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Els horts urbans municipals, una bona manera de donar una nova utilitat als solars municipals buits

Imagen de los huertos urbanos municipales del barrio tarraconense de Sant Salvador.

Los huertos urbanos municipales, una buena manera de dar nuevo uso a los solares municipales vacíos

Ya estén destinados a personas jubiladas, paradas o a entidades, los huertos urbanos se están extendiendo por muchas poblaciones de toda la provincia

Actualizada 14/03/2016 a las 12:41



Cuando el Manolo Rodríguez, de 62 años y vecino del barrio tarraconense de Sant Salvador, tiene ganas de comer una ensalada, sólo hace falta que se dirija a su parcela del huerto urbano y coja una lechuga, algunos rábanos y zanahorias, también tomates bien maduros, un pepino, y algunas hojas de menta para darle el toque final. Y es que «lo mejor de los huertos es la satisfacción y la alegría de ver cómo crecen tus propias verduras», explica Manolo, sonriendo como un niño pequeño. Él es uno de los veinticuatro adjudicatarios de los huertos urbanos municipales del barrio Sant Salvador de Tarragona, ubicados al lado del Centro Cívico del barrio, un descampado que antes se usaba de aparcamiento. «Además lo tengo al lado de casa, no podría ser más práctico», añade el vecino del barrio. De pequeño Manolo se crió en el campo con sus padres, y estar rodeado de verduras y hortalizas lo hace sentirse como en casa. También encuentra en este hobby una manera de distraerse y hacer ejercicio ahora que está prejubilado. «I sobre todo saber qué comes, eso es muy importante», destaca, hablando sobre la mejora cualitativa de las verduras cultivadas por uno mismo. Las parcelas del barrio Sant Salvador entraron en funcionamiento el otoño del 2014, pero en una primera adjudicación quedaron ocho huertos vacíos. Los vecinos no conocían lo bastante el proyecto en un inicio, pero cuando éste ya estaba en pleno rendimiento, se volvió a hacer una adjudicación y además de llenarse los huertos vacíos, también se tuvo que abrir una lista de espera.
Pero Tarragona no es el único municipio de la provincia que cuenta con huertos urbanos municipales. Después de la crisis económica, muchos ayuntamientos se encontraron con que proyectos de obras y construcciones en terrenos que ya habían adquirido no se podían llevar a cabo. Las parcelas empezaron a quedar en desuso y la suciedad se acumulaba provocando cierta problemática entre las zonas vecinales próximas. Una alternativa que surgió que daba un uso útil a las parcelas, y que además también contribuía con el medio ambiente, fueron los denominados ‘Huertos Urbanos’. Cunit es una de las últimas poblaciones de la provincia que se ha sumado a esta iniciativa. El municipio construyó los huertos urbanos ecológicos el verano del 2015. Las adjudicaciones de los solares se llevaron a cabo en noviembre, pero tal y como pasó en Tarragona, de dieciocho huertos disponibles quedaron cuatro vacantes. Este febrero se abrió una nueva convocatoria para adjudicar las parcelas que faltaban. «A la primera convocatoria no llenamos todos los huertos porque los usuarios todavía no estaban familiarizados con el proyecto», explica Ada Carné, una de las dos técnicas que han llevado a cabo el proyecto. En la zona del Plademar, en la cañada de Santa Coloma, es dónde se pueden encontrar estos dieciocho huertos ecológicos. «No se pueden utilizar productos químicos», comenta con rotundidad Carné: «Es una de las condiciones. Pero también ofrecemos formación básica a los adjudicatarios en este aspecto». De todos los huertos, hay seis destinados a personas jubiladas; seis más para parados; cuatro para ciudadanos que no cumplan ninguno de los requisitos anteriores; uno para entidades; y uno para servicios municipales.

