Como en el resto del Estado, la cotorra argentina empezó a establecerse en la provincia de Tarragona a través de las liberaciones individuales como mascotas. Son pájaros bulliciosos y pueden suponer una molestia en un ambiente doméstico. Las liberaciones individuales las ha hecho multiplicarse en pocos años y adaptarse al medio. Son pájaros muy gregarios y sedentarios –no hacen migraciones– y se encuentran cómodos en ambientes urbanos. Construyen nidos comunitarios que se convierten en complejas estructuras de pequeñas ramas. Ponen entre cinco y ocho huevos por nido y tienen una incubación que dura unos 26 días. Los huevos se adaptan a cualquier tipo de climas templados o tropicales y su reproducción es muy rápida.
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