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Noies subjectant la pancarta 'No morim, ens maten' a la capçalera de la manifestació de rebuig a la violència masclista.

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35 denuncias al día por violencia de género en el ámbito de la pareja en Catalunya

Los Mossos alertan de la normalización de ciertas conductas machistas entre los jóvenes

Actualizada 11/04/2016 a las 09:19

Los Mossos d'Esquadra contabilizaron el año pasado 12.790 denuncias por violencia de género en el ámbito de la pareja en Catalunya. La cifra se mantiene estable e, incluso, va a la baja, pero es sólo la punta del iceberg. La última encuesta de violencia machista, realizada el año 2010, sitúa en un 84% el número víctimas que no denuncian. Entre las que hacen el paso, además, hay que retroceden y acaban retirando las acusaciones. Los Mossos avisan de que el maltrato es cíclico y que, después de una reconciliación, se corre el riesgo de volver a sufrirlo. Lo que empieza con unas simples objeciones sobre la ropa, los hábitos de vida o las amistades, puede evolucionar hacia un maltrato psicológico recurrente y, en el peor de los casos, físico. Los intentos de ruptura por parte de la mujer y los celos acostumbran a ser los detonantes. La policía también alerta de una normalización de ciertas conductas machistas en parejas jóvenes.
Miles de mujeres viven en silencio situaciones de violencia en el ámbito de la pareja. Aunque estos hechos delictivos se pueden perseguir de oficio, sólo cuando hay una voluntad firme de denunciar al agresor el caso se puede resolver de manera efectiva. El momento de la denuncia se tiene que trabajar y preparar con la víctima, si se puede psicológicamente, para que lo tenga todo a punto para poder marcharse de su domicilio. Denunciar si no se priva preparada, puede ser poco idóneo», advierte en una entrevista al ACN Raül Aguilar, jefe de la Unidad Regional de Proximidad y Atención al Ciudadano (URPAC) de los Mossos en el Camp de Tarragona. Los Mossos d'Esquadra se encuentran con un amplio espectro de casos, desde mujeres que llevan 40 años sufriendo maltratos, a víctimas que denuncian al cabo de poco tiempo de iniciar una relación. «La heterogeneidad es muy grande y, los motivos, también. Hay a quien agrede porque quiere, para descargar su ira, para que la mujer le haga caso o para controlarla, pero el trasfondo de conducta machista y el concepto ideológico que el hombre es superior a la mujer es lo que encontramos en prácticamente todos los casos», subraya el subinspector. En base a esta ideología común, el principal detonante de situaciones de riesgo acostumbra a coincidir con un intento de ruptura de la relación. «Cuando la mujer quiere marcharse o marcha es el momento más crítico, porque a menudo la pareja sospecha que puede estar con otro hombre, y eso añade todavía más estrés a la situación», apunta la cabeza de la URPAC del Campo de Tarragona. Además, los maltratadores presentan índices de reincidencia bastante elevados. Algunos estudios realizados a la década de los 90 profundizaron en el análisis de los perfiles de los maltratadores. Por una parte, se habla de un tipo normalizado para referirse a aquellos hombres que llevan una vida corriente y que, en la intimidad del domicilio, ejercen la violencia contra su pareja, a menudo de tipo más psicológico que físico. De la otra, existe un perfil antisocial para definir a aquellos hombres que presentan una gran versatilidad criminal, con antecedentes y problemas de adicciones y trastornos psicopatológicos, que ejercen una violencia física muy elevada tan dentro como fuera del núcleo familiar. En menor medida, se clasifican perfiles de inestabilidad emocional y de agresores con trastornos mentales graves. El maltrato es cíclico La policía catalana dispone de unidades específicas como el Grupo de Atención en la Víctima o las oficinas de atención al ciudadano que ofrecen atención y asesoramiento a las víctimas que acuden a comisaría para encontrar una salida a su situación. La alarma, sin embargo, puede saltar en otros ámbitos, como a los servicios sociales o al médico, y también a las escuelas, si los hijos describen situaciones violentas vividas en casa. La coordinación y el trabajo en red se convierten en fundamentales para poder emprender todos los trámites y que los agresores respondan ante la justicia. Una vez decididas a dar el paso, los Mossos instruyen las primeras diligencias y traspasan el caso a los juzgados especializados. Las mujeres, sin embargo, no están obligadas a declarar contra sus agresores y, si se acaban retirando del proceso, el juicio no sale adelante. «Muchas veces, debido al carácter cíclico