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Jennifer Panebianco la talentosa violinista que ha enamorat al món

Jennifer Panebianco, delante del auditorio de Vila-seca.

Olívia Molet

Jennifer Panebianco la talentosa violinista que ha enamorado en el mundo

Es alumna del Conservatorio de Vila-seca, donde recibe clases de Josep Maria Ferrando
  • Cristina Serret

Actualizada 24/03/2016 a las 01:30

Con poco más de cuatro años Jennifer Panebianco pidió un violín a sus padres. Alfredo Panebianco y Vania del Mónaco, dos reconocidos guitarristas, pensaron que era un capricho y no hicieron caso mucho. «Cuando eres músico profesional quieres que tus hijos te entiendan y quizás toquen algún instrumento, pero no que se dediquen, si no es que lo tienen muy claro y lo vuelan de verdad, porque vivir de la música es muy complicado, explica Alfredo.
Pero su hija fue persistente. Siguió pidiendo un violín con tanta insistencia que al cabo de un año acabaron comprando uno. «Había visto tocar a Sophie Mutter y quise tocar el violín como ella, y llevar sus vestidos|trajes. La primera vez que fui en clase le dije a la profesora: ¿‘podré dar un concierto con un vestido|traje’?, recuerda a la misma Jennifer.
Rendidos a la evidencia, los padres dieron un violín a la niña, y enseguida vieron que tenía un gran talento. Al principio se lo miraron con reservas: «como éramos sus padres pensamos que la vemos con talento porque era nuestra hija, pero muy pronto los entendidos nos confirmaron que tenía un don fuera del común».
La primera constatación la tuvieron al hacer las pruebas de ingreso al Conservatorio de Vila-seca, y la confirmación llegó al primer certamen donde se presentó, a la edad de 8 años. Fue al Concurso Internacional de Violín Marie Cantagrill de Francia, donde fue galardonada con el primer premio absoluto y fue calificada de ‘enfant prodige’.

Del Conservatorio en el mundo
Después de aquel reconocimiento Jennifer, que ahora tiene diez años, ha ganado varios concursos de jóvenes violinistas celebrados por todo el mundo, donde además de coincidir con otros niños y niñas talentosos, ha tenido la oportunidad de conocer grandes figuras del violín, así como maestros que han alabado su trabajo. Para sus padres, estos certámenes son buenas oportunidades para el desarrollo de su futura carrera profesional, y no se trata tanto de ir a todos los concursos como de estar presente en aquellos que puedan hacerla crecer como violinista.
Mientras tanto, Jennifer Panebianco sigue sus estudios de música en el Conservatorio de Vila-seca, donde recibe clases de Josep Maria Ferrando. «Todavía tiene que trabajar mucho. El talento se ha de moldejar, es como el oro, que brilla mucho, pero si no hay un artesano que le dé forma, nunca tendrás una joya|gozo. Ella tiene que seguir los mismos pasos que cualquier otro estudiante de violín, la diferencia es que en su caso el aprendizaje es mucho más rápido», explica su padre, que también lamenta que, para ir bien, la niña tendría que ganar dos cosas de las que ahora va muy justa: tiempo y tranquilidad. Pero los horarios escolares sólo le dejan, como mucho, un par de horas libres cada día, y al Conservatorio sólo hace una hora a la semana. Sus padres son conscientes que desarrollar al máximo el talento de su hija pedirá mucho esfuerzo y trabajo, y en alguna ocasión han preguntado|pedido a la niña si está dispuesta a hacerlo. «Pero si le preguntamos si lo quiere dejar, enseguida responde que no», apunta a Alfredo.

Una forma de expresión
Su padre explica que una de las cosas que llama más la atención de Jennifer es que, «cuando|cuándo la voces, es mucho ‘niña’. Pero cuando sube al escenario y se pone a tocar se transforma completamente. Al fin y al cabo, la música es una manera de realizarse. Ella ahora no lo entiende, pero lo vive así. El violín es su manera de expresarse, hay personas que se ponen guapas, otros demuestran que tienen mucho dinero, pero los músicos lo hacemos a través de la música. Al final, lo que queremos su madre y yo es que se lo pase bien y encuentre una manera de expresarse que la haga feliz al margen de todas las cosas».
Con respecto a Jennifer, ella lo tiene muy claro. De mayor se ve «viajando y tocando el violín». No lo dice, pero seguro que en esta imagen que se ha hecho del futuro, luce un vestido|traje precioso, como Sophie Mutter.
Praga en sus pies
Este pasado fin de semana Jennifer Panebianco ha ganado el Primer premio absoluto del 4º Praga International Violin Competition “Josef Micka”, que se ha celebrado en la capital de la República Checa. El jurado estaba formado por grandes figuras del violín, de la talla de David Takeno, Jiri Panocha, Pavel Kudelasek i Vaclav Hudecek.
Jennifer interpretó obras del repertorio violinístic, como ‘Baal Shem’ de Ernest Bloch o la Introducción y Tarantella de Pablo de Sarasate, una obra de una gran complejidad técnica.
El padre de la joven violinista, Alfredo Panebianco, explica orgulloso que la niña llamó la atención desde el primer momento, y en varias ocasiones fue objeto de ovaciones, incluso cuando estaba haciendo la prueba acústica, antes del concurso. Además, muchos de los concursantes que concurrieron con ella al certamen ya la conocían, bien porque habían coincidido en otras ocasiones, bien porque habían visto alguna de sus interpretaciones en Youtube.
La competición de Praga reunió a los mejores violinistas de Rusia, Ukraina, Alemania, Austria, Esolvènia, Azerbaiyán, el Estado Español, Italia y la República Xeca. Panebianco, además de convencer al jurado y llevarse el primer premio, también fue reconocida con el premio especial ‘Vía Musica ad Beatum’. «Cuando acabé de tocar pensé que quería volver a salir y hacerlo al menos cinco veces más, porque me lo pasé muy bien», asegura Jennifer.
La niña ha devuelto enamorada de la ciudad hasta el punto que ha empezado a trabajar en una composición titulada ‘Los puentes de Praga’.
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