Desde personas jubiladas a jóvenes parados
A diferencia de Cunit, otros municipios destinan sus huertos municipales únicamente a personas jubiladas. Este es el caso de los huertos municipales de Torredembarra, del Vendrell, y del barri Gaudí de Reus. Es una manera de dar en este sector de la sociedad ganas de mantenerse activos, y en muchos casos trasladarlos a su infancia, cuando vivían o trabajaban en el campo con su familia. Precisamente Torredembarra es el precursor de los huertos urbanos municipales en la zona. El proyecto nació el año 2003, como propuesta de la Agenda 21, varios años antes del inicio de la crisis. Pero la finalidad fue la misma, dar un uso social a los terrenos municipales del pueblo. En un principio eran catorce los huertos que estaban a disposición de la ciudadanía. El año 2005 se hicieron cinco más, y en el 2012 el número de huertos del municipio aumentó hasta los treinta y seis. La última ampliación tuvo lugar el año pasado, aumentando la cifra hasta las cincuenta y dos parcelas.
Además de estar destinados a personas jubiladas, algunos de los huertos municipales pretenden solucionar necesidades sociales y laborales. Cunit es uno de los municipios que destina huertos a planes de empleo para personas paradas, que tienen la oportunidad de volver al mundo laboral a través de las tareas que requieren los huertos. Y Reus hace lo mismo en los huertos de los barrios Sol y Vista e Immaculada. Además de tener acceso los vecinos del barrio, el instituto formativo Mas Carandell contrata a personas que se encargan del cultivo y la gestión del huerto. Además, el centro también lleva a cabo acciones de formación en agricultura ecológica para personas paradas. Y en Valls, los huertos urbanos reciben incluso un nombre diferente. «Son huertos comunitarios», remarcan desde Servicios Sociales. El huerto comunitario de Vilaniu es un proyecto de colaboración entre el ayuntamiento, Càritas Interparroquial y la Fundación Vilaniu, destinado a personas en riesgo de exclusión social y laboral derivadas de Servicios Sociales del municipio. Además de ofrecerles formación agrícola y un espacio dónde sentirse útiles, la finalidad del huerto también es la comercialización de los productos y la derivación de los excedentes a Càritas. Y cerca de Valls, encontramos los huertos sociales y sostenibles de Montblanc. Destinados a personas y familias en riesgo de exclusión social, permiten a los mismos afectados producirse los propios alimentos y tener un lugar dónde sentirse realizados. Actualmente Montblanc cuenta con catorce huertos familiares, y dos más que Càritas gestiona como complemento del comedor de la entidad.

Iniciativas privadas
Pero no todos los huertos urbanos son municipales. Muchas iniciativas privadas han visto en estos proyectos beneficios medioambientales, sociales, y una manera de sacar rendimiento a grandes terrenos en desuso. Sin ir más lejos, el empresario reusense Máximo Blasco Fuente de Rubinat tenía unos terrenos vacíos en el barrio Immaculada. Estaban en desuso y ocupados, y decidió darles una nueva vida creando los huertos urbanos de Forques Velles, iniciativa que Blasco ya había visto anteriormente en otros países. Los huertos están en funcionamiento desde el 2009, y actualmente hay treinta y cuatro de las más de cincuenta parcelas ocupadas. El encargado de la finca, Ramon Monné, asegura que aunque la mayor parte de inquilinos|arrendatarios de las parcelas son personas jubiladas, también hay gente más joven que trabaja y que ve en el huerto urbano una vía de escape del día a día de la ciudad.
El Huerto de Reduan de Valls es una iniciativa similar a los huertos de las Forques Velles de Reus. «Hoy en día la gente prefiere ir al supermercado y comprar la verdura allí, es más fácil», explica Montserrat Busquets, una de las dos impulsoras del proyecto, nacido el año 2013. La finca cuenta con un espacio lo bastante grande como para ubicar noventa huertos, aunque actualmente hay veinte ocupados. «Pero con el tiempo eso irá cambiando. La verdura fresca es más saludable y tiene muchos beneficios. Cada vez hay más gente que se suma a esta opinión», sigue a Montserrat. Así pues, todo y que la mayor parte de los inquilinos|arrendatarios con los qué cuentan sus parcelas son personas jubiladas, tal como pasa en Reus, también hay que las llevan|traen personas jóvenes y familias con hijos pequeños, pagando la cuota establecida de 35 euros mensuales.



​Universidad verde
El Campus Cataluña de la Universidad Rovira y Virgilio también ha cambiado su imagen. Uno de sus lados, que había sido un solar vacío a la espera de ser edificado cuando llegó la crisis, ha pasado a ser un huerto urbano que nació de la mano de alumnos, profesorado y personal universitario que decidió dar un nuevo uso al terreno vacío. El proyecto nació el año 2013 gracias a la financiación de la ‘Carrera Solidaria de la URV’, con el objetivo de construir un espacio de convivencia e interacción social donde también se pudieran recuperar valores ambientales. «La construcción del huerto hizo que uniésemos esfuerzos», explica Susana Borràs, profesora de derecho y una de las creadoras del proyecto. Y es que gracias a la colaboración de estudiantes de arquitectura, se pudo construir la infraestructura. Actualmente hay 42 usuarios, tanto d la comunidad universitaria como de las entidades, entre las cuales hay el Centro de Día la Onada y la Asociación d'Asperger del Camp de Tarragona, entre otros. «Todo el mundo es bienvenido», destaca Susana. El huerto, que está en funcionamiento desde julio del 2015, consta de veintiuna parcelas, cada una gestionada por tres o cuatro personas. Además, actualmente tienen en funcionamiento una campaña de crowdfunding online con la Fundación Triodos con el fin de conseguir más financiación para adecuar y mejorar el espacio. Eduard Isern, comunicador que estudió a la misma universidad, realizó el documental –que se puede ver a continuación- sobre la construcción del huerto como trabajo de fin de grado.

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