de las situaciones, la pareja ya se ha reconciliado y nos encontramos con que no quieren declarar o que han cambiado la versión», lamenta Aguilar. Además, el hecho de que a menudo la violencia tiene lugar dentro de una esfera de privacidad, hace que si no se dispone de informes médicos o de testigos|testimonios claves, la acusación carezca de pruebas y el agresor pueda acabar absuelto. En este sentido, el jefe de la URPAC en el Campo de Tarragona expone que esta es una cuestión que está sometida a un profundo debate. Una de las cuestiones que se plantean es si las secuelas y afectaciones que sufren las víctimas las sitúa en una posición idónea para acogerse al derecho de no declarar contra su pareja y si este protocolo se tendría que revisar. El subinspector plantea también la conveniencia de facilitar la cesión de datos relevantes de los agresores en materia sanitaria. «Algunos estudios revelan que un tanto por ciento elevado de hombres han acudido al médico afectados por algún trastorno mental unos meses antes de matar a la mujer y esta es una información que no llega a la policía», lamenta. Miles de denuncias En Catalunya se registraron el año pasado 12.790 denuncias por violencia de género en el ámbito de la pareja y se detuvieron un total de 5.261 personas. En la demarcación de Tarragona, por término medio, se recibieron cerca de cinco al día -un total de 1.361 en el Camp de Tarragona y 390 en las Terres de l'Ebre- y se practicaron 901 detenciones. La tendencia se mantiene estable e, incluso, se ha reducido los últimos años, pero no se tiene que bajar la guardia. Los Mossos recuerdan que, cuando se detecta una víctima, se adoptan unas medidas de protección específicas que van desde llamadas telefónicas periódicas, a visitas al domicilio, patrullas regulares o vigilancias permanentes. Recientemente se ha modificado el sistema de valoración de riesgo de las víctimas, a las cuales se determina mediante el análisis de caso a partir de cuestionarios, y que se concreta en cinco estadios: del riesgo muy alto al riesgo no apreciado. También se hace especial énfasis en la protección de los menores, considerados víctimas directas de la violencia de género. La policía recomienda a las víctimas que, en primer lugar, se asesoren. Una de las opciones existentes es dirigirse a una comisaría y contactar con el Grupo de Atención a la Víctima. También se puede establecer contacto con los servicios sociales y, de forma más privada, utilizar el teléfono 900 900 120, que funciona durante las 24 horas del día, atiende en múltiples idiomas y es confidencial, ya que la llamada no aparece a la factura telefónica. La prevención empieza entre los jóvenes a Los Mossos d'Esquadra realizan un intenso trabajo preventivo, como ahora charlas en centros educativos para que la juventud pueda identificar este tipo de conductos. En las parejas jóvenes, la violencia que se ejerce sobre la mujer tiene un carácter más psicológico que físico. Predominan las conductas de control de la vestimenta, de las amistades, de las relaciones o de los contactos telefónicos. Los investigadores ven con preocupación que se tienda a normalizar conductos propias de la violencia machista. Según un estudio realizado el año 2008, una de cada cuatro chicas aseguraban que no consideraban una forma de maltrato que su pareja controlara todo aquello que hacían y, cuatro de cada diez, veían normal que su pareja tendiera a mostrar «unos celos injustificados». «Si tenemos en cuenta que el principal motivo que lleva a un hombre a agredir a la mujer de manera grave o a matarla es una ruptura, vinculada a los celos, nos encontramos en una situación complicada y peligrosa», avisa al jefe de la URPAC del Campo de Tarragona. En este sentido, el subinspector insiste en que, a menudo, se produce una evolución sutil en el agresor. «El primer día quizás no te dirá nada, más adelante te hará alguna objeción sobre la ropa que te pones; en el mes quizás te dirá que no haces nada bien y, al cabo de 20 años, quizás acabas siendo víctima de agresiones muy graves», expone. La expansión de las redes sociales ha abierto un nuevo escenario en las conductas y en las relaciones de pareja y, de hecho, el Código Penal ya tipifica específicamente conductos como la divulgación no autorizada de imágenes o grabaciones hechas en pareja. «El maltratador utiliza los medios que tiene en cada momento y las redes pueden ser una herramienta más. Lo que hace falta es educar y hacer ver que estas conductas no son normales, que nadie tiene por qué controlarte todo el rato, llamarte los amigos que tienes que tener o como tienes» que «vestir», concluye Raül Aguilar.
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